Los inversores están centrados en el potencial de crecimiento a largo plazo de México tras la aprobación de importantes reformas. Y, en mi opinión, hacen bien.

 

 

En las últimas semanas, México ha ocupado las primeras planas internacionales por malas razones. La violencia y la corrupción han vuelto a acaparar la atención. En tanto, los precios más bajos del petróleo han eclipsado la reforma del sector energético y generado preocupación por los ingresos públicos que dependen en gran medida de las exportaciones de petróleo. A pesar de estos sucesos, nos siguen gustando los activos mexicanos y creemos que las brillantes perspectivas de la economía y la dinámica de las reformas se mantienen intactas.

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La violencia y el deficiente Estado de derecho han sido un aspecto poco afortunado de la realidad de México en los últimos años. No obstante, los inversores extranjeros han aceptado que esto forma parte de los costos de hacer negocios en el país, lo cual se traduce, literalmente, en la contratación de seguridad privada y de abogados para hacer frente a amenazas y burocracia.

Mientras tanto, el interés de inversores extranjeros en los activos locales sigue siendo elevado, a pesar de la inestabilidad social del último tiempo, desatada por la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero, así como las acusaciones de corrupción contra el presidente Peña Nieto.

El múltiplo precio-ganancia por acción previsto a 12 meses del MSCI México se sitúa actualmente casi dos desviaciones estándar por encima del promedio a cinco años, en tanto que la tenencia del 56% de los bonos de deuda pública en circulación por inversores extranjeros se encuentra cerca de máximos históricos.

Estos indicios sugieren que los inversores están centrados en el potencial de crecimiento a largo plazo de México tras la aprobación de importantes reformas, en lugar de atender a los riesgos a corto plazo ligados a los hechos recientes. En nuestra opinión, hacen bien. Los sucesos difícilmente van a impedir la ejecución de las reformas estructurales que se han aprobado, o que tengan un impacto considerable en el crecimiento económico. Si bien la inestabilidad social podría ejercer presión sobre la confianza del consumidor, esperamos que la situación vaya aplacándose en las próximas semanas. Y si bien los índices de aprobación del presidente Peña Nieto posiblemente caigan, su agenda legislativa destinada a reformas estructurales ha sido aprobada. El éxito de las reformas ahora depende de la eficacia en la implementación, lo que está en manos de los organismos gubernamentales pertinentes.

El secuestro masivo en Guerrero es, sin duda alguna, una tragedia. No obstante, también somos conscientes de que las estadísticas nacionales de criminalidad están mejorando, y el gobierno espera incrementar el control del delito y las medidas para combatir la corrupción antes de las elecciones legislativas el próximo verano (tercer trimestre del próximo año). Las licitaciones de proyectos de infraestructura y de energía podrían verse algo demoradas, pero esto permitiría mayor transparencia. Así, pues, no creemos que hayan cambiado muchas cosas en términos de las perspectivas de inversión en el nuevo sector energético liberalizado.

A los ojos de los inversores, México es un exportador de petróleo; sin embargo, el petróleo y el gas representan tan sólo un 10% de las exportaciones totales, y las exportaciones netas de petróleo se sitúan en USD 5.900 millones, o tan sólo el 0.46% del PIB. La ausencia de infraestructura adecuada para refinación de gasolinas y extracción de gas ha aumentado considerablemente las importaciones de combustible de México en las últimas décadas, y el país ha perdido la mayoría de los beneficios de que gozaba como exportador de petróleo.

Por este motivo, los precios más bajos del petróleo no presentan una amenaza importante para las perspectivas económicas de México, y sólo ejercerán presión limitada sobre las finanzas públicas en 2014-15, debido a que el precio del petróleo tiene cobertura y existe un impuesto compensatorio que grava la gasolina. Asimismo creemos que la caída de precios de las materias primas energéticas ha sido exagerada, y prevemos que los precios del petróleo tiendan a ser más altos en los próximos meses.

Seguimos creyendo que los sólidos fundamentales de México diferencian al país del resto de los mercados emergentes y deberían dar lugar a una rentabilidad relativa superior de los activos mexicanos. La economía sigue estando sumamente expuesta a Estados Unidos –nuestro mercado desarrollado predilecto– y su dinámica de crecimiento sigue acelerándose, aunque a un ritmo más lento. Las exportaciones del sector de manufactura se están expandiendo a una tasa sólida, en tanto las actividades de construcción y la inversión se recuperan lentamente. No obstante, una leve aceleración de la demanda interna –que ya comenzamos a vislumbrar– será fundamental para lograr nuestra previsión de crecimiento del PIB del 3.3% en 2015.

 

 

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