Cinco de las principales economías emergentes apuestan por algo más que ser motores del crecimiento mundial; también pretenden redefinir el sistema financiero internacional. El problema es que entre ellas hay notables diferencias que podrían inhibir su plan.

 

Por Paola Palma

 

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En Basil, Rusia, India, China y Sudáfrica (los BRICS) vive 46% de la población mundial, unas 3,500 millones de personas, y ahí se genera 20% del PIB global, además de 19% del comercio de mercancías del orbe. Surgieron en la época de mayor auge de las economías emergentes y disfrutaron de una década de alto crecimiento. Entre 2002 y 2012, su crecimiento anual promedio fue de 4.75%, el mayor registrado con respecto de las dos décadas anteriores.

Sin embargo, los años de bonanza parecen haber terminado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que en los próximos años el potencial de crecimiento máximo de las economías emergentes será de 3.5% anual. Esta moderación en el ritmo de crecimiento se debe a una baja en la captación de inversión externa, la baja de los precios de commodities –los BRICS, como exportadores de estos productos, se beneficiaron de una época de precios excesivamente altos– y la falta de reformas estructurales.

Según las proyecciones económicas para este año, los BRICS enfrentan un panorama nada halagüeño. Este año China crecerá 7.4% debido a limitadas políticas de estímulo a su demanda interna. Para 2015 el gigante asiático podría crecer únicamente 7.1%. Por su parte, Brasil es uno de los BRICS más afectados por la debilidad económica global; este año se espera que alcance un crecimiento de apenas 1.7%. El crecimiento empezará a recuperarse en 2015, cuando se estima que la economía brasileña crezca 2.0%.

Rusia tiene un escenario económico complicado, ensombrecido por tensiones geopolíticas que deterioran aún más la confianza internacional. Afectado por salidas de capitales y la cautela generalizada, la economía rusa crecerá este año 0.2%. Para 2015 podría recuperarse y alcanzar 1% de crecimiento.

La economía india crecerá 5.4% en 2014, afectada por cuestiones climáticas, y va a recuperando el crecimiento en 2015, cuando se estima aumente 6.5%. Sudáfrica crecerá 1.7% este año, por problemas en el mercado laboral y eléctrico, recuperándose en 2015, al crecer 2.7%.

 

“Unidad” en veremos

En este contexto económico —en que los mercados emergentes resienten de manera tardía los efectos de la crisis financiera internacional— se llevó a cabo la VI Cumbre de los BRICS, que reunió a los jefes de Estado de estos países para discutir sobre los desafíos económicos mundiales y buscar alternativas para su solución.

En esta reunión, los BRICS plantearon que los organismos financieros multilaterales como el FMI, y otras instituciones de gobernanza internacional (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo), han perdido capacidad para generar alternativas e implementar soluciones a los retos económicos que el mundo enfrenta.

Los BRICS se declararon “desencantados” por la inexistencia de reformas al interior del FMI, situación que impide una mayor representatividad de los intereses de las economías emergentes. Los BRICS consideran necesario generar un contrapeso institucional que reduzca el sesgo de las políticas, recomendaciones e intereses que protegen actualmente organismos como el FMI, donde la voz cantante es la de las economías desarrolladas.

Ostentando la fuerza económica que como bloque poseen, los BRICS presentaron dos instituciones: un banco de desarrollo y un Fondo Contingente de Reservas, como los primeros pasos para influir en el rediseño del sistema financiero internacional y encaminarlo hacia soluciones económicas más adecuadas a la realidad de los países en desarrollo.

La justificación principal de los BRICS para la creación de un banco de desarrollo son las elevadas restricciones que las economías emergentes enfrentan para obtener financiamientos para infraestructura y proyectos de desarrollo, situación que limita sus posibilidades de crecimiento.

