Al igual que en la música y la literatura, Brasil tiene buenos “cracks” en el arte contemporáneo que, aunque de aparente perfil discreto, tienen una influencia notable en el panorama artístico actual. Aquí la selección Forbes.

El arte no se mide en términos de “quién es mejor” o “quién es más grande”; sin embargo, el ejercicio que hemos llevado a cabo con anterioridad, en el que imaginamos que la de este año no fuera una justa deportiva sino una de arte contemporáneo, nos sirve de pretexto para hablar de otros aspectos interesantes de un país, en este caso la sede del Mundial de fútbol 2014.

Suponiendo una selección brasileña ideal que compitiera con sus homólogos de otros países, ¿quiénes deberían estar ahí y qué posición ocuparían? Brasil ha brindado artistas importantes al arte contemporáneo global, con una vitalidad y un aporte considerables. Su calidad, calidez y profundidad discursiva lo lleva a poder ofrecer una contundente alineación ofensiva, un clarísimo 4-4-2. Aquí nuestra propuesta.

Delantero 1: Hélio Oiticica. Explicar la repercusión de Oiticica en el mundo del arte conceptual nos llevaría varias líneas; sin embargo, basta decir que su obra “Tropicália” influenció el movimiento cultural que lleva el mismo nombre. Experimental, contestatario y un verdadero transgresor, la repercusión y solidez discursiva del cosmos artístico de Hélio es tal que sencillamente podemos decir que, sin él, el arte brasileño no figuraría en el mapa contemporáneo como lo hace hoy en día.

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Delantero 2: Cildo Mireles. Uno de los consentidos de la selección o quizás uno de los cinco artistas plásticos con mayor exposición a nivel internacional. Su crítica social durante el régimen brasileño cimentó las bases de su amplia reputación actual, en la que sus objetos e instalaciones generan expectativa, curiosidad, furor, revuelo… y muchos dividendos. El arte de Mireles es sumamente sensorial, multidisciplinario y prominente político. Podría decirse de Cildo que es un imprescindible para conocer el mundo en que vivimos hoy en día: complejo, cruel, contradictorio y sumamente vivo.

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Medio 1: Lygia Clark. Abismo, poesía, geometría, abstracción, participación y una práctica que también es terapéutica suman el corpus profundo y neoconcretista de Lygia Clark, quien falleciera en 1988 a los 67 años. Ver al otro para reunificar la idea del ser humano, a través de la experiencia de los sentidos y el conceptualismo, del cual se sirvió Clark para reivindicar la relación del espectador con la obra. En alguna ocasión, la artista aseguró que “a través de otra persona, el individuo puede percibir su propio sentido, conocerse a sí mismo”.

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Medio 2: Vik Muniz. De formación escultórica y, al igual que muchos de los “jugadores” de esta lista, la obra de Muniz es eminentemente social y crítica, mas no de forma evidente. Este artista nacido en 1961 ha llevado el arte visual al uso de mariales diversos, en donde la forma es fondo y contenido esencial. Jalea, basura, mantequilla, Warhol, fotografías extraviadas, desaparecidos… Los retratos de Vik generan ilusiones que conmueven, impactan o despiertan el interés y la reflexión de quienes las observan.

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Medio 3: Adriana Varejão. Pintura, escultura, fotografía e instalación. La obra de Adriana Varejão es de una complejidad y profundidad equiparable a su belleza e interés plástico. Sus líneas discursivas se apoyan mucho en las líneas gráficas, el colonialismo histórico que ha sufrido Brasil, así como el empleo de lugares emblemáticos del imaginario carioca como los baños públicos, las barras de bares antiguos, los azulejos portugueses o espacios como albercas, saunas, carnicerías, etcétera, que sirven para poner énfasis en la activación de los sentidos a través de la exuberancia, la violencia o el dolor. Su proyección internacional la ha posicionado en la última década como uno de los referentes artísticos más importantes de su país.

