De acuerdo con las principales observaciones y recomendaciones del estudio Diagnóstico de la evolución y perspectivas del Programa Pueblos Mágicos, que pronto saldrá a la luz, el gobierno de Felipe Calderón otorgó esta etiqueta a localidades que no lo merecían; el programa se distorsionó y perdió credibilidad. Frente a eso, 26 poblados podrían salir del club.

 

 

Por Gustavo Armenta

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Un aire de fiesta se respiraba aquella tar­de en la pequeña localidad de Todos Santos. Alrededor de ese diminuto Zócalo ya estaban listos puestos de comida y bebida adornados con grandes y verdes palmas, como si fuera Domingo de Ramos. Hasta ese momento, este poblado de Baja California Sur se jactaba de ser histórico, recordándole a sus visitantes que aquí está el Hotel California, que los Eagles inmortalizaron con una canción allá por los setenta. Pero había un motivo más para presumir: esa tarde, Todos Santos sería declarado Pueblo Mágico.

El entonces secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, llegó junto con el gober­nador y el presidente municipal, y la fiesta inició. Hubo de todo: la declaratoria oficial, discursos, música y baile. Por mandato oficial, el día siguiente fue de asueto.

Cada quien tenía sus razones para estar feliz. La gente del pueblo celebraba porque Todos Santos era mágico, mientras que a los políticos se les había abierto la puerta para recibir más dinero de fondos federales y estatales; recursos que al año siguiente sumarían 226 millones de pesos (mdp). En siete años (de 2006 a 2012), este programa federal acumuló una bolsa de 3,300 mdp, repartidos entre todos los participantes del programa.

A 13 años de su creación, el negocio de los “Pueblos Mágicos” genera una derrama económica de 7,200 mdp al año, ligeramente superior a lo que produce el turismo fronte­rizo (7,100 mdp) y muy por arriba de lo que dejan los viajeros que bajan de los cruceros (4,795 mdp).

No obstante, hoy muchos “Pueblos Má­gicos” se encuentran en problemas. De acuerdo con el Diagnóstico de la evo­lución y perspectivas del Programa “Pueblos Mágicos”, que pronto se dará a conocer, se abusó del programa en el sexenio anterior, y ello obligó a la actual Secretaría de Turismo a frenarlo, para ponerlo en revisión.

Fue así que se le encargó un estudio a la consultoría EB Turismo, al que tuvo acceso Forbes México y que, hasta el cierre de esta edición, aún no se daba a conocer. Con base en sus principales observaciones y recomendaciones, una de sus conclusiones acusa que en la pasada administración se nombró “Pueblo Mágico” a localidades que no lo merecían, por lo cual el programa se distorsionó y perdió credibilidad; hoy, 26 poblaciones requieren ser revisadas.

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Una buena idea

La creación de los “pueblos mágicos” data de 2001. La idea fundamental era que los turistas aprovecharan su estancia en algún centro turístico de ciudades o playas, para conocer poblados atractivos en los alrededores, o que los turistas carreteros se vieran­ran tentados a detenerse en alguna o varias localidades que se encontraran a su paso.

Originalmente eran cinco las condicio­nes que debía reunir un sitio para entrar al programa: estar cerca de un destino turís­tico grande; contar con accesos razonables por carretera; poseer algún atractivo histó­rico o religioso; que la población estuviera dispuesta a participar; que contaran con tiendas de artesanías, restaurantes y comer­cios para que la localidad se beneficiara con el gasto de los potenciales visitantes.

El programa arrancó con el nombra­miento de los tres primeros “Pueblos Mági­cos”: Huasca de Ocampo, en las montañas de Hidalgo; Real de Catorce, pueblo minero casi fantasma de San Luis Potosí, y Mexcal­titán, una diminuta isla lacustre de Nayarit. No obstante, Mexcaltitán fue expulsado del programa por la Sectur en 2009.

Cuando una localidad ingresa al progra­ma recibe varios “beneficios”: fondos fe­derales y estatales, además de obras por las que no paga. Para el rescate de su imagen urbana se pintan las fachadas de las casas, se remozan las principales calles y la CFE quita los cables de electricidad aéreos y los convierte en una red subterránea; además se rescatan sus monumentos patrimoniales, recibe ayuda para desarrollar productos tu­rísticos; a reordenar el comercio informal; se le hace un Plan de Desarrollo; se capacita a la población; se le incluye en los planes de comercialización y promoción.

Todas estas ventajas desper­taron el apetito de los estados por tener varios “Pueblos Mágicos” y rápida­mente a la Sectur –que abrió una convocato­ria– le llovieron solicitudes. Sin embargo, las autoridades federales se mostraron cautelosas y estrictas, lo que desembocó en que el programa creciera lentamente. Así, en poco tiempo se convirtió en uno de los proyectos más sólidos y exitosos de la Sectur.

