Por Martin Muno

DW.- ¡Qué día! Este martes 24, la Corte Suprema del Reino Unido anunció una derrota para el primer ministro británico, Boris Johnson, que en otra época se habría considerado devastadora. Según el veredicto, la suspensión del Parlamento fue “Ilegal, nula y sin efecto”. En otra época, esto habría significado la caída de cualquier líder británico; también la del nuevo primer ministro, que trató de doblegar sin piedad la Constitución no escrita, traicionar a la reina y silenciar al Parlamento. Pero ahora corren otros tiempos y Johnson quiere quedarse en el cargo.

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Hace solo unos años, tampoco nos podríamos haber imaginado la presentación de un presidente electo que se considera enviado de Dios. Jair Bolsonaro agradeció a Dios la oportunidad de “restablecer la verdad” en la apertura de su discurso ante la Asamblea General de la ONU. Explicó inmediatamente lo que quiso decir en realidad: “Es un error pensar que el Amazonas es el pulmón del mundo”. Además añadió que “nuestras selvas tropicales están prácticamente impecables”. Sin embargo, hace unas semanas, el Instituto Brasileño de Investigación Espacial informó que la destrucción de las selvas tropicales en la Amazonia brasileña casi se duplicó en un año.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. FOTO: Reuters

El tercer discurso también fue estrambótico: Donald Trump, el gran maestro del populismo, habló también ante las Naciones Unidas. Su camino al podio, sus gestos, su discurso monótono: todo esto mostró el desprecio que siente por esta asamblea de la comunidad mundial. Lo expresó claramente: “El futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas”. Es decir que cuando todos luchan contra todos, todos se sienten mejor. El hecho de que Trump conociera la noticia del proceso de “impeachment” después de su discurso, coronó dramáticamente el día.

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No es tema de risa 

Para decirlo sin rodeos: aquí no se trata de los dictadores ensangrentados que también se dieron cita en Nueva York. Se trata de políticos elegidos democráticamente, que gobiernan en Estados donde todavía hay, en gran parte, estructuras democráticas.

Uno podría reírse de los políticos arrogantes y acaparadores que se burlan de cualquier verdad. Estos tres hombres no parecen encajar en el complejo mundo digital del siglo XXI, donde se supone que el nerd barbudo es el arquetipo masculino.

Pero no es el caso. En muchos países, la lucha populista se está librando contra la democracia, no solo en Gran Bretaña, Brasil y Estados Unidos. Si hubiera habido nuevas elecciones en Italia, el extremista de derecha Matteo Salvini se habría convertido en el nuevo primer ministro. Los populistas han estado gobernando en Hungría, Polonia o la República Checa durante años. En Francia, solo el liberal Emmanuel Macron, quien gobierna con trucos populistas, impidió la aparición de un gobierno populista de derecha.

Y donde los populistas gobiernan, usan las tres mismas estrategias para erosionar la democracia: tratan de difuminar la diferencia entre verdad y falsedad, mintiéndose constantemente a sí mismos y amordazando a los medios libres. También lo pueden hacer simplemente desacreditando, por ejemplo cuando hablan de “noticias falsas”, o por medio de prohibiciones o la compra de editoriales privadas.

El martillo

La segunda vía es crear una imagen del enemigo: ya sean minorías en el país, refugiados, migrantes, miembros de otras religiones o simplemente intelectuales. El “nosotros contra ellos” es el martillo en la caja de herramientas del populismo. Y cualquiera que critique a Trump, Bolsonaro y compañía, automáticamente se aparta del “nosotros”.

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La tercera estrategia es el intento de debilitar o incluso disolver las instituciones democráticas. Aquí, Boris Johnson hizo un doble intento de silenciar al Parlamento, por un lado, y anunciar, por otro lado, que no cumpliría las decisiones de la Cámara de los Comunes. Podría ser un gran error usar para sus propósitos a la casa real británica, la única institución generalmente respetada en un país desgarrado por el “brexit”.

Pero precisamente el caso de Johnson muestra que las democracias no están indefensas. Es significativo que Lady Brenda Hale, la presidenta de la Corte Suprema, una mujer bien educada, con argumentos tranquilos, firmes y racionales, ayudara al Parlamento a recuperar sus derechos. Esta mujer frenó al impetuoso premier con el poder de las palabras. Eso es reconfortante.

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