Urge más que nunca exigir la repatriación de los lingotes a los que tenemos derecho. Sólo así se materializará la protección que brinda el oro.

 

En octubre de 2012 –tras un litigio que duró varios meses, Banco de México (Banxico) se vio obligado, de conformidad con la Ley de Transparencia, a entregar a este periodista la información relativa a la localización física de sus reservas de oro. Gracias a ésta supimos que al cierre de abril de ese año contaba con 4,034,802 onzas troy del metal precioso (125.5 toneladas), de las cuales sólo 194,539 se encontraban en territorio nacional, o sea el 4.8%, y el resto en el extranjero (95.2%).

Existen dos tipos de cuentas de custodia de lingotes. Una es la “allocated account” o cuenta asignada, en la cual se tiene derecho sobre barras específicas identificadas con número de serie y separadas del resto. Sólo el legítimo propietario puede disponer de éstas. La otra es la “unallocated account” o cuenta no asignada, en la cual un grupo de inversores tiene derecho a disponer de determinada cantidad de oro de un inventario común, pero NO es dueño de barras específicas. En caso de requerir el metal se le entrega cualquier lingote disponible… mientras los haya. En realidad, ese mismo “stock” de oro se encuentra vendido múltiples veces bajo el fraudulento esquema de reserva fraccionaria. Si varios de los acreedores reclamaran su metal al mismo tiempo, como suele ocurrir en las crisis, no se les podría pagar a todos. Así de sencillo.

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Pues bien, en la actualización de hoy le informo que con base en nuevas solicitudes de información, respondidas con el oficio REF.:I22.33.2014, podemos saber que las cosas este año marchan de mal en peor para las reservas áureas del país. Quizá lo más grave del caso es que pudimos confirmar que el Instituto Central, a pesar de lo estratégico de la reserva de oro para la seguridad financiera del país, continúa poseyendo sólo una cuenta no asignada. Por eso no fue capaz, otra vez, de responder a la simple pregunta: “¿Cuántos lingotes componen la reserva de oro?”, y se limitó a decir en su comunicado que “Debido a la variabilidad del oro contenido en los lingotes, no se puede especificar el número exacto de lingotes que componían la Reserva al 31 de mayo de 2014.”

Asimismo, el porcentaje de onzas de oro en el extranjero ha aumentado a causa de que Banxico, de manera inconcebible, ha mantenido una política de venta del muy poco oro que tiene aún en su propia bóveda, de forma lenta pero consistente. Las ventas desde abril de 2012 a la fecha suman casi 95 mil onzas troy, es decir, cerca de tres toneladas o el 50% de las que tenía hasta entonces físicamente en el país.

Del mismo modo, Banxico nos confirmó que ha mantenido intacta su posición de oro bajo resguardo en manos ajenas: “Le informamos que al cierre de abril de 2014, el Banco de México mantenía una posición total de oro físico de 3.94 millones de onzas de oro fino (122.55 tons.), de las cuales el 97.46822% se ubicaban en Londres, Inglaterra; el 2.53139% en territorio mexicano, y el 0.00039% en Nueva York, Estados Unidos.” Entonces, si según el propio banco central tenemos una cuenta no asignada con el Banco de Inglaterra (BoE, en inglés) como custodio, ¿cuántos “dueños” podrían tener los millones de onzas de oro que le pertenecen a México? Imposible de determinar.

Por desgracia, en los hechos Banxico sólo posee “oro imaginario” en el extranjero por el que, eso sí, paga puntual sus cuotas de “custodia”. Según el propio Instituto Central, “en el año 2012 el Banco de México pagó un total de 117,675.17 Libras Esterlinas Británicas por la custodia de las Reservas de oro que mantiene físicamente en el extranjero, correspondientes al periodo del 1 de diciembre de 2011 al 2 de diciembre de 2012, mientras que en 2013 el importe pagado por dicha custodia fue de 122,311.89 Libras Esterlinas Británicas, correspondientes al periodo del 3 de diciembre de 2012 al 2 de diciembre de 2013, cifras que fueron pagadas al Banco Internacional de Pagos”.

Como ve, Banxico está a gusto vendiendo el único oro material que no nos cuesta mantener bajo resguardo en el país –por encontrarse en una bóveda propia, mientras deja intacto el que nos cuesta a los mexicanos alrededor de 2.6 millones de pesos al año por custodia. Aunque puede parecer muy baja la cuota por el servicio de guarda de 3.84 millones de onzas troy, debemos recordar que se trata de un oro que nadie ha visto, del mismo que Banxico se negó a auditar a pesar de la recomendación de la Auditoría Superior de la Federación en 2013, y del que ni siquiera sabe cuántos lingotes le pertenecen: oro imaginario. Negocio redondo para aquellos que lo venden decenas o cientos de veces y además reciben pago por “guardarlo” también cientos de veces.

Dicho de otro modo, nuestro banco central sigue teniendo nuestro “escudo financiero de oro” en poder de extranjeros, y no parece que lo quiera cambiar. No cabe duda que estas acciones y la de seguir recortando las tasas de interés, son enormes errores que Agustín Carstens, gobernador del Banxico, sigue sin corregir en perjuicio de todos. Los riesgos se agravan.

En un mar financiero tan turbulento como el actual, cada día que pase sin tener el oro aquí, es uno en el que estamos expuestos innecesariamente a un impago. Urge más que nunca exigir la repatriación de los lingotes a los que tenemos derecho. Sólo así se materializará la protección que brinda el oro, que es para lo que se compró. El balón está en su cancha, doctor Carstens.

 

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