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Ésta es la historia de Alex García, quien dejó el mundo de las casas de bolsa y los bancos para lograr lo que parecía imposible: hacer negocio con el cine en México.

 

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Aunque hoy el mundo entero habla de Alejandro González Iñárritu como el héroe que puso en alto el nombre de México en el cine internacional, no es el único que está haciendo las cosas en grande en el séptimo arte. Hay otro mexicano que también se llama Alejandro, y hasta el momento ha preferido mantenerse detrás de los reflectores.

Alejandro García es productor de cine y empresario, pero antes vivió en el mundo financiero, hasta que el pasado familiar terminó por alcanzarlo.

Desde 1984, su vida giró en torno de las casas de bolsa y el sector bancario. Una carrera de 20 años como directivo del sector financiero parecía sepultar cualquier acercamiento al cine, la industria que conquistó a su abuelo, el actor de la Época de Oro del cine mexicano Arturo de Córdova.

Pero un día el retiro profesional abrió una puerta para hacer algo distinto. “Toda la gente que sale de casas de bolsa y de bancos, lo primero que hace es montar un despacho de asesoría financiera, y a eso se dedican el resto de la vida, pero a mí no se me antojaba ese rumbo”, dice Alejandro, quien prefiere que lo llamen Alex García.

Así, en 2000 creó un pequeño fondo personal para inversiones de riesgo con el que inyectó recursos en tres empresas de sectores diversos entre sí: alimentos, electrónica y cine, éste último representado por Ánima Estudios, donde se convirtió en productor.

Películas como el Cartel de los Sapos, Obediencia perfecta, Besos de azúcar, El jesuita, Amor de mis amores, Captive, Words with gods y Tropa de élite (ésta, ganadora de 30 premios que incluyen el prestigioso Oso de Oro) forman parte de las películas que ha producido este mexicano.

50, empresa fundada y dirigida por García, en un lapso de 10 años ha invertido cerca de 400 millones de dólares (mdd), que han dado vida a películas, series de televisión, presentación de espectáculos por Latinoamérica y otros proyectos que realizan a través de 27 empresas incluidas en el grupo.

Hoy, las ventas anuales de la firma alcanzan más de 50 mdd y provienen de sus operaciones en México, el resto de América Latina y Estados Unidos. Su equipo está integrado por 350 trabajadores directos y 10,000 indirectos.

El peso de este mexicano en la industria cinematográfica es indudable. Por medio de AG Studios, García participa como accionista en las empresas Ánima Estudios, Lemon Films, Bazooka Films, Nala Film Partners y Slated (compañía global para el financiamiento cinematográfico).

Alex García recibe a Forbes México en sus oficinas del Distrito Federal, y está dispuesto a contar parte de la historia que lo ha convertido en un verdadero héroe financiero del cine mexicano, al lograr lo que parecía imposible: hacer negocio permanente con la producción de filmes en México.

 

Corte, cámara y ¡acción!

En su plan de negocios siempre contempló que, en caso de existir un problema, entraría a arreglarlos. Ésa fue la regla que hizo a Alex García apoyar el primer negocio en que había invertido: una planta panificadora.

“Como director general de una panificadora aprendí a hacer pan porque aprendí a meterme a cualquier mezcladora y horno. No me quedaba otra más que aprender”, confiesa.

Panificadora Artesanal (Panarte) se convirtió, con el paso del tiempo, en una empresa de alimentos procesados que actualmente atiende a las principales cadenas de autoservicio de México. Mientras el negocio de la panificación florecía en su portafolio, había otra empresa que comenzaba a tener problemas.

A finales de 2006, Alex García entró a apoyar el segundo negocio en que había invertido: Ánima Estudios.

“Mi intención siempre fue tratar de arreglar los negocios y, si no, liquidar para recuperar lo más posible de la inversión”, dice.

Ánima Estudios fue la primera empresa que hizo animación en el país, por lo que diversos empresarios se acercaron a García con la idea de llevar al cine proyectos de animación.

Estos acercamientos y su actividad en otros negocios basados en Internet lo llevaron a firmar alianzas con productores latinoamericanos, que tejieron proyectos de cine que atraparon a Alex. Para ese momento, los socios de Ánima Estudios ya habían decidido vender su participación al recién llegado productor para correr tras el sueño de hacer cine en la Unión Americana.

Desde ese momento nació el objetivo de unir al menos 10 mercados latinoamericanos para exhibir y distribuir más películas de la región con AG Studios como grupo empresarial.

Las asociaciones que el empresario mexicano ha realizado con las casas productoras de Latinoamérica configuran un jugoso negocio que mira García en la región. Los primeros pasos ya los ha dado.

A través de una producción con Argentina durante 2007, Alex filmó en Brasil la película Tropa de élite; después, en Colombia, el filme Saluda al diablo de mi parte, y posteriormente el Cartel de los Sapos.

