Primero hay lo básico. Las líneas de crédito no están preestablecidas, son personalizadas. Al momento de solicitar tu tarjeta de crédito, el banco crea tu perfil a través de tus ingresos, el tiempo que llevas en tu trabajo, tu historial crediticio, deudas actuales, entre otros aspectos; con todo esto decide cuál será tu máximo para gastar usando tu plástico (línea de crédito).

La decisión se basa en prevenir el riesgo de que adquieras una deuda mayor a la que puedes solventar y, por lo tanto, te conviertas en un deudor moroso para esa institución. De ahí que, aunque un conocido tenga una tarjeta idéntica a la tuya, el límite de crédito en cada caso sea diferente.

Tres estrategias para aumentar tu línea de crédito

Así como el banco o la entidad financiera son quienes deciden si te aprueba o no una tarjeta, y cuál será tu saldo disponible, estas instituciones son las únicas que puede determinar si es momento de aumentar la línea de crédito del tarjetahabiente.

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Por ello es muy común que después del primer año de uso, o incluso antes, comiencen las llamadas a sus usuarios, anunciando que tienen disponible un incremento crediticio por ser considerados buenos clientes.

Importante: por más insistente o atractivo que sea el ofrecimiento, el tarjetahabiente es el único que decide si acepta o no la oferta de extender su crédito, además está en su derecho de pedir una ampliación de su crédito directamente al banco si no recibe antes la invitación.

¿Qué toman en cuenta los bancos? Lee atentamente estas variables que se consideran para aumentar la línea crediticia de tu tarjeta y ser un candidato aprobado:

  1. Tener buen historial crediticio. No sólo debes ser puntual con tus pagos, también esforzarte por ser totalero o por lo menos pagar más del mínimo cada mes. Pero cuidado, un error común es descuidar tus otros créditos; éstos también influyen, pues al igual que al aprobar tu tarjeta, revisarán tu Buró de Crédito.
  2. Llevar tiempo con tu tarjeta y usarla. Los bancos suelen necesitar de 6 meses a un año para revisar el comportamiento con tu primera línea de crédito antes de pensar en elevarla. También esperan que la uses frecuentemente, de lo contrario se preguntarán para qué quieres un incremento si la has usado una vez.
  3. Saber usar tu tarjeta. Si siempre la tienes al tope, el banco tendrá confianza al creer que usas el crédito como una extensión de tus ingresos, en especial si vives pagando el mínimo. Esto da la impresión de no saber administrarte ni tener mucha idea de tu límite de endeudamiento; la clave es utilizar menos del máximo de tu línea. Claro, si ganas el doble de ésta y usas tu tarjeta para pagar prácticamente todo, pero al final del mes liquidas el total, el banco podría no verlo mal.

Si cumples con estos puntos y manejas bien tu plástico, pero aún no recibes la llamada o notificación en la banca en línea, tienes la opción de marcarle a tu banco para solicitar el incremento, aunque no hay una garantía de que lo aprobarán. En caso de negártelo, es momento de empezar a trabajar tus hábitos financieros.

¿Me conviene incrementar mi línea de crédito?

Todo depende, recuerda: querer algo no es lo mismo que necesitarlo. Nadie conoce mejor tus finanzas que tú mismo. Antes de aceptar o solicitar más crédito, pregúntate: “¿Para qué quiero esa extensión?”

Tus razones deben ser estratégicas, como mejorar tu historial crediticio para sacar un crédito patrimonial, quizá o porque tu capacidad de pago es mejor ahora, en vez de solo aumentarla porque no logras liberar la que tienes.

Un tip: considera tu sueldo actual, lo ideal es que tu línea de crédito no debe rebasar el 50% de tus ingresos, de lo contrario corres el riesgo de sobre endeudarte. Si lo que ganas no te alcanza, debes trabajar en ese punto antes de aumentar tu línea de crédito; a mayor tope, mayores responsabilidades y si no estás en las condiciones de afrontarlas, más vale primero aprender a administrar el crédito que tienes.

Finalmente, recuerda que una tarjeta de crédito no es un fondo de emergencia. Aunque te saque de un apuro, deberás pagarlo cuando llegue tu estado de cuenta. Si ésta es tu razón, mejor considera crear un fondo de ahorro del cual puedas disponer sin desestabilizar tus finanzas.

La mejor forma de tener una relación sana con tu tarjeta de crédito es mantener buenos hábitos de consumo. Conocer tus fechas de corte y límite de pago, liquidar tus deudas a tiempo, así como pensar antes de firmar si podrás pagar, son las claves para generar confianza en el banco y cualquier institución financiera, pero, sobre todo, de no poner en riesgo tus finanzas.

 

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