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Es un magnate de Internet que puede ser un supervillano que viola la propiedad intelectual o un luchador por la libertad de los oprimidos, dependiendo de a quién se le pregunte. Conozcan los planes de Kim para conquistar el mundo.

 

Por Andy Greenberg

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Kim Dotcom, también conocido como Kim Tim Jim Vestor, también conocido como Kim Schmitz, no se comporta mucho como un hombre cuyas finanzas están en números rojos.

A las 11 de la mañana de un martes me está dando un paseo en un carrito de golf por sus 60 hectáreas de terreno a las afueras de Auckland, Nueva Zelanda. Se desplaza entre una arboleda de olivos con alarmante velocidad —ha desinstalado el regulador de velocidad a su flota de buggies eléctricos y pueden alcanzar hasta los 31 kilómetros por hora—. Nos deslizamos más allá de su viñedo que produce 2,000 botellas por año y subimos una colina hacia su mansión de 30 millones de dólares (mdd) que tiene un laberinto, una sala de Xbox con una pantalla hecha de cinco monitores y una pantalla de agua de 23 metros.

Considerando que le debe millones de dólares a sus abogados y ahora tiene que criar a sus cinco hijos con un subsidio del gobierno de 20,000 al mes debido a que sus cuentas bancarias se encuentran congeladas, ¿no sería prudente llevar una vida un poco más sencilla?

“De ninguna manera”, dijo, apoyando su enorme cuerpo de 2 metros y más de 150 kilos en el volante. “Eso significaría permitir que su truco quede impune. No voy a aceptar eso. Al quedarme aquí les estoy diciendo, ‘¡Hey, ustedes, no pueden derrotarme!’”

El “truco” al que Dotcom se refiere es la redada policial (que incluyó hasta un helicóptero) en su mansión, la cual fue noticia mundial hace 18 meses y la que coincidió con la acusación presentada por Estados Unidos para cerrar su constelación ultrapopular de sitios web de la marca Mega bajo los cargos de alojar archivos ilegales de películas y música valuados en más de 500 millones de dólares.

En un parpadeo Puntocom pasó de ser un empresario underground a a una de las figuras más públicas y controvertidas de Internet. Sus dominios de internet, incluyendo el buque insignia Megaupload.com, son ahora propiedad del gobierno de EU. Sus servidores han sido arrancados de centros de datos en todo el mundo y permanecen guardados como evidencia en almacenes federales. Ha tenido que dejar ir a 44 de los 52 miembros de su personal de servicio, así como a cientos de empleados de Megaupload. 16 de sus 18 vehículos han sido incautados o vendidos.

Pero hoy Kim Dotcom pone todo eso en el espejo retrovisor de carrito de golf tuneado. Su nuevo emprendimiento de almacenamiento, llamado simplemente Mega, lanzado desafiantemente el 20 de enero, a un año de  la repentina desaparición de Megaupload. Ya suma más de 3 millones de usuarios registrados. Sus ingenieros me dicen que está moviendo 52 gigabits de datos por segundo, que es casi la mitad de todo el ancho de banda de Nueva Zelanda, y está creciendo 30% a la semana. El tráfico ha sido impulsada en parte por el propio personaje de Dotcom: un magnate de Internet que puede ser un supervillano del robo de propiedad intelectual o un luchador por la libertad de los oprimidos, dependiendo de a quién se le pregunte.

De cualquier manera, Dotcom ha aprendido de sus desventuras legales y promesas que la camarilla de derechos de autor encontrará esta empresa mucho más difícil de apagar. Mega es “la Compañía de la privacidad.” A diferencia de Megaupload, todo lo enviado a Mega es encriptado. Nadie puede descifrar los archivos encriptados, excepto el usuario. No el FBI, no la Motion Picture Association of America, ni siquiera Kim Dotcom. Mega exige que las autoridades mantengan sus ojos lejos de los servidores y se abstengan de fisgonear los archivos de sus usuarios, un ideal libertario que encaja perfectamente en la narrativa personal de Dotcom como víctima de la extralimitación del gobierno de EU en el mundo digital. “Mega no es sólo una empresa”, dice. “Es una misión para cifrar el Internet. Queremos dar el poder al usuario.”

La venganza que Dotcom está planeando, dice, será doble: no sólo su nueva y mejor compañía será inmune frente a sus enemigos, sino que también ha contratado a un equipo de 28 abogados globales que él cree que obligarán al gobierno de EU a pagar por tratar a Internet como una colonia subyugada.

