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El ambiente de negocios registra un nuevo fenómeno: el arribo de grandes fondos, que cargan toneladas de dólares para apoyar a quienes sueñan en grande.

 

César Salazar maneja en México los recursos de un fondo de inversión internacional con un capital de 5 millones de dólares (mdd), y aunque no tiene una oficina en el último piso de un corporativo adornada con costosas obras de arte, y mucho menos usa traje y corbata, hay algo que lo distingue: busca impulsar a quienes quieren ser hombres de negocios con proyectos digitales.

A simple vista parece un hipster, es amante de la tecnología y director en México de 500 Startups, un fondo de inversión que apoya a empresarios en ciernes.

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Salazar encarna la nueva tendencia que está tomando el emprendedurismo en México, a través de instancias que observan el impulso de un círculo social –sobre todo los jóvenes– que trae buenas ideas y que quieren emprender, no como un mecanismo de fuga ante el desempleo, sino como un estilo de vida de largo plazo.

El emprendedurismo en México, apuntan los expertos, se está transformando. Fernando Lelo de Larrea, socio director del fondo de inversión Venture Institute, atribuye este cambio a tres razones:

• La crisis global dejó claro que las compañías no pueden ofrecer los empleos que la juventud requiere. Frente a ello, cada vez hay más universitarios que quieren tener su empresa y para eso se preparan, la incuban, buscan capital, la lanzan y siguen trabajando para que crezca.

• La tecnología permite el lanzamiento de empresas de alto potencial a costos bajos. Esto, consecuentemente, ha provocado un punto de inflexión en la cultura empresarial que reconoce una mayor apertura para iniciar un proyecto.

• Hay un cambio institucional que permite que el gobierno ponga en marcha programas de impulso a emprendedores.

Soplan nuevos aires para aquellos que sueñan con encarnar la versión mexicana de Mark Zuckerberg (Facebook), Kevin Systrom (Instagram) y Jack Dorsey (Twitter). Este año, el ambiente de negocios en México registrará algunos movimientos con la llegada de fondos de inversión que buscarán a interesados en hacer dinero y, si es posible, ganar cuota de mercado en otros países.

En ese mismo contexto, el pasado 11 de enero se anunció la creación del Instituto Nacional de Emprendedores. “La intención es tener un ente especializado con tal capacidad de enfoque que pueda otorgar recursos como mejor se puedan aprovechar”, informa Enrique Jacob, subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa de la Secretaría de Economía.

Esta esfera dispondrá para este año con una canasta de 7,300 millones de pesos (mdp) para Pymes y 500 mdp para algo que se llamará “Fondo Emprendedor”.

 

Fondos, al ataque

La catedrática del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Claudia González Brambila cree que es posible nadar en dinero con una loca idea cocinada en un garaje, pero considera que para materializarlo se necesita mucha, mucha materia gris. Y asegura que hay muchas mentes en México con ésta característica.

“Hay un cambio en las inquietudes de los jóvenes, que las universidades han detectado y a las que han respondido con la creación de incubadoras de negocio, aceleradoras y hasta materias en licenciaturas o posgrado relacionadas con la creación de nuevos negocios. Nunca habían sido tantas la coincidencias que permitan emprender”.

Incluso, los expertos ya le han puesto nombre a este fenómeno: la democratización del emprendimiento. Fernando Lelo de Larrea explica que siempre ha existido la cultura emprendedora, pero antes sólo prosperaban quienes gozaban de una influencia.

Esta historia, sin embargo, tiene su lado amargo. Hay voces críticas que afirman que los principales enemigos de los emprendedores son el burocratismo y los monopolios.

Fernando Moya, director de Emprendimiento de la EGADE Business School, del Tec de Monterrey, lo dice así: “No se han podido erradicar las políticas impuestas por la autoridad que desmotivan a una empresa de reciente creación, como son los engorrosos trámites para iniciar operaciones”.

 

Cambio de mentalidad

Los cambios en la cultura emprendedora en México implican también una construcción distinta de las ideas. Así, según Adriana Tortajada, titular del Fondo de Emprendedores de Nacional Financiera, y Raymundo Sánchez, mentor de la aceleradora de negocios de Endeavor:

1) Un emprendedor ya no es alguien que se quedó sin empleo… Es alguien que, desde la juventud, se muestra inquieto por iniciar un proyecto propio.

2) Los negocios ya no se piensan en pequeño… Desde el plan inicial se marca una meta de gran negocio.

3) Los emprendedores no se limitan a planear su futuro sólo en un país… Son pioneros que ven crecimiento más allá de las fronteras.

4) Por lo general, tienen un nivel académico más avanzado que hace cinco años.

5) Cada vez son menos los casos que temen iniciar un nuevo negocio, después de fallar en una primera experiencia.

Bajo el cristal de los expertos, el Estado mexicano debe estar a la altura de este deseo emprendedor, ya que desaprovecharlo implicaría perder a una generación entera. Sería un daño irreversible.

Se asoma entonces una nueva generación de emprendedores, que ya han sido detectados por grandes fondos de inversión que se han impuesto un objetivo: alimentar las apuestas que, en algunos años, podrían ser los maestros de la orquesta de los negocios.

 

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