Por Javier Arreola y Carlos Grandet*

Una política de desarrollo nacional debe buscar priorizar el desarrollo de las ciudades metropolitanas en consonancia con los tiempos que vivimos: ser lugares de apertura, con mentalidad emprendedora en lugar de burocrática y con estructuras basadas en redes de redes y no en jerarquías.

Un factor para tomar en cuenta para el caso mexicano es el expuesto en un libro reciente del BID, donde se analizaron los datos de los censos económicos del Inegi entre 1998 y 2013, así como la encuesta de empleo. El informe concluye que México asigna recursos financieros y personas a empresas improductivas.

El problema parte del hecho que en México existen muchas empresas informales y poco productivas; como consecuencia, el talento se desaprovecha y la economía no crece. Esta informalidad es más notoria en el sur de México. En Oaxaca y en Chiapas, de acuerdo con el Inegi, 82% y 79% de la población era informal a inicios de este sexenio. México camina a dos velocidades muy distintas y el sur se debe convertir en una prioridad máxima en materia de productividad y desarrollo.

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Las ciudades en México, especialmente en las regiones rezagadas, necesitan ser capaces de generar y atraer talento e inversión. Para lograrlo, es necesario generar acciones que desarrollen el potencial de sus habitantes y las ayuden a insertarse en cadenas de valor. Del mismo modo que muchas ciudades del Bajío y norte del país lograron incrustarse en cadenas manufactureras, las ciudades del sur de México podrían aumentar su competitividad si lograran que sus industrias se modernizaran y la formalidad creciera.

Existe la concepción que basta con la construcción de infraestructura o de parques tecnológicos para generar crecimiento. Sin embargo, la infraestructura sin talento y certidumbre a la inversión se convierte en un cascarón que sale caro y no da frutos de valor agregado.

Ante ello, proponemos las siguientes acciones para incentivar la competitividad de las ciudades mexicanas, en dos aspectos clave para disminuir la desigualdad.

Aumento del capital humano

  • Inversión en infraestructura y calidad educativa en todos los niveles.
  • Programas para generar innovación, esto incluye invertir en nuevos centros de investigación, atraer a investigadores especializados y generar enlaces entre el sector privado y las universidades.
  • Programas para fomentar el emprendimiento. Por ejemplo, ofrecer incentivos fiscales y apoyo financiero para que emprendedores del lugar o de fuera monten una empresa.
  • Programas de entrenamiento para los trabajadores. Un ejemplo son programas de educación dual donde los estudiantes se convierten en aprendices de empresas.

Incentivos a la inversión

  • Permisos acelerados —incluyendo sistemas de “ventanilla única”— y apoyo a las empresas para facilitar el cumplimiento de la regulación.
  • Servicios gubernamentales en línea y mayor transparencia del gobierno
  • Creación de incentivos fiscales para individuos que generen inversión productiva a largo plazo.
  • Mayor certidumbre a la inversión, esto implica mejorar la impartición de justicia y el régimen de tenencia de la tierra.

*Maestro en Análisis Computacional y Políticas Públicas por la Universidad de Chicago.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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