El auge que hasta hace poco pareció vivir Brasil se debió no a factores de fortaleza interna, sino a condiciones externas que le favorecieron, como un crecimiento impresionante de China y precios de materias primas (commodities) al alza.

El presente siglo significó el comienzo del ascenso brasileño. No por casualidad, el ciclo alcista mayor del precio de las commodities había comenzado al mismo tiempo.

Y es que lo que más exporta Brasil son justo productos básicos como mineral de hierro, soya, petróleo, azúcar, café, etc.

De manera que la confluencia del crecimiento chino, sumado a un ascenso en los precios de sus exportaciones, trajo el apogeo aparente que le tocó presumir al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Fue circunstancial.

La crisis mundial de 2008-2009 desplomó de nuevo las cotizaciones de las materias primas, que se levantarían temporalmente sólo ante la expectativa de inflación por los estímulos de los bancos centrales. Recordará que los más importantes –encabezados por la Fed estadounidense– deprimieron las tasas de interés a mínimos históricos e inyectaron liquidez como nunca antes.

Desde la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés) afirmamos y explicamos por qué estos estímulos monetarios traerían deflación en vez de un alza generalizada de precios en las economías desarrolladas. Sólo hasta que el mercado se percató de que la inflación no llegaría, en 2011 dio comienzo una nueva corrección general (baja) de las commodities.

Suele suceder que los “pecados” económicos y políticos –y hasta abiertos delitos como la corrupción– se perdonen en épocas de auge. Eso fue lo que le tocó vivir a Lula. La fiesta terminó y el castigo le tocó sobre todo a la presidenta Dilma Rousseff.

Y es que no hay borrachera de gasto público y abundancia de crédito que no termine mal. Todo crecimiento que se base en esos factores está condenado a fracasar.

Para muestra un botón: el crecimiento del PIB brasileño, que en 2010, tras la crisis, alcanzó un pico de 7.5%, inició su descenso para llegar a 3.9% en 2011, 1.9% en 2012, 3% en 2013, 0.1% en 2014 y -3.8% en 2015, su peor recesión desde 1981.

La mala noticia es que el panorama luce desolador. China intentó evadir la recesión global con una inyección de crédito a cargo de su banco central, que rebasó y humilló los esfuerzos de la Fed, el Banco de Inglaterra, el de Japón y el Central Europeo juntos. Les llegó la hora de pagar los platos y ahora la desaceleración que viven es tan fuerte que nadie cree en los datos del PIB oficiales que hablan de una expansión anual de 6.9% en 2015.

Lo que vive un país como Brasil es sólo un espejo que da pistas de la realidad económica china.

No por nada el gurú de las materias primas Jim Rogers, cuando se le preguntó en una entrevista si el país sudamericano era todavía un buen lugar para invertir, dijo: “No. No quiero invertir en Brasil mientras tengan un gobierno anticapitalista y antieficiencia. No quiero invertir ahí mientras haya un gobierno que no entienda la economía.”

¿Qué tendrían que hacer en Brasilia? Abrir de par en par la economía a la competencia total sin pretextos, liberalizar para siempre el flujo de capitales, nunca intervenir el mercado cambiario, desregular, equilibrar de forma permanente sus finanzas públicas, combatir la corrupción, etc. Ése es el camino correcto, no el del proteccionismo, la intervención estatal y el aislamiento.

El ciclo alcista mayor de las commodities no ha terminado. Las cotizaciones van a volver a recuperarse, sin lugar a dudas, hasta el punto en que un día se inflen en burbuja. Todos los bull markets terminan en euforia, que no hemos visto en ese mercado. Pero ni Brasil ni el resto de los principales productores deben esperar a que ese día llegue, pues si nada cambian, volverá a pasar lo mismo: después del auge, vendrá la crisis.

En suma, el panorama para el “gigante” latinoamericano no es bueno. Sin reformas de fondo que les permitan abandonar en definitiva el populismo, tendrán que conformarse con futbol, Juegos Olímpicos, samba y caipirinhas para olvidar las penas.

 

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