Por Andrés Bayona*

La transformación digital no debe entenderse como una simple acción que hace parte de una estrategia. Su implementación permite cerrar brechas y sobrevivir en un universo en donde el consumidor tiene el control y la habilidad de establecer el tipo de contenido que quiere disfrutar en sus pantallas. Incluso para quienes, tímidamente, han empezado a sumergirse en el mundo digital, han entendido que las posibilidades de satisfacer las expectativas del usuario, así como potencializar el cumplimiento de sus objetivos y posicionarse de cara a competidores son infinitas si se incorpora una estrategia digital asertiva.

Esta transformación debe ser integral. Transforma modelos de negocio, flujos de trabajo, actividades corporativas e implementa nuevos procesos organizacionales. Así mismo, es un proceso holístico, el cual no sólo involucra el uso de tecnología, sino también al direccionamiento estratégico que, al final del día, se traduce en eficiencia, productividad, una mejor experiencia para el usuario, desempeño en el largo plazo, reducción de gastos y nuevos ingresos.

Las compañías de medios están concentradas en sus audiencias. Por lo tanto, deben entender sus necesidades, comportamientos y expectativas con relación al contenido que comparten. Adicionalmente, los medios han entendido la urgencia de apostarle a la transformación digital. A diferencia de la revolución industrial, la revolución digital sigue acelerándose exponencialmente y quienes no toman riesgos, reducen la posibilidad de entender a sus audiencias y se limitan a ser agentes reactivos cuyo principal objetivo es apagar incendios.

Algunas de las características clave en la industria para ser eficientes son la agilidad para ejecutar soluciones en un ecosistema de alto rendimiento con un enfoque integral a la transformación, así como una toma de decisiones informada y basada en reportes analíticos e investigación del sector, en la experiencia y en un amplio conocimiento del mercado.

El direccionamiento digital debe ser gradual. Es un proceso que es el resultado de iniciativas estratégicamente alineadas entre la propuesta de valor del negocio y las expectativas del usuario. Quienes emprenden este viaje, en muchas ocasiones, superan a sus competidores, construyen confianza y credibilidad, y logran adaptarse a los nuevos retos de la industria, los cuales les permiten identificar oportunidades clave y administrar riesgos.

La transformación se logra cuando las operaciones y funciones de la organización están en armonía con los objetivos estratégicos. Esto requiere liderazgo, el cual se traduce en una visión alineada que sea el resultado de reconocer las necesidades del negocio, el flujo de información y la capacidad de no temerle al riesgo. Esta perspectiva se logra al desafiar al statu quo, empoderando a los empleados y demás grupos de interés, permitiendo el desarrollo de una visión clara, construyendo estrategias y planes de trabajo que alcancen los cambios necesarios dentro de la cadena de valor.

Además, este es un proceso que requiere tiempo. La transformación digital requiere persistencia, disrupción organizacional, compromiso de liderazgo y de experimentar nuevas acciones con el propósito de alinear y posicionar el cambio en el largo plazo.

*Comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana.

 

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