Huracanes, inundaciones, terremotos… El Caribe es una región que recibe diferentes embates de la naturaleza al año, la falta de protocolos hace que los fenómenos naturales se conviertan en amenazas de vida o muerte. 

 

Por Manauri Jorge

En la tempora­da ciclónica de este 2015 se vaticinaron siete fenóme­nos atmosféricos de envergadura, se esperaban cuatro huracanes con al menos categoría 1 de intensidad, suficiente para causar desastres. Pese a que este ciclo climatológico está por debajo de la media en el Caribe, la vigilancia y el monitoreo deben ser eficientes, por lo que se requiere navegar al compás con la tecnología.

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Y precisamente en ese tópico es donde República Dominicana saca bajas calificaciones. En los más de 48,400 kilómetros cuadra­dos que tiene el país, solo hay un radar —en Punta Cana— que emite informaciones meteorológicas y lleva dos años fuera de servicio por desperfectos en la estructura y los programas internos.

 

Onamet

La Oficina Nacional de Meteoro­logía es la entidad oficial que mo­nitorea el clima y vaticina posibles fenómenos hidrometeorológicos. Para que funcione sin problemas, el subdirector Miguel Campusano considera que debería haber míni­mo tres radares instalados y más estaciones meteorológicas.

El ingeniero geólogo Osiris de León específica que se necesitan tres radares Doppler a instalarse en Punta Cana, Santiago y Barahona, precisamente en las zonas de aero­puertos. En las terminales aéreas es obligatorio el uso de radares para la orientación de los aviones, aunque en el Aeropuerto Internacional de Las Américas falló el radar en marzo de 2014 donde, por falta de un UPS estuvieron alrededor de cuatro horas sin servicio.

En el Presupuesto General de la República no figura la Onamet como entidad autónoma o descentralizada; por el contrario, aparece dentro del Instituto Dominicano de Aviación Civil con una partida anual para operaciones de poco más de RD$43 millones, lo que mensualmente signi­fica unos 3.5 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar).

Como en República Dominicana solo se forman auxiliares meteoroló­gicos, la Onamet se ve en la obligación de enviarlos a otros países como Costa Rica, Chile, México y Puerto Rico para su especialización. El pre­dictor Bolívar Ledesma precisa que desde Estados Unidos le cuestionan sobre cómo logran hacer bien el tra­bajo sin el apoyo necesario de parte del Estado en logística.

“Trabajamos bien, no porque tengamos los recursos, sino porque nos apasiona lo que hacemos y tanto la directora Gloria Ceballos como el ayudante de cualquier departamento hace esto con amor. Es cierto que necesitamos mejores condiciones, pero aun así damos resultados positi­vos”, apuntó el meteorólogo, también formado en el extranjero.

 

Sismológico

En 2011, el Ministerio de Obras Públicas publicó el Reglamento para el análisis y diseño sísmico de estructuras, donde se divide al país en dos zonas de alta y baja sismicidad.

El director del Instituto Sis­mológico Universitario (ISU), Eugenio Polanco, precisa que cuentan con toda la tecnología para desempeñar una labor eficiente. Asegura que poseen 20 estaciones sismológicas y 22 acelerógrafos distribuidas en las zonas de mayor sismicidad, todas en total funcionamiento y actualizadas.

A su juicio, el problema con el ISU no es la falta de equipos o tecnología sino la comunica­ción deficiente. A la fecha no cuentan con un departamento de comunicaciones, redes sociales y, ni siquiera, un portal informati­vo. Dependen directamente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, pero el mismo portal de la academia es deficiente.

“Nosotros tenemos la capacidad de procesar la magnitud, profundi­dad y epicentro de cualquier sismo local en menos de un minuto; no sacamos la información con el tiempo requerido porque no tenemos el canal para eso. Ya estamos trabajando en un portal que se espera esté listo antes de que culmine el año”, apuntó el científico.

El ISU cuenta con tres departamentos centrales que son el de análisis de datos, el de instrumentación y mantenimiento, y el de educación y divulgación. Pese a la alta sismicidad en el país de más de 1,000 sismos anuales, esta entidad solo cuenta con 19 empleados entre técnicos, investi­gadores y administrativos.

“Tenemos estaciones que se instalaron hace dos años y la más antigua se habilitó en el 2002. Contamos con equipos buenos que propician un trabajo de calidad; incluso desde otros países nos pi­den informaciones como en Puerto Rico, Jamaica, Cuba y los Estados Unidos”, acotó Polanco.

