El plan de inversión para Pemex asciende a 263,000 mdp. Eso es apenas 2,000 mdd más que lo recibido en 2015, cuando cerró con patrimonio negativo ante la caída de sus ingresos y sus altas contribuciones al gobierno.

 

En noviembre del año pasado, Pemex se quedó sin director de Finanzas tras la salida de Mario Beauregard, quien fue reemplazado el 1 enero por Juan Pablo Newman. En el inter, Rodolfo Campos, Subdirector de Tesorería, fungió como encargado de despacho.

Campos explica en entrevista cómo hará Pemex para intentar aumentar el presupuesto de 263,000 millones de pesos (mdp) con el uso de nuevos mecanismos aprobados en la reforma energética, y ampliar así su margen de maniobra pese a sus apretados números.

 

― Como cada año, Pemex contrata deuda para su plan de inversión, ¿cómo va este proceso para 2016?

― Daré antes un poco de antecedentes. Previo a la reforma energética, las úni­cas dos herramientas de Pemex para financiar su programa de inversión eran la deuda y los recursos de la ope­ración; a partir de la reforma, tenemos nuevas herramientas. Sin embargo, la deuda seguirá siendo importante. A partir del 2015, el Congreso establece a Pemex un límite de endeudamien­to para el año fiscal siguiente; en el pasado, era la Secretaría de Hacienda quien solicitaba ese límite al Congreso y quien tomaba la decisión de cuánto le correspondía a cada paraestatal.

En 2015 fue la primera vez que el Congreso fijo un límite específico para Pemex y cfe, y en el caso de Pemex fue de 6,500 millones de dólares (mdd) de endeudamiento neto en los mercados internacionales y de 110,500 mdp en el mercado local.

Para 2016 se fijó un monto de 8,500 mdd en los mercados internacionales y 110,500 mdp en el mercado local. Hay una transacción que se anunciará en los primeros días de enero, que que consume 3.1 mdd de esos 8,500 mdd.

La estrategia de Pemex de los últi­mos años es diversificar la base de in­versionistas para eficientar los niveles de liquidez. Por esa razón nos abrimos al mercado de euros (hemos sido acti­vos en el de dólares) y desarrollamos capacidades en el mercado local.

Dado que 2016 será un año compli­cado en volatilidad, buscaremos acceso a mercados no tradicionales para Pe­mex; una prueba es la transacción que hicimos hace unas semanas en francos Suizos. Podremos ver también libras esterlinas, potencialmente se abrirá el mercado de yenes y la idea será acomo­dar ese monto en distintos mercados y no presionar uno en particular.

También haremos uso de las cuatro nuevas herramientas de la reforma energética. Una es la reducción de la carga fiscal; en la ley de ingresos sobre hidrocarburos hay una ruta para ello, ajustando dos variables, el derecho de sociedad compartida que pasa de 70% a 65% de manera gradual hasta el 2021 y el aumento de 10.6% a 12.5% en la capacidad de deducir costos.

Pueden ser varios miles de millones de dólares para complementar los re­cursos procedentes de las operaciones.

Un segundo elemento son las asociaciones. En el pasado, Pemex era el dueño y tenía el derecho exclusivo de operar prácticamente todos los activos del sector, con excepción de gas natural y gas lp. Con la reforma, muchos proyectos los desarrolla­remos con recursos de terceros. En upstream (exploración y producción), tenemos los farm outs (alianzas en las que una parte pone el derecho de explotación y la otra la inversión) y la migración de los contratos existentes. En el resto de la cadena no hay restric­ciones para las asociaciones, así que haremos un uso muy intensivo de ello.

Y en tercero están las monetiza­ciones. Con el marco constitucional previo a la reforma, acumulamos una cantidad bestial de activos que no necesariamente son estratégicos para Pemex, como son todas las terminales de almacenamiento, todos los ductos, todas las terminales de compresión, algo que no es común en el resto de las compañías integradas. Pero ahora vamos a tener la posibilidad de mone­tizar muchos de estos activos.

Lanzamos una iniciativa que fue apoyada por el gobierno federal, en particular por Hacienda, que es la Fibra E (fideicomiso formado con dinero de inversionistas para usarse en proyectos específicos y regulado por el mercado de valores). La idea es monetizar una parte de estos activos de midstream a través de la Fibra E, y así maximizar el valor económico de la infraestructura de Pemex.

Y también habrá monetizaciones a través de ventas directas o asociacio­nes con socios operadores. Las ventas directas aumentarán nuestra capaci­dad de inversión y las asociaciones nos harán más eficientes en el uso de la infraestructura y maximizará su valor.

