El capitalismo recupera terreno en América Latina

Foto: Reuters

A pesar del giro a la izquierda de muchos países de la región, otros tantos incluidos en la Alianza del Pacífico (entre ellos México) reflejan un interés cada vez mayor de integración económica con Asia y Estados Unidos.

 

Por Tim Ferguson

 

Hay otro bloque de “libre comercio” con representantes nacionales posando para fotos tontas. Pero ésta, la Alianza del Pacífico, tiene un significado especial, no tanto por su alcance interoceánico, —aunque está diseñado para vincular a los mercados de Asia con los de América—, sino por lo que dice sobre la clara y cada vez más marcada división de América Latina.

Los países centrales en esta nueva unión, diseñada para eliminar hoy los aranceles de 90% del comercio, y el resto progresivamente durante los próximos años, y para invitar a trabajadores sin visa ​​como parte de la negociación, son México, Colombia, Perú y Chile. Parece que Costa Rica acaba de ganar aceptación también. Aunque todos los países tienen salida hacia el Pacífico, por lo tanto son candidatos por definición, al menos, dos estados gobernados por izquierdistas —Ecuador y Nicaragua— encajan en el perfil geográfico pero hasta el momento no se han asociado. (Ecuador bajo Rafael Correa ha mantenido un muy buen nivel de inversión extranjera, tratando de mantener un balance positivo en cuanto a sus exportaciones hacia Estados Unidos. He enviado ya un mensaje a sus representantes para conocer su postura sobre la Alianza del Pacífico.)

América Latina está dividida por la ideología. Hay una fuerte antipatía hacia la globalización del mercado liderada por Cuba y Venezuela. El gobierno sandinista en Nicaragua y la Bolivia de Evo Morales se encuentran en el mismo campo. Argentina se encuentra cada vez más bajo el paraguas socialista, y muchas otras economías sudamericanas se enganchan a otro sindicato, llamado Mercosur. El centro de ese universo es Brasil, cuyo crecimiento ha caído bajo la presidencia de Dilma Rousseff, así que es poco probable que el Mercosur produzca muchos frutos pronto.

Por el contrario, la Alianza del Pacífico parece ser una puerta de entrada  una mayor asociación Trans-Pacífico, ahora en las negociaciones, lo que ha dibujado en las dinámicas economías asiáticas (entre las que se considera de nuevo a Japón) y Estados Unidos. Así las cosas, no hace mucho se hablaba de que el “neo-liberalismo” estaba en decadencia en gran parte del hemisferio occidental, y hoy, un puñado cada vez mayor de jugadores —bajo administraciones significativamente moderadas–vuelve a la acción. Ya sea que se trate de un triunfo de la diplomacia de Washington o no, el resultado debe ser alentador para la multitud capitalista.