Kim dirige su carrito de golf hasta una empinada colina con vistas a una cima de su propiedad, con esculturas de jirafas de tamaño natural en la distancia y las letras MEGA de 4.5 metros de altura sobresaliendo en el panorama, al lado de su camino sinuoso.

“Éste es sólo un punto bajo”, dice Dotcom en voz baja. Pero su mal humor no dura mucho tiempo. “Voy a ser más grande que nunca.”

La casa de Kim, vía su twitter personal.

La casa de Kim, vía su twitter personal.

 

EN 2009, UN ESTUDIO realizado por la firma de investigación de tráfico Arbor Networks y la Universidad de Michigan descubrió que un puñado poco conocido de sitios era responsable de una gigantesca cantidad de datos —su empresa de hosting de Internet estaba usando el doble de ancho de banda que Facebook—. Los sitios, entre ellos Megaupload y Megavideo, parecían haber sido registrados en 2005 a nombre de Kim Schmitz, un ex-hacker y ex convicto alemán. Sin embargo, un portavoz de Megavideo dijo entonces a Forbes que ninguna persona con ese nombre estaba relacionada con la empresa.

“Técnicamente eso era correcto,” dice el fundador de Megaupload, de 39 años de edad, años más tarde. En 2005 Kim Schmitz había cambiado legalmente su nombre por el de Kim Dotcom, y no ve la necesidad de revelar su nueva identidad a un reportero entrometido. “En ese entonces mantuve un perfil bajo.”

Kim Dotcom puede haber sido tímido ante la publicidad, pero Kim Schmitz ya había estado en un montón de encabezados periodísticos. Creciendo en la norteña ciudad alemana de Kiel, el Schmitz adolescente había sido una notoria figura en el incipiente underground de un naciente Internet. Antes del advenimiento de la Web, Schmitz dirigió un servicio de anuncios llamado “House of Coolness” que los usuarios recuerden como un centro de intercambio de tarjetas telefónicas robadas y videojuegos con las protecciones anticopiado modificadas. (Hoy Dotcom niega con tanta vehemencia que el servicio hospedara material que infringía las leyes de derechos de autor que amenazó con emprender acciones legales para impedir que publicáramos esa historia.)

Aprendiendo de los hackers que visitaban su foro, Schmitz desarrolló una habilidad para irrumpir en conmutadores telefónicos corporativos, conocidos como PBX, para secuestrar los módems y que pudieran ser utilizados como conexiones gratuitas a Internet. Usando el nombre de guerra Kimble, se jactó en la revista Forbes en 1992 de haber comprometido más de 500 de los sistemas. Schmitz pronto fue arrestado por la policía alemana por un esquema que le ganó 50,000 dólares al canalizar el tráfico PBX hackeado a un servicio de anuncios pagados que había creado en Hong Kong.

Después de dos años de libertad condicional Schmitz aprovechó su reputación de pirata informático en una empresa de seguridad que luego vendió al conglomerado técnico alemán TUV Rheinland. Ganó notoriedad como un llamativo inversionista en empresas dotcom, ofreciendo grandes fiestas, alquilando de yates y ganando un rally a través del continente de ida y vuelta de Londres a San Petersburgo en su Mercedes Brabus modificado. Pero en 2002 Dotcom fue acusado de usar información privilegiada por su participación en una empresa similar a Groupon, llamada Letsbuyit, y se declaró culpable. Con su reputación hecha trizas en Alemania, huyó a Hong Kong y cambió su nombre por el de Kim Tim Jim Vestor, intercambiando nombres a capricho (Kim Vestor, Tim Vestor y Jim Vestor, todos suenan a investor, inversionista).

El nuevo esquema de Kim, y el que se convertiría en el más lucrativo de su carrera, surgió de un problema sencillo en Internet antes de YouTube. No había ninguna manera fácil de adjuntar archivos de video en un correo electrónico,  como clips de sus carreras de autos. Así que él, su viejo amigo hacker Matthias Ortmann y Bram Van Der Kolk, un fan de Kim de sus días de corredor, crearon Megaupload, un servicio de almacenamiento de datos y video de bajo costo. La compañía, con sede en Hong Kong, comenzó a aparecer en los foros de carreras y rápidamente duplicaba su número de usuarios a base anual. El empresario y hacker de 34 años de Kiel cambió su nombre por última vez para reflejar sus nuevas ambiciones digitales: Kim Dotcom.

