Por Jeff Mower* y Daniel Rodríguez*

Al nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, si le importa, y parece que está dispuesto a canjear los beneficios de la emergente liberación energética del país por la certeza de que los combustibles de México se produzcan a nivel local.

En el Plan Nacional de Refinación, la administración de López Obrador propuso un importante programa de mantenimiento para las seis refinerías de la empresa estatal Pemex, además de la construcción de una nueva refinería, con el objetivo de liberar a México de la importación de combustibles.

“Estamos avanzando hacia la autosuficiencia en combustibles al mismo tiempo que agregamos valor a nuestros recursos crudos”, dijo López Obrador.

El presidente encuentra inaceptable que México actualmente importe el 75% del consumo diario de 1.17 millones de barriles de gasolina y diésel. Además, atribuye el mal estado de las refinerías de Pemex a los recortes presupuestarios.

Las refinerías de Pemex operan en la actualidad solamente al 30% de su capacidad, en comparación con el 80% de hace una década.

López Obrador quiere impulsar el funcionamiento de las refinerías a 1.5 millones de barriles por día, lo que llevaría la tasa de utilización a más del 90%. Y quiere que eso suceda para mediados de 2020.

Una meta como esa hay que contextualizarla para poder ser analizada. El nivel más alto de procesamiento de crudo registrado fue de 1.3 millones de barriles por día en 2013, según la Secretaria de Energía de México (SENER).

Es probable que luego de una importante ronda de mantenimiento, Pemex pueda incrementar los niveles de procesamiento de crudo. Pero una pregunta totalmente distinta es si el refinamiento de petróleo crudo bajo la actual configuración de refinación de Pemex puede llegar a ser rentable.

Para que eso suceda, Pemex tendría que realizar una importante modernización de sus seis refinerías, con el fin de potenciar el funcionamiento y reducir la producción de combustible residual de menor valor. El costo estimado según la administración anterior: 18 mil millones de dólares.

Asimismo, López Obrador afirmó que ya existen planes para construir en los próximos tres años una refinería de 8 mil millones de dólares, y con capacidad de 340,000 barriles por día, en Dos Bocas, Tabasco. La refinería propuesta podría procesar crudo mexicano pesado con una alta producción de gasolina y diésel.

La principal preocupación de López Obrador no es, ni debería ser, la seguridad del suministro. La mayoría de las importaciones de combustible de México vienen de refinerías de los Estados Unidos, las cuales tienen un incentivo económico para que la producción no deje de fluir.

“Es absurdo que vendamos petróleo crudo y compremos gasolina. Esto es como si vendiéramos naranjas y compráramos jugo de naranja”, afirmó Obrador.

La analogía es un tanto exagerada. Estoy seguro de que podría hacer mi propio jugo de naranja sin hacer mucho desastre, pero dudo que pueda refinar mi propia gasolina sin hacer explotar mi apartamento.

El problema con el plan de López Obrador es que ignora las complejidades y los costos de las refinerías modernas y ofrece pocos detalles sobre como Pemex puede lograr estas metas con sus restricciones de liquidez, por lo menos en su estado actual.

Las refinerías de Pemex están perdiendo dinero debido a grandes retos de estructura, especialmente debido a su inflada plantilla laboral, indican documentos de SENER.

Pemex registró una pérdida operativa de 8.6 mil millones de dólares en el 2013, época en que logró una taza general de utilización de refinerías del 76%.

Pemex registró ganancias operativas de 1.9 mil millones de dólares en el 2017, al operar refinerías en una tasa más baja que reduce el rendimiento del fuelóleo. Pero, después de sumar la depreciación, la deuda, los impuestos, salarios y otros gastos, las refinerías de Pemex registraron una pérdida de 1.37 mil millones de dólares en el 2017.

Pemex pagó más de 2 mil millones de dólares en remuneraciones en el 2017 a los empleados de sus operaciones de refinación y los analistas afirman que la empresa tiene que reducir su plantilla laboral para dejar de operar en rojo.

Pemex emplea cuatro veces más colaboradores que Shell en su refinería de Deer Park, Texas, para procesar el mismo volumen de petróleo crudo, según documentos de SENER.

No está claro como Pemex pagará los 26 mil millones de dólares requeridos para actualizar sus seis refinerías y construir una nueva.

La empresa solo tuvo un presupuesto para gastos de capital de refinación de 700 millones de dólares en el 2018, una reducción en comparación a los 1.5 mil millones de dólares asignados en el 2016, según lo presentado por la compañía en la Comisión de Valores y Bolsa de EU (U. S. Securities and Exchange Commission)

López Obrador afirmó que incrementaría el presupuesto de Pemex en 3.5 mil millones de dólares para subir la producción de crudo y mejorar las operaciones de refinamiento.

Sin embargo, vale la pena preguntar cuanto estarían dispuestos a pagar los contribuyentes mexicanos para revitalizar las refinerías de Pemex, tomando en cuenta que ya tienen acceso a un suministro seguro de gasolina importada.

Las empresas privadas han mejorado la infraestructura de México para asegurar un flujo más confiable de combustible.

Considerando otros retos sociales más urgentes a los que se enfrenta México, es difícil plantear un argumento lógico para el plan de López Obrador.

Pero el nacionalismo de recursos está ganando a la lógica, y no solamente en México. Y puede que sea necesario pasar por algunos fracasos dolorosos antes que la tendencia se vuelva a invertir.

*Director, Americas Oil News, S&P Global Platts. **Editor, Mexico Energy News, S&P Global Platts.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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