Con los cambios de delegados y legisladores, pronto veremos hacia dónde camina el futuro del DF: si por la solución positiva o la perversidad política destructiva.

 

La Ciudad de México vivirá una nueva realidad política y administrativa derivada de las elecciones del pasado 7 de junio, en donde hay cambios en delegados y legisladores que provienen de corrientes políticas diferentes.

Esta configuración es el resultado de la presencia de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), que gobernará en cinco delegaciones y será primera mayoría en la próxima legislatura, con 22 legisladores. El que fue desplazado de su tradicional mayoría fue el PRD (Partido de la Revolución Democrática), siendo esta fuerza política la que apoyó al actual jefe de gobierno para llegar al poder.

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Aquí surge la pregunta de cómo se replantearán los mecanismos de comunicación entre los diferentes actores políticos, con el fin de concretar las iniciativas y los proyectos básicos de la ciudad.

De los dos escenarios, uno positivo y otro negativo, deberíamos de apostarle al que mejore las condiciones de vida de los habitantes del Distrito Federal; esto es que se logre mayor eficiencia en los servicios generales, tanto de seguridad como de agua, drenaje, vialidad, recolección de basura y bacheo, y se mantenga una buena convivencia social.

El otro escenario, el negativo, podría materializarse a través de un diálogo poco productivo, que generara confrontación, lo que detendría la ejecución de presupuestos y proyectos, además de que se haría más lenta la planeación estratégica de la capital a largo plazo. Todo ello llevaría a exacerbar la paciencia de los capitalinos, disminuyendo su calidad de vida.

Los actores políticos de los tres poderes deben estar plenamente conscientes del reto y la obligación que tienen por generar actos que se traduzcan en un mecanismo eficiente para impulsar la competitividad de la capital. El Distrito Federal representa 17.7% del PIB nacional, es el centro económico, político y social del país, diariamente en sus vialidades se realizan más de 22 millones de viajes (de los cuales 4.2 millones provienen del Estado de México) y recibe al año a 4.1 millones de turistas.

A su vez, la capital de la República se ha convertido en el receptáculo de inconformidades nacionales que se muestran en manifestaciones y movilizaciones, la mayoría de las veces promovidas por poderes fácticos, situación que genera pérdidas millonarias; sería sumamente peligroso que a esta situación se le sumaran desencuentros entre las fuerzas políticas que la gobiernan. Por todo esto, será imperativo que se privilegie el diálogo y la construcción de acuerdos entre los poderes, tanto para mejorar las condiciones actuales como para generar una planeación adecuada ante los retos futuros.

En los próximos años, la población del Distrito Federal y su zona metropolitana crecerá 14.9%; pasará de 20.8 a 23.9 millones de habitantes en 2030. Por su parte, en un escenario tendencial (es decir, donde no se toman medidas correctivas), el parque vehicular crecerá 93.8%, pasando de 4.9 a 9.5 millones de vehículos.

Un conglomerado humano como es la Ciudad de México y la zona conurbada requiere de una administración eficiente y técnicamente preparada. No son cotos de poder y privilegios los que hacen la base de la estructura de gobierno; al contrario, estos cotos deberían ser eliminados, neutralizados y llevar la acción de todos de manera direccional hacia el beneficio de la calidad de vida de los habitantes de la Ciudad de México. Los retos son enormes. El costo no sería solamente para la Ciudad de México, sino para todo el país.

Las preguntas están en el aire y el reto está presente: ¿podrá el jefe de gobierno armonizar todos estos intereses? ¿Estarán dispuestos los líderes políticos de PRD, Morena, PRI, PAN y PVEM a replantearse un nuevo paradigma que haga de la Ciudad de México un motor más dinámico de desarrollo y que beneficie a sus habitantes? ¿Se logrará unidad de mando en las unidades críticas como seguridad, vialidad, trabajo, desarrollo económico? ¿Seguiremos fracturados con la angustia que representa vivir en una ciudad como ésta, los mal llamados capitalinos o chilangos?

Veremos muy pronto hacia dónde camina el futuro de la capital: si por la solución positiva o la perversidad política destructiva.

 

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