Parece que fue ayer cuando diciembre 2015 nos sorprendió con un dólar a $16.50 (que de por sí ya nos pesaba). Hoy ese mismo dólar supera los $20.00, producto de la apreciación del dólar, sumado a la incertidumbre que rodea a nuestro país y que trajo consigo la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Lamentablemente, gran parte de los productos que encontramos en almacenes y supermercados están fuertemente relacionados con el precio del dólar, ya sea porque son productos de importación, o porque alguno de sus componentes o fabricación es proveniente de EU y, aunque tu almacén favorito tenga estos productos en su inventario desde hace algunos meses, es probable que deba pagarlos a su proveedor con un tipo de cambio actualizado al día de hoy, lo cual se transmite en un incremento en el precio para ti como consumidor.

Por otra parte, la tasa de interés del Banco de México, que cerró el 2015 en 3.75 %, hoy se sitúa en 5.75 %, después del quinto aumento del año realizado el pasado miércoles como resultado del anuncio de la FED del incremento en su tasa de referencia en un rango comprendido entre 0.5 % y 0.75 %. Estos aumentos en la tasa de interés persiguen dos objetivos:

Primero, controlar la inflación incentivando el ahorro. Al hacer atractivos los rendimientos que ofrece el banco, te dan más motivos para que pienses en ahorrar. Por el otro lado, este mecanismo funciona para controlar los precios de los productos, ya que, con menos dinero en circulación, la demanda de los mismos decrece y esto empuja los precios a la baja: ganas más si ahorras tu dinero que si lo gastas en productos cuyo valor será menor al de tus rendimientos. Y segundo, como es nuestro caso, mantener al país atractivo para la inversión extranjera. La incertidumbre que rodea a México lo hace poco atractivo para la inversión, pero mientras mayor tasa tenga un país, mayores rendimientos tienen quienes invierten en él, mitigando el aparente riesgo que representaría invertir en México.

Pero calma, no todo son malas noticias, ¿o sí? El precio del petróleo, después de alcanzar precios inferiores a los $30 dólares por barril, por fin se recuperó gracias al acuerdo logrado entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los principales productores de crudo; en el que limitaron su producción debido a la caída en la demanda mundial. Con esto, el precio ha alcanzado los $55.72 dólares por barril. Esto es una excelente noticia a nivel país porque un aumento en su precio es un aumento en los ingresos de México y en el PIB, sin embargo, para el consumidor también representa un aumento en el costo de productos relacionados con la industria petrolera, como son los del sector automotriz, agrícola, textil, de construcción, entre muchos otros.

No sabemos lo que va a pasar, pero en el panorama se dibuja un dólar todavía caro que, de la mano con alza en los precios del petróleo y sus derivados, genera un aumento en el costo de los productos que consumimos día a día, sumado a créditos más caros (por el aumento en las tasas de interés) y una menor capacidad de pago por los aumentos en el costo de vida. Todos estos factores acumulados dan como resultado un aumento en la inflación, lo cual significa que podrás comprar menos productos con el mismo dinero o, en otras palabras, tu dinero valdrá menos.

Pero no todo es desalentador, porque, aunque la mayoría de estos factores están fuera de tu control, sí tienes en tus manos el cómo enfrentar tantos cambios.

Para empezar, considera moderar tu consumo. El tipo de cambio no tiene espíritu navideño y no favorece las compras desmedidas, recuerda que Santa Claus compra en dólares y estos no parece que vayan a bajar a los niveles que nos gustaría.

Ahorra para lo que viene y usa el aumento en las tasas de interés a tu favor, invirtiendo en instrumentos financieros que te generen buenos rendimientos como resultado de estos ajustes en la economía.

No te enfrentes a nuevas obligaciones innecesarias. Nadie sabe lo que va a pasar el próximo año con nuestra economía, así que busca no embarcarte en créditos que posteriormente sean muy difíciles de enfrentar. En caso de que sea absolutamente necesario, busca créditos cuya tasa sea fija para que no se vean afectados con los cambios en las tasas de interés.  Si ya tienes créditos con tasa variable, busca liquidar lo antes posible ante el riesgo de que las condiciones de tu crédito cambien en tu contra, y pon mucha atención a los factores que puedan encarecer tus obligaciones. Si se te dificulta liquidar con tu situación financiera actual, busca las opciones que las instituciones ofrecen o acércate a un experto que te asesore en materia de manejo de deuda.

Por último, planea activamente tus decisiones de consumo para el futuro. En estas épocas es fácil sucumbir ante la tentación de las ofertas de temporada, los regalos a la familia directa e indirecta, amigos, compañeros de oficina y hasta a los vecinos. No gastes de más, en cambio, piensa en que los créditos son dinero que traes del futuro hacia el presente y no son gratis. Del otro lado tenemos el ahorro, que es el premio que, en temporadas adversas como las que se anticipan, te puede dar la ayuda que necesites.

 

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