El reto de la industria textil en República Dominicana está en lograr que la moda de autor llegue a un público masivo, sin perder su calidad o la exclusividad de sus diseños.

 

Por Felivia Mejía

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Un vistazo a la lista de millonarios de Forbes nos deja al descubierto que quienes han logra­do inmensas fortunas en el negocio de textiles provienen de la venta de moda rápida y la denominada prêt-à-porter (listo para llevar). Diseños exclusivos al alcance de la mayoría.

En República Dominicana la moda de autor aún no ha trascen­dido a las masas, como se ha dado con diseñadores de otros países que han logrado llegar a un público más amplio sin perder su calidad o la ex­clusividad de sus diseños. Podemos citar contadas excepciones que se han dado en el país, como la inicia­tiva que tuvo la tienda por departa­mentos Jumbo, que ha presentado líneas de ropa de diseñadores como Sully Bonnelly y Jenny Polanco a un costo asequible para la mayoría.

Los dos primeros millonarios de la lista Forbes 2015 ligados al comercio textil son Amancio Ortega, de la firma Zara, que ocupa el cuarto lugar entre todos los ricos, con un patrimonio neto de 64,500 millones de dólares (mdd).

El español empezó con su em­presa Inditex en 1975 vendiendo ropa interior y batas de baño que confeccionaba junto a su esposa en la sala de su casa.

A Ortega le sigue Steffan Person, la persona más rica de Suecia gra­cias al minorista de la moda rápida H&M, una empresa que fundó su padre en 1947. Su patrimonio neto asciende a 24,500 mdd.

De esas cifras siguen estando lejos los diseñadores dominicanos, pero son muchos los que están en crecimiento y cada año cierran con ventas millonarias en dólares que demuestran la rentabilidad del sector en el país.

El gran referente de la moda do­minicana lo es Óscar de la Renta, fallecido hace justo un año, cuyo emporio registraba ventas anuales alrededor de los 20 mdd. De la Renta, el más internacional, logró que su propuesta trascendie­ra las fronteras de esta media isla, que llegara al clóset de damas muy exclusivas, pero también tuvo la visión del negocio que representa la moda y ofreció una propuesta de costos asequibles que masificó su oferta. Fue el diseñador favori­to de varias primeras damas de Estados Unidos. Vistió a grandes celebridades como Madonna, Anne Hathaway, Scarlett Johansson, Pe­nélope Cruz, Sarah Jessica Parker, Cameron Diaz y Shakira.

El diseñador Moisés Quesada opina que el mercado de moda local es relativamente lento. “Sabemos que la moda es un negocio de inversión a largo plazo, se estima que el retorno es a cinco años. Creo que aquí funciona, pero la oferta debería regularse, formalizarse y tener reglas claras de qué clase de producto se está presentando ante el mercado”, dice.

De la venta de moda masiva un buen ejemplo dominicano es la firma Camila, con 26 años en el mercado, dedicada a la fabrica­ción y distribución de ropa casual de mujer, convirtiéndose en líder en su género.

Tiene presencia en las prin­cipales tiendas de la República Dominicana, Panamá, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica. Sus 300 empleados cortan al año aproximadamente 700,000 yardas de tela.

Alba Luz Díaz, quien junto a su esposo Persio Abreu abrió la fábrica en mayo de 1986, opina que República Dominicana tiene un gran potencial por la proximi­dad geográfica con Estados Unidos y Centroamérica para responder en corto tiempo los pedidos. “Esto nos permite agilidad y la capacidad de suplir pequeños volúmenes con más variedad; lo que nos coloca en una posición ventajosa frente a China y otros países. Además, las grandes cadenas de tiendas de la República Dominicana han mostrado una buena apertura hacia la producción local”, expresa.

En cuanto al diseño de autor, el director artístico de Domini­cana Moda, Sócrates McKinney, opina que la moda de autor se ha quedado para una élite muy exclusiva que generalmente se viste a la medida.

“Aquí se mantiene la tradición de coserse a la medida, pero eso se ve como un lujo. Lo que quisiera ver es que cada vez haya más firmas dominicanas que tengan di­rectores creativos que sean diseña­dores, así podremos tener muchas Camila y Blue Country, que son firmas dominicanas que se hacen con criterio de diseño pero que son para consumo masivo”, dice.

Piensa que el gran paso sería que más tiendas se animen a acordar con diseñadores para hacer ropa al alcance de un público más amplio.

Anny Abate, diseñadora y crítica de moda, opina que el sector crece básicamente acorde a las posibili­dades de cada diseñador: “Podría llamarse el sector de las relaciones o de la suerte, más que el mismo talento que pueda tener el indivi­duo. Puedes encontrar diseñadores con un talento increíble, pero que no tiene los recursos para proyec­tar su trabajo”.

Expresa que en los últimos 30 años la moda dominicana ha tenido un valor agregado por la calidad de los diseñadores egresados de escuelas que se ha sumado en ese tiempo. “Si un diseñador no estudia, no va a tener una sostenibilidad a largo plazo, su proyecto se podría caer. Estamos en crecimiento. Esta­mos en desarrollo. Estamos dando los pasos pero todavía no tenemos nada en concreto. El gobierno debe invertir en la educación de este sector”, agrega.

 

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