“En ese momento me doy cuenta de que se puede trabajar con los países de la región”, dice.

Y aunque Latinoamérica es una prioridad en las producciones, Alex sabe que Estados Unidos es el gran consumidor de cine en la región. “Los pies en Estados Unidos ya los puse, ya los tengo, pero hoy me estoy enfocando muchísimo más en Colombia, Brasil y Europa.”

En los últimos años, el productor ha logrado armar proyectos cinematográficos y de televisión en Los Ángeles, Nueva York, Carolina del Norte y Lousiana.

Pero Alex García aún tiene una lucha pendiente en el vecino país del norte.

Foto: Alex García. 

 

La otra lucha
Las conversaciones de Alejandro García y su amigo, el director de cine Guillermo Arriaga, habían girado sobre el mismo tema en repetidas ocasiones: había que revivir en la pantalla grande las viejas películas de luchadores al estilo del Santo y Blue Demon, tan populares en las décadas de los sesenta y setenta.

Arriaga es un profundo amante de la lucha libre en México y su entusiasmo contagiaba los planes de Alejandro, pero la idea no convencía del todo al productor mexicano de cine y series de televisión, ya que no sabía si serviría de algo hacer tan sólo una película para revivir este espectáculo entre las nuevas generaciones.

Después de reunirse y platicar la idea con el empresario Antonio Cue Sánchez Navarro y Marisela Peña Herrada, presidenta de la liga de Lucha Libre AAA, el productor de películas descubrió que el universo de los luchadores podía ir más allá de un esfuerzo local y convertirse en un negocio que podría saltar a Estados Unidos.

Películas, series de televisión en inglés, transmisión de las peleas en los sistemas de televisión de paga, así como la comercialización de videojuegos y figuras de acción de los luchadores mexicanos, conforman parte de los planes de la empresa Lucha Libre AAA, LLC, con sede en Los Ángeles, California.

El proyecto contempla el rediseño y modernización de 250 personajes que integran actualmente el deporte nacional.

En septiembre del año pasado, la casa productora de García arrancó con el rodaje oficial de la serie de televisión, terminará con la realización de 40 episodios para la cadena de El Rey y 40 episodios para Univisión en español.

Alejandro García aún no se aventura a lanzar una cifra aproximada de las ganancias que le podría traer el negocio de la lucha libre profesional, pero le entusiasma pensar que la compra de Marvel Entertaiment, poseedora de personajes como Spider Man, por parte de Walt Disney Company, alcanzó los 4,000 mdd en 2009. De ese tamaño es la apuesta del productor en EU.

 

Nuevos proyectos

“La escasez de financiamiento, la gran competencia de las producciones de Hollywood, la falta de iniciativas conjuntas y asociativas entre los integrantes de la industria mexicana, la debilidad normativa y legal que rige esta industria, la falta de políticas públicas integradas que promuevan la producción cinematográfica, y las restricciones a la distribución e internacionalización, inhiben la producción de esta industria”, asegura el estudio La Industria cinematográfica en México y su participación en la cadena global de valor publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en 2010.

El productor sabe que en México hay retos por vencer en la industria cinematográfica y de contenidos audiovisuales, pero prefiere no prestar atención a las piedras en el camino y seguir construyendo su carrera en México y el extranjero.

La construcción de un estudio arranca este año en Colombia con una productora que funciona con recursos independientes y mantiene una sociedad en Los Ángeles, California. En Brasil ya tiene una casa productora, que el año pasado produjo un documental y cuatro películas, la cual opera con recursos independientes.

Argentina aún no termina de abrir, pero mantiene una productora que espera mejoras económicas en el país. En México no se ha podido materializar ninguna productora porque no han decidido la ubicación idónea. Puerto Rico y República Dominicana son escenarios de los próximos proyectos para Alex García.

Además, el productor ve oportunidades en nuevas plataformas de exhibición. “Le estamos haciendo series a diferentes canales, entre éstos HBO, algunas cosas con Netflix, canales de televisión estadounidense”, explica.

Alex García se siente emocionado de haber pasado de ser un solo productor al hombre que puede presentar películas y series completas. Ése es el “granito de arena” que el productor quiere aportar desde su trinchera para incrementar el éxito de los mexicanos que triunfan en los máximos circuitos del cine.

Sin embargo, él prefiere mantener su historia detrás de los reflectores y dar paso al talento que es observable en las pantallas: “Me da mucho orgullo ver a los mexicanos subir a los escenarios y me encantará subir al escenario como productor, si algún día me toca hacerlo, por curiosidad, pero no somos nosotros, los productores, quienes nos subimos, sino que son los artistas, y ésos son los Lubezki, los González, los Arriaga, los Cuarón o los Del Toro.”

Este texto fue publicado originalmente el 14 de marzo de 2015

 

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