En cuanto al Fondo Contingente de Reservas, éste ofrecería una nueva red de seguridad financiera internacional, al tener la capacidad de otorgar líneas de crédito a países que enfrenten presiones de liquidez de corto plazo derivadas de desequilibrios en balanzas de pagos.

Este fondo contará con recursos por 100,000 mdd, y como instrumento de seguridad financiera internacional podrá ser usado para evitar episodios de crisis que pongan en peligro la estabilidad financiera global. Por lo pronto, Argentina fue el primer país en acercarse a este nuevo oasis de financiamiento, que brindará la mano a países que, como la economía argentina, tienen cerradas las puertas del sistema financiero internacional.

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Repercusiones de la rebeldía

Tanto el Banco de Desarrollo BRICS como el Fondo de Reservas incuban la idea de un sistema financiero internacional alterno. Dado que las economías emergentes son altamente dependientes del financiamiento para el desarrollo, los BRICS apuestan a socavar la hegemonía de los países desarrollados desde este ámbito. Al mismo tiempo pretenden favorecer el logro de otra ambición geoeconómica de este bloque: debilitar el poder hegemónico del dólar.

¿Cómo lograr esto? Utilizando sus propias monedas. Todos los financiamientos otorgados por el Banco BRICS, así como las líneas del Fondo de Reservas, estarán denominados en monedas locales de estos países. Es decir, cualquier operación financiera realizada con los BRICS se llevará a cabo en yuanes, rublos, reales, rupias o rands. Actualmente el intercambio comercial intra-BRICS ya se realiza de manera exclusiva en monedas locales.

Pero estas transacciones son limitadas, y si lo que se pretende es competir contra el dólar, el yuan sería la única moneda que podría ser competitiva globalmente en el largo plazo, pues ninguna de las otras monedas BRICS tiene el respaldo de una economía suficientemente sólida.

Medios de comunicación alrededor del mundo recibieron con un optimismo exacerbado la capacidad del Fondo de Reservas BRICS, arguyendo que en un futuro podría ofrecer un verdadero contrapeso a las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos, y desde luego al FMI. Sin desestimar los esfuerzos de los BRICS, tales afirmaciones son completamente desproporcionadas.

Por otro lado, para que el Banco de Desarrollo BRICS tenga un impacto notorio como institución de financiamiento para el desarrollo, debe financiar proyectos de largo plazo que generen beneficios importantes en los países receptores de los créditos. Para ello, dichos créditos tendrían que incorporar a otros países en desarrollo y, muy probablemente, a países menos desarrollados, lo que conlleva un riesgo de recuperación elevado. Otorgar créditos para proyectos educativos, o para emprendedores, no es igual que financiar una planta hidroeléctrica o una red de carreteras.

Los BRICS pretenden financiar a otros países cuando son ellos mismos los clientes más importantes de las instituciones de financiamiento para el desarrollo. Actualmente, Brasil es el país con el mayor financiamiento otorgado por el Banco Mundial, con 47,000 mdd; China ocupa la cuarta posición con casi 33,000 mdd, seguido de India con 32,000 mdd. Rusia ocupa la decimotercera posición con 10,000 mdd y Sudáfrica la posición 42, ya que sólo recibe 1,700 mdd.

Las brechas de desarrollo entre los BRICS hacen evidente que, antes de desafiar al mundo, estos países deberán trabajar intensamente al interior de sus propios países. La economía china es 28 veces más grande que la sudafricana. En cuanto al PIB per cápita, Rusia es líder con 14,818 dólares; sin embargo, el ingreso por persona en India es diez veces menor, (1,504 dólares). La tasa de desempleo en Brasil es de 6%. En Sudáfrica, el desempleo es 4.2 veces mayor y alcanza el 25% de la población económicamente activa.

La ambición de los BRICS de constituirse como un contrapeso frente a las economías desarrolladas es válida. Sin embargo, las diferencias existentes entre sus propias economías ponen en duda su capacidad para desafiar a los mercados desarrollados, al menos en el corto plazo.

 

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