Dada las perspectivas de una mayor revaluación del peso a lo largo del año, la paridad podría acercarse a niveles que empiecen a deteriorar la competitividad real de la economía.

 

 

El peso se ha revaluado alrededor de 8% en los primeros cinco meses del nuevo gobierno. La continua fortaleza del peso mexicano no parece preocupar a las autoridades mexicanas, quienes incluso han declarado que con la paridad de 12 unidades el peso aún se mantiene subvaluado con respecto al nivel alcanzado antes de la crisis global de finales del 2008.

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Dada las perspectivas de una mayor revaluación a lo largo del año, la paridad podría acercarse a niveles que empiecen a deteriorar la competitividad real de la economía. Mientras no se llegue ese momento, las autoridades podrían mantenerse indiferentes, ya que la revaluación podría generar beneficios en el corto plazo. A la larga, los beneficios para unos podrían representar costos para otros.

Si se considera que el peso alcanzó una paridad de equilibrio momentos antes de la crisis de finales del 2008, en particular el nivel mínimo de 10 pesos por dólar en julio de ese año, la paridad por diferenciales de inflación debería estar en alrededor de 11.70 en la actualidad. Esto, por un lado, puede explicar la indiferencia oficial con respecto a la revaluación cambiaria. Por otro lado, el peso sólo acumularía una pérdida de competitividad real cuando la paridad nominal se acerque a 11.50 unidades. Ese podría ser el momento de referencia para una posible intervención oficial en el mercado cambiario.

Así, a pesar de los inconvenientes de más largo plazo, la revaluación cambiaria no es del todo mal vista por las autoridades. En primer lugar, porque potencialmente puede ayudar a la inflación ante el abaratamiento de los productos importados. En segundo lugar, porque el exceso de liquidez generado por la entrada de capitales ha presionado a la baja a las tasas de interés, sobre todo en los bonos del gobierno. Esto tiene dos efectos positivos: uno para el banco central porque le reduce el costo de mantener reservas internacionales dado por el diferencial de tasas con el exterior. El otro porque también le reduce el costo de financiamiento al gobierno federal y con ello le facilita el cumplimiento del objetivo de déficit cero.

Sin embargo, un peso más fuerte tiene un efecto negativo sobre los ingresos petroleros porque el gobierno obtiene menos pesos por cada dólar de exportación de crudo. Pero al mismo tiempo, también genera ahorros por el pago de importaciones de combustible más barato. Por lo que el efecto negativo de la revaluación cambiaria sobre las finanzas públicas se neutraliza en cierta medida.

Para el sector industrial, hasta ahora la revaluación no les ha quitado el sueño y parecen ir de la mano con la pasividad oficial. Sobre todo porque existe el argumento de que así como obtienen menos pesos por sus exportaciones, también ahorran cuando pagan sus insumos importados. Sin embargo, el problema puede venir porque la revaluación no parece ser transitoria ni de corto plazo.

De hecho, la revaluación cambiaria va a arreciar durante la segunda mitad del año cuando se espera que se envíen al Congreso las propuestas de las dos reformas de gran calado: fiscal y energética. Es entonces cuando la paridad cambiaria podría acercarse al nivel de 11.50.

Si las reformas se aprueban para finales del año o incluso en la primera mitad del 2014, pero con un contenido final a la medida de los requerimientos del país, nada podría detener el regreso del peso a la paridad de antes de la crisis, es decir, 10 unidades por dólar para finales del 2014.

Así, cuando la paridad caiga por debajo de los 11.50 pesos es cuando el país aceleraría su pérdida de competitividad cambiaria y muy posiblemente sería el momento en que los industriales empezarían a discrepar de la indiferencia oficial. Es entonces cuando empezaríamos a escuchar que “los productos mexicanos se han hecho más caros para el exterior”.

Por lo tanto, la pregunta de ¿a quién le conviene la revaluación? tiene como respuesta: haga usted su propia conclusión.

 

 

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