Cuando se ganan las elecciones en la forma como lo hicieron Morena y sus diferentes partidos satélites el pasado 1 de julio de 2018, la tentación de ejercer el poder a raja tabla y tomar la mayoría de las decisiones sin preguntar a otras fuerzas políticas es muy cautivadora. Sin embargo, la lógica de un país democrático, plural, diverso y complejo exige una madurez mucho mayor para estos efectos. No se trata de aplastar, sino de lograr que se tengan las mejores condiciones para todos los habitantes del país.

Es decir, para lograr el mejor logro posible no hay nada mejor que la construcción de acuerdos transversales. Ese diálogo permanente con las demás fuerzas políticas, sociales, económicas, gremiales y ciudadanas, pueden ser la llave para tener verdaderos éxitos de gobierno. Lo contrario, el simplemente imponer agenda, definir temas, y actuar unilateralmente no es una buena opción si se quieren lograr resultados buenos y duraderos. Es por esto que requerimos urgentemente ver de la Cuarta Transformación una actitud radicalmente distinta a la que han venido desplegando, si es que aspiramos a tener un país que pueda trabajar con unidad y objetivos comunes.

Estamos en un momento históricamente complejo y muy relevante para el país. Se presentan ante nosotros retos formidables, lo que hoy se decida puede fijar la ruta del país por varias décadas. Las decisiones se agolpan y las complejidades se multiplican. Y, sin embargo, lo que estamos presenciando es una irresponsable dinámica en la que AMLO está tomando las decisiones más importantes en materias de impacto nacional y transversal, sin tomar en cuenta las voces de expertos, sin que se crucen datos duros, sin rebotar ideas entre los distintos sectores o personas involucradas, y en general, con una superficialidad apabullante.

Las perspectivas son ominosas si se sigue esta ruta. En temas como la Guardia Nacional, la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco, la suspensión de las estancia infantiles, la adjudicación de contratos y obras a fuerzas armadas sin licitaciones públicas, la eliminación de personal calificado en posiciones importantes del gobierno, la dilución de los organismos reguladores, la designación de personas afines (y en su mayoría sin experiencia o capacidad) en puestos claves, y la destrucción de contrapesos. El común denominador es lograr una única perspectiva de la 4T, en particular, otorgar a AMLO las riendas completas del país. Los riesgos son formidables porque el juego es perverso, en cuanto a opacidad e intolerancia se refiere.

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Aunque tenemos un enorme compromiso para cerrar la brecha que divide a la población en temas como: trabajo, seguridad, justicia, educación, salud y oportunidades, la ruta actual de la 4T no solamente no resolverá estos temas, en cambio, los exacerbará y profundizará. La única forma de realmente generar mejores condiciones de igualdad y solidaridad es mediante crecimiento económico, educación de calidad, clínicas de salud profesionales, instituciones policiales y de procuración de justicia civiles bien preparadas y entrenadas; en general, decisiones bien sustentadas y evaluadas.

El destino actual es peligroso porque se están poniendo a prueba las reglas de la lógica y el sentido común. El resultado ya lo estamos viendo, Pemex está por perder el grado de inversión, y eso traería un efecto similar para el país. De esta manera, se vendría una salida masiva de recursos debido a las decisiones abruptas de los inversionistas extranjeros, particularmente de los fondos de capital, los cuales se verán obligados a salir masivamente del país. Y es que los mercados son implacables ante las pifias y decisiones ilógicas. En este gobierno han abundado las medidas equivocadas, desde que se decidió cancelar el aeropuerto de Texcoco, en lo que fácilmente resulta la peor decisión que se haya visto en materia de infraestructura, inversión, financiamiento, operación, logística, turismo, industria etc.

Es poderosamente hiriente el hecho de que se han tomado, y se siguen tomando decisiones sin que haya estudios, datos duros, u opiniones de verdaderos expertos o fuentes confiables que apoyen al derrotero de lo que se reproduce, como la decisión del tema o en muchos casos del día, en una pésima estrategia en cuanto a trascendencia se refiere, sin importar que domine la agenda mediática. Tomando esto en cuenta, es aún más preocupante si se toma en cuenta que, ante los múltiples errores la 4T, ésta ha optado por no recapacitar en meter reversa a los temas donde sería prudente reconocer que hubo una “mala decisión” e intentar por otra vía. Sin embargo, en lugar de ello, estamos viendo cómo se empecinan en la trayectoria equivocada y no dan el brazo a torcer. La cancelación del aeropuerto de Texcoco y el diseño de la Guardia Nacional, son ejemplos perfectos de cómo puede más la necedad que la razón.