Dotcom describe esos años en Hong Kong como “la mejor época de mi vida”. Comenzó a rentar el piso superior del Grand Hyatt de Hong Kong y hacía frecuentes viajes a las Filipinas, donde reclutó personal extranjero y conoció a su esposa, la ex modelo Mona Verga. Pronto, relata, empleaba a 12 personas en Hong Kong, 90 en Filipinas y docenas más en Alemania, México, Brasil, Gran Bretaña y Portugal.

keep_calmA medida que Megaupload crecía, un ecosistema de servicios ilegales comenzó a formarse a su alrededor, como rémoras alrededor de una ballena. Sitios como SurfTheChannel, Quicksilverscreen y FilesTube comenzaron a catalogar en Megaupload temporadas enteras de programas de televisión con derechos de autor, música y películas pirateadas. Dotcom dice que tuvo el cuidado de respetar el acta de derechos de autor digitales de EU “(llamada DMCA), que requería que sus sitios bajaran el contenido infractor después de que fuera señalado por el propietario del contenido. Sin embargo, los archivos con frecuencia reaparecían a los pocos días. En 2009 Forbes rastreó una película, Distrito 9, que fue subida a Megavideo más de 127 veces y bajada 89 veces.

Aún así, los sitios de Dotcom fueron utilizados también para almacenar y compartir archivos de manera legal. Los usuarios incluían a empleados de 70 de las 100 empresas más grandes del mundo, según los cálculos de Dotcom, y estaba seguro de que su servicio estaba bajo el cobijo seguro de la DMCA, que pone la responsabilidad en el propietario de los derechos, no en empresas como Megaupload. En el peor de los casos, esperaba una demanda de derechos de autor como la que Viacom lanzó en contra de Google por YouTube, la cual fue ganada por Google en 2010. (Viacom ganó una apelación y el caso está ahora de vuelta en proceso.)

Para 2011 Megaupload se había convertido en un gigante de Internet, empujando 1.5 terabits por segundo de ancho de banda en horas pico. Según el Departamento de Justicia, la compañía generó 175 millones de dólares en ventas durante su vida útil, gracias, en su mayoría, a las cuentas premium (los federales dicen que Dotcom se embolsó 42 mdd en 2010). El sitio tenía 150 millones de usuarios registrados, y Dotcom planeaba una oferta pública que esperaba le diera una valuación de más 2,000 mdd. Con su participación de 65% en la compañía, Kim tendría una fortuna de más de 1,000 mdd.

Entonces, un día antes de su cumpleaños número 38, el gobierno de EU se lo quitó todo.

 

APENAS UNOS DÍAS antes de la redad en la mansión de Dotcom, una ola de protestas en internet había persuadido al Congreso de EU de desechar la propuesta de la Ley para Detener la Piratería en Línea (SOPA), un proyecto de ley que habría censurado los llamados “sitios web extranjeros delincuentes” acusados ​​de romper las leyes de derechos de autor. Cuando Megaupload fue bajada repentinamente “fue una sentencia de muerte sin veredicto”, dice Julián Sánchez, un investigador de políticas para Internet del Instituto Cato. “Hay que preguntarse si fue pensado para enviar un mensaje a sitios de todo el mundo: ‘No creas que estás a salvo sólo porque SOPA fue derrotada’”

El grupo de hackers Anonymous se subió en un frenesí de venganza, lanzando ataques cibernéticos contra el Departamento de Justicia, el FBI, la MPAA y los sitios web Universal Music. Un blogger comparó el derribo de Megaupload con la quema de la Biblioteca de Alejandría. El grupo de derechos digitales Electronic Frontier Foundation lanzó MegaRetrieval, que buscaba que el gobierno de Estados Unidos devolviera todos sus datos a los usuarios legítimos de Megaupload.

En los meses siguientes la fiscalía cometería errores graves: un tribunal de Nueva Zelanda descubrió que la evidencia del caso había sido trasladada ilegalmente de Auckland a EU y pronto se hizo evidente que un tratado de extradición de Nueva Zelanda no cubría la infracción de derechos de autor; EU tendría que demostrar en un tribunal Kiwi que el personal de Megaupload había participado en una conspiración delictiva de tipo mafioso y que había violado la ley RICO. Por último, la agencia de espionaje de Nueva Zelanda admitió que había vigilado ilegalmente la casa de Dotcom, forzando al primer ministro a emitir una disculpa pública.

Mientras tanto, Kim Dotcom se preparaba para la ofensiva. Durante su breve periodo en prisión, Dotcom y Ortmann comenzaron una lluvia de ideas para formar una nueva empresa. Su arma secreta: el cifrado absoluto.

