A la Secretaría de Hacienda le convino más recaudar dólares por la exportación de petróleo crudo que construir más refinerías e infraestructura para procesar el llamado oro negro.

 

 

Caro le han costado al país los 30 años que dejó en el olvido a la industria de refinación. Por años, en Petróleos Mexicanos (Pemex) se dejaron de lado las inversiones en infraestructura para la producción de derivados petrolíferos, mientras que la demanda de combustibles creció, así que el sector quedó rezagado y México terminó importando hasta el 49% de su consumo total de gasolinas, con pérdidas por 12 mil millones de dólares entre 2003 y 2013, de acuerdo con la Secretaría de Energía.

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En la última década, el número de vehículos particulares en México se incrementó más de 100%, al pasar de 9.786 millones automóviles a poco más de 21 millones, lo que significó una tasa media anual de crecimiento de 7.9%, según cita el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).

Y mientras la demanda interna de combustible crecía a tasas más elevadas que la propia economía, en ese mismo periodo la subsidiaria Refinación de Pemex enfrentaba limitantes vinculadas a deficiencias operativas, normativas, de regulación y de recursos financieros para crear y mejorar su infraestructura, ya que las inversiones se dirigían fundamentalmente a los sectores más rentables de exploración y producción de petróleo y gas.

Así que, mientras se aplazaba la modernización de las plantas y la construcción de nuevas instalaciones para producir más y mejores combustibles, se agrandó la brecha entre la producción y las necesidades de consumo.

El Sistema Nacional de Refinación (SNR) tiene infraestructura en todo el territorio mexicano, que abarca desde refinerías hasta las terminales de venta. Cuenta con seis refinerías, que producen principalmente gasolina, diesel, combustóleo pesado, lubricantes, coque y asfalto, con una capacidad total de destilación de 1.5 millones de barriles por día.

Además integran la infraestructura del SNR 8,992 kilómetros de poliductos, 5,198 kilómetros de oleoductos, 77 terminales terrestres de almacenamiento, 15 terminales marítimas, embarcaciones, 5,293 unidades de transporte terrestre y 10,564 estaciones de servicio para el abasto final de gasolinas y diesel.

El Programa Nacional de Infraestructura en el sector de energía contempla entre sus proyectos concluir la modernización de tres refinerías (las otras tres ya fueron reconfiguradas) para generar productos de mayor valor como gasolina y diesel de ultrabajo azufre, con una inversión estimada –según datos Pemex– de aproximadamente 640,000 millones de pesos, 395% más de lo que se invierte actualmente.

Con ello se fortalecerá la capacidad de procesamiento de crudo, se incrementará la eficiencia de las refinerías nacionales y se mejorará la calidad de combustibles producidos, lo que significa que contaminarán menos.

En las leyes secundarias de la reforma energética, el gobierno federal propuso para el sector de refinación la apertura gradual del mercado de gasolinas y diesel, a fin de terminar con el monopolio de Pemex. Según planteó el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, a partir del 31 de diciembre de 2019 se abriría el mercado de las gasolinas a la libre importación y comercialización, y entonces en 2020 los usuarios tendrían acceso a diferentes calidades, precios y marcas del combustible.

Así que las autoridades planean que en 2015 terminen los incrementos al precio de las gasolinas y que el ajuste será proporcional a la inflación anual, en lo que califican aumentos más moderados de estos combustibles, y hacia 2017 la Secretaría de Hacienda fijará precios máximos a estos hidrocarburos. Es decir, se pasaría de un sistema de precio único de gasolina, a un precio máximo. De ahí suponen que “podría haber” competencia de precios a la baja entre gasolineras.

Y siempre y cuando los legisladores no cambien la propuesta, la ley secundaria en materia de hidrocarburos plantea abrir en 2017 la competencia de marcas en las gasolineras, diferenciándose unas de otras por calidad de servicio y mejores precios que brinden.

La desaparición del monopolio de Pemex va a ayudar a la reactivación de la industria de refinación en el país –área con mayores pérdidas y mayor déficit de producción–, ya que las seis refinerías instaladas en México históricamente han sido inestables y aprovechan apenas el 75% de su capacidad. Consideran que el país requiere al menos dos refinerías más, pero el PNI contempla la modernización de las que ya existen, y no la construcción de alguna nueva.

Sin embargo, a partir de la libre importación de combustibles es factible esperar que las compras al extranjero aumenten y posiblemente, conforme pase el tiempo, se pueda despertar el interés de empresas por construir refinerías, poliductos y plantas de almacenamiento.

Así que según la certidumbre jurídica que las leyes secundarias generen es posible pensar en un sector empresarial ágil y rápido, que aproveche los nichos de mercado que Pemex no atacó porque a la Secretaría de Hacienda le convino más recaudar dólares por la exportación de petróleo crudo que construir más refinerías e infraestructura para procesar el llamado oro negro.

 

 

 

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