Aunque cuentan con decenas de estaciones, reconoce que la cola­boración internacional es lo que ha permitido el buen funcionamiento ante las carencias de recursos es­tatales y la burocracia que se exige para la adquisición de tecnología.

Para la arquitecta y especialista en vulnerabilidad sísmica Jessica Pérez, el país necesita, por lo me­nos, 30 sismógrafos más ubicados en puntos estratégicos. “Cuando ocurre un movimiento telúrico, usualmente las informaciones lle­gan primero desde Estados Unidos o Puerto Rico porque las respuestas locales son deficientes”.

Aunque entre la arquitecta y el director del ISU hay diferen­cias, ambos concuerdan en que el manejo del ente público obstruye el buen desempeño de las entidades científicas por la burocracia. Las donaciones y el apoyo internacional han sido claves para mantener un nivel de eficiencia relativa.

Para el ingeniero Osiris de León, a esta media isla le hace falta insta­lar una red sísmica que cubra todas las fallas activas comenzando con la costa norte desde Montecristi hasta Nagua, Las Terrenas y la Bahía del Rincón en Samaná. Después seguir con la falla Septentrional, la de Enriquillo-Trinchera de los muertos, la falla de la Hispaniola y la de Ocoa.

Y precisamente Polanco ade­lantó que se trabaja en una plata­forma de la Comisión Nacional de Emergencia donde estarán todas las instituciones científicas y técnicas que tengan que ver con la preven­ción y mitigación de desastres, aunque no se ha precisado la fecha en que estará lista esa plataforma o programa.

El geólogo Santiago Muñoz, director del Servicio Geológico Nacional, adelantó que ya se trabaja en una red sísmica nacional para aunar esfuerzos interinstituciona­les en prevención y mitigación de desastres, tal como se espera con el Estudio de amenaza sísmica y vulnerabilidad física del Gran Santo Domingo, iniciado en 2013.

 

Emergencias

La Comisión Nacional de Emergen­cias tiene la obligación de reunirse por lo menos dos veces al año si no hay fenómenos atmosféricos que requieran respuestas interinstitu­cionales. Las épocas más comunes son Navidad y Semana Santa, aun­que para el inicio de la temporada ciclónica suelen darse encuentros esporádicos.

Al funcionar el Sistema Na­cional de Emergencias 911 las entidades se han centralizado. En un año de labores el modelo ha dado resultados positivos con más de 386,000 asistencias en el Gran Santo Domingo, pero manejando deficiencias ancestrales como la falta de camiones de bomberos, equipamiento de ambulancias y mal estado de las calles.

El 911 arrancó en mayo de 2014 con un déficit de 84 ambulan­cias que no habían llegado desde Taiwán, compradas gracias a una donación de 10 millones de dólares que hizo ese mismo país. Se llegó a un acuerdo con las empresas privadas hasta que llegaron los equipos en marzo de 2015.

De acuerdo con una encuesta del Sistema, 76% de los usuarios del 911 está satisfecho con el tiempo de respuesta. Sin embargo, para José Contreras del Centro de Gestión Ambiental de Intec, el tiempo de respuesta sería más efectivo si me­jorara la condición del tránsito.

Tanto Contreras como su colega Víctor González consideran que como el parque vehicular crece todos los años (más de tres millones de vehículos registrados a la fecha) se hace necesaria la implementación de rutas exclusivas para que circulen las ambulancias, como se propuso hace unos años.

En el estudio de Vulnerabilidad sísmica, realizado en el Distrito Nacional por el Servicio Geológico, se determinó que la comunicación terrestre comprende una debilidad muy marcada para responder efectivamente a un desastre.

Otro reto que se presenta es la incorporación de más camiones de bomberos para sofocar incendios y accidentes. Cuando arrancó el pro­grama se incorporaron 13 camiones equipados para ser distribuidos en los ocho municipios que com­prenden la capital, considerados pocos para la cantidad de actividad comercial, poblacional y mal estado de las calles.

Además, con la escasez de agua se dificultó la labor de los bomberos y se retomó el tema de los hidrantes que están fuera de funcionamiento en más de 70% en la capital. El cuer­po de bomberos de Santo Domingo Oeste confiesa que han optado por buscar agua en otras zonas para apagar los siniestros y que eso pro­longa la capacidad de respuesta.

Los esfuerzos por responder a tiempo y con calidad son eviden­tes, no por abundancia de recursos sino por la vocación de servicio que tienen los técnicos y profesionales dominicanos relacionados con los fenómenos naturales y las emer­gencias. Los focos gubernamentales apuntan a la educación colectiva, pero para sobrevivir —además de saber cómo— se necesitan herramientas que garanticen la vida.

 

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