Ortmann, que estaba de visita en la casa de Dotcom por su cumpleaños cuando se produjo el ataque, ahora estaba legalmente atrapado en Nueva Zelanda. Así que se fue a vivir con Van Der Kolk, y en septiembre de 2012 comenzó a codificar el nuevo sitio. “El mayor error de la fiscalía fue mudaros juntos a Bram y a mí”, dice Ortmann cuando nos encontramos en su sala-oficina, que comparte con Van Der Kolk y tiene vista al volcán Orakei Basin, en Auckland. Mientras señala su oficina compartida dice “aquí es donde nació la nueva Mega”.

El sitio fue lanzado en un evento rimbombante en la Mansión Dotcom, con artistas maoríes y una parodia de la redada policial que incluyó un falso equipo SWAT bajando a rappel desde su techo y un helicóptero real. A los usuarios de Mega se les ofrecieron 50 gigabytes de almacenamiento de forma gratuita, en comparación con los 2 gigabytes de Dropbox, los 5 de Google o Apple, y los 7 de Microsoft. En las primeras 24 horas el lugar ganó un millón de usuarios y está en camino a reunir millones de cuentas premium en su primer año.

El servicio que montaron Ortmann y Van Der Kolk ofrece características de privacidad que pocos se han atrevido a poner a prueba. Cuando un usuario se inscribe, un par de claves criptográficas se generan en el navegador sin esfuerzo de cifrar y descifrar archivos y sin necesidad de descargas.

Ya sea que el cifrado basado en el navegador pueda hacer frente o no a los crackers, el asunto central en la empresa no es cuán ocultos están los datos de los espías, sino de la empresa. Su configuración de cifrado significa que Mega no puede ser considerado responsable de filtrado de contenidos con derechos de autor, dando la vuelta a la ambigüedad legal de la DMCA. “Lo que importa es la capacidad de Mega para asegurar plausiblemente que no tiene ninguna forma de identificar el material con derechos de autor en sus servidores”, dice el criptógrafo Moxie Moulinsart, ex director de Seguridad del Producto en Twitter.

Ortmann niega que Mega esté participando en la “ceguera voluntaria” y dice que está haciendo todo lo posible para ofrecer privacidad real a los usuarios. Pero el propio Dotcom afirma que un servicio de verdadera privacidad significa que nadie, ni siquiera el propio servicio, sabe lo que está almacenando. Si es necesario, Mega trabajará con la policía para entregar datos no relacionados con los archivos almacenados, como direcciones IP. Pero no expondrá —técnicamente no puede hacerlo— los datos de los usuarios. “Si construyes una carretera, no sabes lo que transportan los camiones que circulan por ella. ¿Por qué deberíamos saberlo nosotros? Son sus datos, es su negocio”, dice Dotcom.

El almacenamiento basado en navegador es sólo el comienzo para Mega. Las aplicaciones móviles para Android y iOS estarán disponibles muy pronto. A finales de este año Dotcom dice que ofrecerán correo electrónico y mensajes de texto cifrados y, después, llamadas de voz encriptadas para competir con Google y Skype. Y él también está incubando planes para un competidor de Spotify llamada Megabox, un servicio de música original que permitirá al artista quedarse con el 90% de los ingresos. Afirma que está planeando una oferta pública inicial para Mega en la bolsa de Nueva Zelandia el año que viene.

“Por el momento esto es todo. Voy ya he construido el próximo imperio en línea”, dice Dotcom.

 

CUANDO NOS SENTAMOS en el patio de su mansión, junto a la piscina, Dotcom considera su futuro y su estado de ánimo se oscurece. “Vamos a demandar al gobierno de EU … Vamos a destruir los estudios que desencadenaron toda esto desinformación y corrupción”, advierte. “Alguien va a pagar. No me conformaré con un apretón de manos y una disculpa. Y no voy a pasar un solo día en una cárcel de EU”.

Continúa con uno de sus muchos cuentos de carreras: En la recta final de 500 metros de la carrera de que inició en Marruecos y terminó en Cannes, Dotcom y su copiloto Ortmann se metieron en un embotellamiento en la calle principal de Cannes, el Boulevard de la Croisette.

Dotcom no dudó: condujo su Mercedes sobre la acera, entre las palmeras y la gente. Ante el azoro de los turistas, rebasó a sus competidores y se detuvo frente al hotel Carlton Cannes para ganar la carrera. “Parecía que habíamos perdido y no había manera. Pero encontramos un carril”, reflexiona Dotcom. “Éste es mi don. Siempre voy a encontrar un camino.”

Y que Dios ayude a cualquiera que se ponga en su camino.

 

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