¿Lo normal es tener éxito? La realidad es que lo común es el fracaso. Cuando una empresa nace tiene más probabilidades de fracasar que de tener éxito, pero eso nunca nos lo dicen.

 

Hay mitos acerca del éxito y el fracaso que limitan nuestra vida personal y profesional.

¿Recuerdas el cuadro de honor de la primaria? ¿Tú estabas ahí? Si respondiste que sí, eras del 7.5% de los niños con más altas calificaciones y tu foto era exhibida en un muro especial junto a otros niños de calificaciones casi perfectas.

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Sin darnos cuenta, desde muy temprana edad el sistema educativo nos introduce en una cultura centrada en el éxito, por lo que ocultar el fracaso es casi una norma social.

Hace unos días, los cofundadores de FuckUp Nights tuvimos una conversación interesantísima acerca de cuáles son los efectos que generan las sesiones de fracasos. Coincidimos en tres puntos, si hablamos abiertamente del fracaso en lugar de ocultarlo:

  1. La inteligencia colectiva se estimula al aprender de los fracasos de otros.
  2. Incrementa la resiliencia, es decir, la capacidad de recuperarse ante un imprevisto.
  3. Cada vez habrá más personas libres de aceptar sus errores e imperfecciones y ser ellos mismos.

A la “cultura del cuadro de honor”, que empieza en la primaria, le sigue un sistema hipercompetitivo, pues la demanda (quienes aspiran a estudiar) supera por mucho la oferta (los espacios en las escuelas). Por ejemplo, en el examen de admisión de 2015 para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 128,519 jóvenes presentaron el examen, fueron seleccionados 11,490 (8.9%) y rechazados 117,029 aspirantes.

La cultura centrada en el éxito se refleja también en los medios de comunicación y en industrias como las del fitness o coaching en liderazgo.

De forma casi imperceptible, esta cultura crea mitos acerca del fracaso. Estos son cinco de ellos:

Mito. Contar tu fracaso te hace más débil.
Pensamos que si la gente sabe que fracasamos creerán que somos unos debiluchos o unos tontos, o que nuestra reputación quedará irremediablemente arruinada. En realidad, contar tu fracaso te hace más fuerte.
Hace tiempo invité a un amigo a un foro y él se negó a acompañarme porque su negocio había cerrado recientemente y temía que los periodistas en el evento le preguntaran al respecto. Mi consejo fue: mañana mismo invítale un café a todos los periodistas que cubren la fuente de negocios y cuéntales qué pasó y qué aprendiste. Eres víctima de lo que ocultas.

Mito. Lo normal es tener éxito. El fracaso no es común y hay que evitarlo.
La realidad es que lo común es el fracaso. Cuando una empresa nace tiene más probabilidades de fracasar que de tener éxito, pero eso nunca nos lo dicen.
En las escuelas de negocios, en los medios de comunicación y en los eventos para startups se habla principalmente del éxito. Como consecuencia, quienes recién entran al mundo de los negocios tienen la percepción de que el éxito es la norma.

Mito: Fracaso = aprendizaje.
Solemos pensar que cada fracaso trae consigo un aprendizaje. Como si fracaso y aprendizaje fueran lo mismo. La realidad es que para que un fracaso deje un aprendizaje es necesario hacer un ejercicio de introspección y buscar seriamente responder preguntas como ¿cuál fue la causa de fondo?, ¿quiénes son responsables?, ¿qué podemos hacer para evitar que se repita en el futuro?

Mito. Es posible perder el miedo al fracaso.
He platicado con cientos de personas que tuvieron un negocio que fracasó, y cuando les pregunto si aún tienen miedo al fracaso, el 100% responde que sí. El miedo al fracaso siempre está ahí; simplemente hay que aceptarlo y aprender a vivir con él.
Es muy común entre los fundadores de negocios no ceder el control a causa del apego y el miedo al error. Ese apego limita el desarrollo del equipo y eventualmente llevar al proyecto al fracaso. Es importante ceder el control y el liderazgo, y recordar que tú no eres tu proyecto.

Mito. Está mal abandonar un proyecto o “fracasar intencionalmente”.
Abandonar un proyecto puede ser una excelente estrategia. En el libro The Dip, Seth Godin reflexiona acerca de cuándo abandonar y cuándo persistir. A mí me gusta explicarlo como el arte de fracasar intencionalmente.
Godin explica que para saber si debes abandonar o persistir es importante identificar si estás en lo que él llama “the dip”, es decir, esa fase en la que no ves progreso alguno; de hecho, puede que parezca que empeora. Ésa es la fase en la que dudas de ti mismo y te preguntas si lo que haces vale la pena. En esa etapa, 99% de la gente abandona su proyecto.
“El éxito está al final del dip. Sólo aquellos que consiguen atravesarlo llegan a ser los mejores del mundo”, dice Godin en su libro. Aclara, sin embargo, que a veces “the dip” puede confundirse con un “callejón sin salida”, es decir, ese proyecto que, da igual cuanto tiempo, esfuerzo o dinero inviertas, no llegará a ninguna parte.

Cuando estés en un “callejón sin salida” tienes que notarlo y salir de él cuanto antes. El costo de oportunidad de invertir tu vida en algo que no va a mejorar es demasiado grande.

 

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