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Medio 4: Artur Barrio. Si bien Barrio nació en Portugal, su corpus artístico se encuentra bien cimentado y desarrollado en Brasil, en donde la pintura y el dibujo son su principal arma estratégica y en el que la crítica social a los regímenes totalitarios es su principal fuente discursiva. La “pintura” de Artur Barrio es de un carácter poco lineal y sí complejo, en donde su carácter efímero establecido fuera de los museos, lo dota de un dinamismo participativo, en donde el espectador es una parte fundamental. Imágenes que cobran un carácter autónomo, influencia de los ensayos, las letras y los enunciados, Barrio logra la acción a través de lo que en apariencia son simples documentos, registros estáticos con materiales no duraderos.

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Defensa 1: Waltercio Caldas. Pulcritud, elegancia y minimalismo. El arte conceptual de Caldas muchas veces está ligado también a la escenografía, el diseño gráfico y la escultura, pero siempre deja el resto de la tarea al espectador, el cual puede interpretar adicionalmente la obra, terreno en donde el silencio y el vacío son elementos importantes para jugar con la ambigüedad o la crítica. Si hay una palabra que defina la producción de Caldas esa es “reformular”.

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Defensa 2: Rosângela Rennó. Toda una vanguardista en cuanto a extrapolar los límites de la fotografía se refiere. Lo de Rennó es una práctica seria, dedicada y meticulosa. Durante la década de los ochenta causó revuelo con sus primeros trabajos, cuando se negó a producir nuevas fotografías. Reconfiguración, memoria y discontinuidad. En su obra, Rosângela recoge la idea de que el tiempo no vuelve nunca, y que la memoria nunca es fiel al pasado, ya que “es más fácil inventar que intentar recuperar el pasado”.

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Defensa 3: Laura Lima. Filosofía transgresora, arte físico que no es performance e imagen que sale de sus lindes; es una imagen de una idea. Laura Lima es una de las artistas más complejas e inclasificables de su generación (1971), en la que los términos más cercanos a lo que hace encuentran puntos en común con el término “arte vivo”. Sobre su célebre pieza “Sombra de Cinema” se ha dicho que “no es cine, es quizá realidad. No es teatro, tampoco instalación, tal vez ficción. No es performance”. Si hay alguien que hace que las ideas no se estanquen y el “momento del arte” del que llegó a hablar García Ponce se active, ese alguien es Laura Lima.

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Defensa 4: Néle Azevedo. La obra de Azevedo, “Melting Men”, es, quizá, la intervención más conocida de esta artista nacida en Santos Dumont, Brasil, en 1950, y que sintetiza de alguna manera la marca personal de Néle, escultora a la que el espacio y las intervenciones le sirven para jugar con las ideas y contraposiciones de lo momentáneo, lo mínimo y máximo, así como las ópticas incisivas en el carácter social. Su obra ha viajado por las principales capitales del arte y se vale también del video para exponer el discurso de su puntual producción.

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Portero: Beatriz Milhazes. Los círculos y los colores vivos son la impronta particular de esta pintora nacida en 1960, que entremezcla y yuxtapone con maestría los referentes icónicos de su natal Brasil con la cultura pop y la pintura modernista de Occidente. Caleidoscópica, vibrante y sumamente dinámica, la obra de Milhazes es rigurosamente estructurada pero libre en su apreciación y elementos constitutivos, los cuales están inspirados también por la cultura milenaria del grabado en cerámica, los motivos arabescos o la decorativa de carnaval. Toda una fiesta visual.

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Director técnico: Arthur Bispo do Rosário (1909-1989). El caso de Bispo do Rosário en el mundo del arte es por demás atípico y extraordinario. El brasileño padecía de sus facultades mentales, y en su autoexilio y enclaustramiento creó un verdadero cosmos de gran belleza, libertad e intensidad, que lo llevaron a cuestionar las nacientes inquietudes del arte en torno a qué era considerado artístico, sublimado al gran arte o al eterno conflicto de la firma. Impulso creativo, fe inmutable en Dios, al tiempo que coexistía una crítica constante a los dogmas.  En la obra plástica de Arthur Bispo, el juego y la imaginación se perciben como detonantes honestos de la producción artística. El arte siempre encuentra su cauce.

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Twitter: @Raika83

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