Un último punto es la negociación respecto del pasivo laboral, el más importante en nuestro balance. Es un pasivo no fondeado, pero sujeto a una volatilidad importante por el cambio en las tasas de interés que usamos para descontar estos flujos actuariales, y que tiene el “defecto” de ser un modelo de beneficios definido desde que se fundó la compañía y que no se había ajustado: jubilación a los 55 años y 25 de servicio.

El ajuste entró en vigor el 1 de enero, y ahora son a los 60 años y 30 de servicio; y a partir de 2021 subirá a los 65 años. La medida solo es aplicable a trabajadores con menos de 15 años de servicio, pero aún así tendremos un ahorro muy importante, el cual será duplicado por Hacienda.

El resultado de todo esto va a ser una reducción del pasivo con un efecto de incremento al patrimonio y un cargo en la cuenta de efectivo con la capitalización de Hacienda. El patrimonio negativo de Pemex se va a reducir de una forma muy importan­te a partir de esta negociación. Esos cuatro pilares sostienen la estrategia de financiamiento de Pemex en adelante.

Plataforma petrolera "Ku Maloob Zaap" de la estatal Pemex en la Bahí­a de Campeche, México. (Foto: Reuters)

― Con estas medidas, ¿de cuánto es el pa­quete disponible para inversión este año?

― El presupuesto se hizo en un escenario muy conservador; tenemos 237,000 mdp para invertir durante 2016, combi­nación de deuda y recursos propios y sin incluir nada de monetizaciones. Las acciones que nos puedan dar re­cursos adicionales para invertir, los que se financiarán a través de asociaciones y con monetizaciones, irán a proyectos que tengan tasas de retorno superior.

 

― ¿Cuánto van a representar las asociacio­nes y la venta de activos?

― Sí hay estimados, pero no quisiera ade­lantarlos. Las fibras son un instrumen­to que vamos a cuidar mucho; tenemos decenas de miles de millones de dólares que pueden ser elegibles para monetizarse a través de las fibras.

Seremos muy conservadores en la colocación inicial, porque será un ve­hículo que utilizaremos con frecuencia y es fundamental que el precio al que lancemos la IPO (colocación inicial) sea una buena referencia para colocacio­nes subsecuentes. Seremos cautos.

Hay otras formas de monetización que se utilizan en la industria y que no eran accesibles para Pemex. Estamos en proceso de ejecución de asociaciones en donde un socio se encarga de aumentar la eficiencia ope­rativa de cierta infraestruc­tura o de proyectos nuevos desarrollados con recursos de terceros. Las posibilidades son muy amplias, pero no me gustaría aventurarme a dar un monto.

 

― ¿Hay un indicador de cuánto va a crecer con esto el presupuesto de Pemex?

― Yo diría que entre un 20 y 40%; está sujeto a muchas cosas difíciles de anti­cipar. Tengo una cifra en mente, pero no podría garantizar que la cifra esté cerca o lejos de esta cifra inicial.

 

― ¿Cómo se compara con los recursos que ejerce Pemex?

― Es menos que en 2014 y 2013, pero si logramos estas monetizaciones estaría­mos por encima.

 

La industria petrolera ya cambió, y las oportunidades pueden ser muy superio­res a las que había antes de la reforma, solo que Pemex está impedida para abarcar más por la falta de inversión

El sector energético está subrepresentado en los portafolios de los inversionis­tas; representa casi 10% de la economía, pero en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) representa solo el 0.6%, y prácticamente hay una sola compañía.

La base de inversionistas local estaba esperando por años esta oportunidad de poder invertir en el sector y creo que eso nos va ayudar. Eso en cuanto a los inversio­nistas financieros.

Sobre los inversionistas operadores, yo creo que la prueba que dimos ayer, sorpresiva para propios y extraños, de un proceso en el que se estaban licitan­do 25 campos, con una tasa de éxito del 100%, es un hecho sin precedentes en la industria a escala global. Demuestra que sí hay mucho interés.

Hubo una participación muy importante de operadores mexicanos que estarían obteniendo los derechos de operar esos campos, a pesar del entorno tan complejo de tipo de cam­bio, precio del crudo, volatilidad de los mercados. Hemos logrado diferen­ciarnos de algunos otros mercados y seguimos siendo una opción atractiva para los inversionistas.

 

― ¿Está en el plan la salida de Pemex a bolsa?

― Ni siquiera se discutió en la reforma. Ese es un tema muy sensible para los ciudadanos; desde la nacionalización de la industria se ha asumido que Pemex es y deberá seguir siendo del Estado. No sé cuánto tiempo durará así, pero desde mi personal punto de vista pasarán muchos años para que se empiece a discutir esa posibilidad.

La mala experiencia que vive Brasil con Petrobras, que hace años era un ejemplo que todo el tiempo nos ponían en la cara, demuestra que ese modelo puede tener fallas. Hay casos muy exi­tosos, como el noruego, donde se flota (coloca en bolsa) parte de la compañía y ésta opera de maravilla, pero no es claro que sea una receta infalible.