De 2001 a 2009, cada año sólo se nom­braron unos cuantos, uno o ninguno, para promediar 3.5 “Pueblos Mágicos” anual­mente y dar un total de 32. Pero en marzo de 2010, Gloria Guevara, proveniente de la iniciativa privada, fue nombrada secretaria de Turismo y las cosas cambiaron por completo.

En su primer año al frente de Sectur fueron nombrados cinco nuevos “Pueblos Mágicos”, y después vino un incremento exponencial. En 2011 la cantidad se elevó a 11, con lo cual la cifra llegó a 48.

Ese año, Guevara anunció que para alcanzar el objetivo de mejorar la calidad y concentrar los esfuerzos presupuesta­les, el número de “Pueblos Mágicos” se cerraría en 52.

Pero algo sucedió; no solamente la fun­cionaria incumplió esa promesa, sino que en 2012, último año de ese sexenio, entró en una inexplicable vorágine de nombramien­tos: mientras menos tiempo le quedaba, más “Pueblos Mágicos” surgían, hasta llegar al punto de otorgar la distinguida denomi­nación por paquetes.

 

¿Pierden la magia?

Guevara recibió la Sectur con 32 “Pue­blos Mágicos” y en menos de tres años nombró otros 51, para entregar el gobier­no con un total de 83.

Para Alejandro Morones, ex subsecreta­rio de Operación de Sectur y secretario de Turismo de San Luis Potosí, cuando Real de Catorce ingresó al programa, el crecimiento desmedido de los “Pueblos Mágicos” en los dos últimos años del sexenio de Felipe Calderón se debió a presiones políticas de los gobernadores y alcaldes “para subirse a un programa federal y buscar recursos”.

Por su parte, el entonces director de una empresa transnacional que opera en Méxi­co, a mediados de 2012 se quejó de que, por razones políticas, “estaban prostituyendo al programa”, ya que muchos de los que esta­ba nombrando Gloria Guevara no reunían los requisitos.

En diciembre de 2012, cuando arrancó la administración del presidente Enrique Peña Nieto, y Claudia Ruiz Massieu llegó a su oficina para despachar como nue­va secretaria de Turismo, lo primero que se encontró fue la crisis en que su anteceso­ra había dejado al programa.

“Pueblos Mágicos” es un programa que abarca, en sus 83 localidades, a una pobla­ción de cinco millones de habitantes. En total cuentan con 866 hoteles (la mayoría pequeños, in­cluyendo casonas y haciendas), que suman 21,000 habitaciones, de las cuales 9,140 se concentran en tan sólo 10 poblados.

Hoy, Eduardo Barroso, quien dirige la consultoría EB Turismo, afirma que hay ejemplos muy claros de los beneficios que para algunas comunidades ha traído el programa. Como San Miguel de Allende, que después de seis años de ser “Pueblo Mágico” tuvo que salir del programa porque la UNESCO lo declaró Pa­trimonio Mundial de la Humanidad, o Real de Catorce, que en 11 años incrementó en 1,300% sus visitantes, 670% la derrama económica y 400% sus cuartos de hotel. Uno más es Tequila, pueblo de Jalisco que da denominación de origen a la bebida nacional, que recibió fuerte inversión pública y privada, y de registrar 18,000 visitantes en 2003, el año pasado captó 165,000.

En ese contexto, una de las primeras ac­ciones que ordenó Ruiz Massieu fue poner en pausa el programa. Al mismo tiempo encargó un diagnóstico a la consultoría de Eduardo Barroso, para dictar nuevos lineamientos. Trascendió que el estudio ya fue entre­gado a la Sectur, mismo que está en proceso de revisión en la oficina del subsecretario de Innovación y Desarrollo Turístico.

Durante el Tianguis Turístico que se celebró en Cancún en mayo pasado, Ruiz Massieu afirmó que daría a conocer los nuevos lineamientos para fines de junio. Y el apetito por más dinero federal se reanimó en gobernadores y alcaldes, luego que el presidente Peña Nieto, también en el Tian­guis Turístico, anunciara que su gobierno invertirá 180,000 mdp para ampliar y actua­lizar la infraestructura turística del país. Y que una parte de estos fondos irán a los “Pueblos Mágicos”.

Es por eso que hoy muchos presiden­tes municipales están preocupados por la posibilidad de que salgan o se condicione su permanencia en el programa, pero muchos otros, que actualmente no tienen esta cate­goría, esperan con ansias que se reactive, ya que Peña Nieto aseguró que en este sexenio la cifra llegará a 100 “Pueblos Mágicos”.

Obviamente, la fila de los aspirantes es larga, pero ya sólo quedan 17 lugares, más los huecos que dejen los que lleguen a ser expulsados. Obvio, todos quieren tener su fiesta como la de Todos Santos.

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