El pasado mes de septiembre ocurrieron dos sismos que afectaron severamente diferentes regiones del país. El primero sucedió el día 7 con una magnitud de 8.2 que impactó principalmente a los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco. El segundo aconteció el 19 de septiembre con una magnitud de 7.1 e impactó especialmente a la Ciudad de México y a los estados de Morelos, Puebla y Estado de México.

De acuerdo con las autoridades, en ambos temblores el número total de fallecidos fue de 467 personas. Por otra parte, algunos de los daños fueron los siguientes: 250 mil personas perdieron sus hogares, más de 153 mil viviendas se dañaron, 12.9 mil escuelas presentan algún tipo de daño, 1,500 inmuebles históricos se estropearon, entre otros. En este sentido, el gobierno federal estima que se requieren 40 mil millones (excluye la CDMX) para la reconstrucción de las entidades afectadas. Por ejemplo, se necesitan 3.6 mil millones para reparar la totalidad de las escuelas y 16.5 mil millones para reconstruir las edificaciones históricas o de valor cultural.

Los sismos del mes pasado, específicamente el del 19 de septiembre, no sólo generaron pérdidas humanas, destrucción de infraestructura pública y la pérdida del patrimonio de miles de personas. También, estos eventos naturales expusieron una realidad preocupante: la debilidad del sector público para auxiliar de forma oportuna y adecuada a la sociedad ante casos de desastre. No fueron las instituciones de gobierno quienes salieron al instante a apoyar a las personas, fue la sociedad civil la que al observar el pasmo de las autoridades decidieron por su propia cuenta organizarse para ayudar.

La organización de la sociedad fue impresionante. Un caso que llamó la atención fue la plataforma digital “Verificado 19S”. La plataforma se desarrolló inmediatamente después del sismo por un grupo de voluntarios ciudadanos y de asociaciones como Artículo 19, Bicitekas, Democracia Deliberada, Horizontal, Oxfam, Ayuda Óptima, CartoCrítica, Cítrico Gráfico, Centro Pro Derechos Humanos, Cencos, Codeando México, Cultura Colectiva, Data Cívica, Datank.ai, Devf, Fósforo, La Lonja MX, OPI, Revista Paradigmas, R3D, Serapaz, Social TIC, The Data Pub, Tú Constituyente, y Ahora. Además, tuvieron el soporte de Google, McKinsey y Vice.

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Esta herramienta proveyó información verificada en tiempo real sobre las necesidades urgentes (por ejemplo, voluntarios, alimentos, herramienta, etc.) en la Ciudad de México y en los estados afectados por los temblores. El éxito de la plataforma fue tal que incluso la NASA usó el mapa de Verificado 19S para su base de datos. La incapacidad o la falta de visión estratégica de las instituciones públicas se exhibió públicamente. Por ejemplo, a través de tweets los voluntarios de Verificando 19S solicitaron a la sociedad desde lámparas de mano hasta medicamentos. Un hecho que provocó malestar en la gente fue que la propia Presidencia de la República pidiera vía Twitter apoyo para los damnificados. Las personas recriminaron al gobierno su incapacidad de ni siquiera proveer el equipo y elementos básicos para esta emergencia.

La limitación o falta de visión que demostró el sector público mexicano frente al desastre de septiembre tiene una explicación. A partir de la implementación de las reformas estructurales de principios de los 80s, se relegó la participación del sector público en la economía hacia actividades meramente administrativas, reguladoras y facilitadoras. Además, se obligó a las instituciones a centrarse exclusivamente en la corrección de fallas de mercado las cuales incluso el gobierno incumple con su solución. Sin duda, este tipo de actividades (horizontales) son importantes.

Sin embargo, un sector público enfocado únicamente a estas acciones no sólo compromete la posibilidad de acceder a un crecimiento económico sostenido y sustentable, sino también coloca a su sociedad en una situación de vulnerabilidad ante los impactos de los fenómenos naturales. Países como Alemania e Israel son economías en las que sus instituciones públicas generan crecimiento y al mismo tiempo están preparadas para hacer frente a escenarios adversos. Esto lo han logrado porque sus agencias de gobierno poseen un flujo constante de financiamiento público a largo plazo, invierten en innovación, atraen talento y sobre todo porque se concibe al sector público como un elemento clave del Estado.

Los equipos de rescate extranjeros de estas dos naciones que llegaron a la Ciudad de México mostraron gran superioridad frente a sus contrapartes mexicanas. Por ejemplo, los rescatistas de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) trajeron consigo tecnología que permite detectar movimiento entre los escombros, proveen las coordenadas de las víctimas mortales, etc. Esta capacidad tecnológica para salvar vidas del Estado israelí no es obra de la suerte. Israel es un país con instituciones fuertes con muy pocas limitaciones presupuestales y que tienen una participación en la economía que va más allá de realizar actividades administrativas o de corregir fallas de mercado.

En estos días se discute la reconstrucción de las zonas afectadas por los sismos. Específicamente, se está dando un debate sobre los recursos presupuestales necesarios para reconstruir la infraestructura pública destruida, el apoyo a las personas damnificadas, etc. Esta discusión deber ser una oportunidad para redignificar el papel clave que juega el sector público en la economía tal como lo establece Karl Polanyi en su obra La Gran Transformación. De nada sirve canalizar recursos a las zonas devastadas o al país en general si nuestras instituciones (municipales-delegacionales, estatales y federales) operan bajo la perspectiva económica instrumentada desde hace más de 30 años.

Se requiere un Estado emprendedor como lo sugiere la economista italiana Mariana Mazzucato. Es decir, uno en donde el sector público sea capaz de participar directamente (con amplia disponibilidad de recursos económicos y financieros) en la economía en asociación con el sector privado y social. De esta manera, será posible tener instituciones confiables capaces de desarrollar mecanismos que salven vidas, generen crecimiento, provean información oportuna o movilicen adecuadamente los recursos a las regiones en emergencia. Ojalá que los lamentables sucesos que vivimos recientemente sirvan para replantear el enfoque que rige actualmente las funciones del sector público y de esta manera sea éste el primero en auxiliar a la sociedad en alguna contingencia no deseada.

 

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