Con lo que hoy tenemos en la refor­ma energética es suficiente para mejo­rar la estructura de capital de Pemex, las condiciones de acceso a energía y la situación de la industria mexicana y de la economía en general.

 

― ¿Qué hay de las eficiencias internas, ahorros de costos que también arrojen re­cursos, como seguramente hacen en estos momentos la mayoría de las petroleras en el mundo?

― Desde el año pasado, cuando empe­zamos a ver que el precio del crudo iba a estar por debajo del presupuesto, implementamos un recorte de gastos importante por 62,000 mdp; en adición a esto, hicimos un esfuerzo importante para reducir la estructura de personal de Pemex. Se redujeron 10,000 plazas y se tiene un plan agresivo para continuar con este esfuerzo. Adicional­mente, hicimos una negociación muy exitosa con la mayoría de nuestros proveedores, en particular con los proveedores de Pemex Exploración y Producción, para una reducción de las tarifas de renta diaria de platafor­mas, tanto de aguas someras como profundas.

Es una combinación de una nego­ciación de mejores términos con los proveedores y de reducción en el gasto, con un programa de austeridad que nos ha permitido acomodarnos a esta nueva realidad de un precio menor y mantener un nivel de inversión consis­tente con nuestro plan estratégico.

 

― Si sumamos esos 62,000 mdp por reduc­ción de gastos y agregamos reducciones de costos de estas otras iniciativas que me comentas, ¿hay alguna cifra de los recursos liberados?

― Cifra exacta no. Te puedo dar algunos datos en general de la reducción de la renta diaria de las plataformas; fue de alrededor de 35% y adicionalmente hicimos un uso más eficiente de estas, redujimos su número en 20, no hay otra región en el mundo en donde se opere con tantas plataformas en una área tan concentrada; en el sureste del Golfo de México pasamos en números redondos de 65 a 45 plataformas. Así que se trata de un uso más eficiente de plataformas, reducir su número y el costo individual de cada una de ellas.

 

― Sobre el patrimonio negativo de Pemex, ¿cuánto se podría disminuir el año que entra con estas iniciativas?

― Hay dos variables que afectan el capital negativo. Una es el tipo de cambio; de los 167,000 mdp que perdimos el último bimestre, prácticamente 67,000 mdp fueron por pérdida cambiaria, pues la deuda en circulación de Pemex está fundamentalmente denominada en dólares. No es que contratáramos más deuda ni que tuviéramos que des­embolsar nada, simplemente la deuda expresada en pesos vale más.

Si el tipo de cambio nos favorece, ya no tendremos más pérdidas cambia­rias. Y si el precio del crudo tuviera alguna recuperación, tendríamos mejores resultados.

Por otro lado, está lo que avanzamos en cuanto al pasivo laboral; todavía no puedo dar cifras oficiales. Tengo desde hace varias semanas el cálculo interno que hi­cimos, pero estamos en proceso de negociación de capitalización con Hacienda y por esa razón no hemos hecho público el dato. Hicimos un modelo para determinar nuestros ahorros, estos ya fueron validados por un actuario independiente y por nuestro auditor, y ya tenemos perfectamente amarradas esas ci­fras, solamente estamos en proceso de discusión y validación por parte de Hacienda para recibir la capitalización; en cuanto ésta se reciba, estaremos en posibilidad de hacer público el dato.

 

― En cuanto a las bajas de calificación que recibió Pemex recientemente, ¿cuál va a ser el impacto y qué alternativas buscan en los mercados?

― No hubo un impacto importante, de hecho cuando Moody´s puso en revisión la calificación de los bonos prácticamente no se movieron. La razón es que hace un año Moody´s nos había dado un uprate en la calificación, y la colocaba arriba del resto de las calificaciones.

Con las bajas, apenas estaríamos poniéndonos en línea con las otras dos, por eso la reacción del mercado fue nula o moderada. Lo que el mercado no anticipaba era que nos mantuvieran en rango negativo, así que hemos estado trabajando, no por las calificaciones de Moody´s sino por es­trategia y para ajustarnos a la situación de la industria, en iniciativas que nos van a ayudar a resolver o mejorar la estructura de capital de Pemex.

 

― ¿Cuándo estarán en esa ronda de finan­ciamiento, en qué etapa del año?

― Pemex sale temprano en el año en transacciones en dólares. Pero hemos sido muy cautos en mantener una posición que nos permita buscar una nueva ventana y no tener prisa.

Si las condiciones lo permiten, po­dríamos estar saliendo (a los merca­dos de deuda) tan pronto como enero o febrero.

 

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