Otro ingrediente muy preocupante es el creciente nivel de intolerancia a la crítica. Estamos viendo cómo algunos miembros de la administración, y el presidente, han dado muestras de hacer caso omiso y ya no escuchar; peor aún de no aceptar forma alguna de disenso. No importa si el punto de vista distinto proviene de expertos y gente bien informada de los temas técnicos que se tratan, la tendencia es simplemente no recibir puntos de vista distintos y en fechas recientes a utilizar el peso del Estado (incluso utilizando información confidencial) para denostar a los “enemigos de la 4T” y crucificarlos públicamente como inmorales. Lo sucedido recientemente con los presidentes de la CRE y la Cofece son muestra de lo anterior. Este uso faccioso de las instituciones y recursos al alcance de los servidores públicos es muy preocupante, porque justamente un buen gobernante es aquel que sabe escuchar y ser criticado, para no perder el piso y conocer las implicaciones de todas las decisiones que se toman.

Ahora bien, es importante resaltar que, como se divisa el panorama, tenemos un panorama sombrío si es que la actual administración no entiende que su misión es muy distinta a lo que hoy realiza. Destruir instituciones, concentrar poder, censurar opositores, denostar a contrarios, vetar la aplicación de la ley, y conducir las cosas como si la ley fuera un adorno, no puede sino detonar serios problemas en un muy corto plazo. Ningún país que se jacte o demuestre ser una democracia funcional y productiva ha logrado éxitos con una trayectoria como la que estamos viendo con López Obrador y su Cuarta Transformación. Los daños aún no son irreversibles, pero de seguir, los vamos a ver y las consecuencias pueden llegar a ser devastadoras. Por otro lado, en el terreno económico nos adelantamos a decir que no se vale que nos digan que las adversidades son resultado de la corrupción o defectos anteriores; en primera porque se está advirtiendo desde ahora sobre lo que puede generarse si se continúa errando; segundo, porque si no se ataca la corrupción del pasado es porque AMLO está honrando un acuerdo despreciable de no ir contra los que lo precedieron, ¿será que entregaron la plaza antes de la elección y sin batalla alguna?.

Por todo lo anterior, sostenemos que, aunque tuvieron una victoria en los comicios del año pasado, no es válido que se abuse de dicha posición de responsabilidad. Más bien, se trata de actuar con mucha calidad en los temas que se abordan para lograr los mejores resultados. Por ello, no hay que vencer, sino convencer en el camino. Solamente así se entenderá que existen los elementos y requisitos para un gobierno bueno y eficaz, como el que prometió encabezar Andrés Manuel López Obrador en su discurso inaugural. A la fecha no parece que esté logrando cumplir dicha promesa, a pesar de que sus niveles de popularidad sean muy altos, lo cual obedece a una capacidad reactiva y una campaña de comunicación buena, pero que no alcanzará para amortiguar el golpe de una economía que caiga estrepitosamente al venirse una salida masiva de capitales, dilapidando al país a una recesión respectiva.

P.D.: Le recordamos al presidente que la estela de abusos y corrupción que le permitieron obtener una aplastante victoria el 1 de julio de 2018, no puede ni debe mantenerse en la impunidad, puesto que implicaría cierto grado de complicidad, una facultad de no ejercicio que no le corresponde. incluso considerando lo que haya ofrecido como parte de un paquete transexenal. En ese sentido, más allá de la responsabilidad que le corresponde a Enrique Peña Nieto como cabeza de la administración pasada, también es pertinente hacer una mención especial, por su responsabilidad en el diseño y ejecución de múltiples formas de corrupción y abuso, el multi chambas Luis Videgaray quien, entre otras cosas, fue el verdadero líder detrás del trono, a pesar de no haber figurado en las boletas del 2012. Una buena parte de todo lo malo que le ocurra al país, ahora y en los años por venir, es responsabilidad directa de este nefasto personaje, a quien seguramente la historia le guardará como una de las figuras negras en el servicio público. Ojalá que pronto se acabe el manto protector y se investigue a profundidad todas las fechorías, y, agotado el debido proceso, las autoridades correspondientes resarzan el daño al erario público y purguen las penas respectivas a todos los que hayan abusado de su poder. Solamente así aspiraremos a tener un país con aspiraciones reales de democracia y justicia.

 

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