Estamos invadidos por superhéroes, sus hazañas llegan a nuestras pantallas adornadas por grandes cantidades de dinero y efectos especiales. Hombres de pixel para capturar las ansiedades de nuestro tiempo. Pocas veces un hombre común y corriente se alza para defender el mundo. Si no cuentan con poderes o habilidades especiales, una gorda billetera les ayuda a enfrentar las amenazas que se ciernen sobre nosotros.

El contador (The Accountant, 2016) parece responder a esa tendencia, para ponerse en una sintonía similar (que no igual) al Ethan Hunt de Tom Cruise. Su protagonista es un hombre gris, diagnosticado con cierto nivel de autismo y que, como bien apunta el título, tiene una de las profesiones con menos acción del mundo. La diferencia, motivada por padecimiento, radica en que el padre de Christian Wolff (Ben Affleck) era militar y lo entrenó (armas, combate, acciones de inteligencia) para que nadie lo molestara.

Esas líneas bastan para deducir que El contador nos pide ignorar cualquier noción de lógica para poder disfrutar de nuestro lado más paranoico, donde no hay reglas y las conspiraciones más locas tienen un lugar asegurado. La película corre sobre dos líneas argumentales, la primera con Affleck al frente, donde su contador intenta resolver un “sencillo” caso de desvío de fondos dentro de una empresa de cibernética; la segunda, con un par de agentes del gobierno rastreando al hombre que se encarga de arreglar las finanzas del crimen organizado. Ambas, chocan eventualmente.

 

A diferencia de su participación en Batman vs. Superman (2016), Affleck parece estar muy consciente de lo ridículo de su personaje y abraza por completo la premisa. A la manera en que Mel Gibson hacía lo mismo durante los 90 (aunque, ahí, resultó que la persona pública tiene problemas mucho más serios que sus contrapartes fílmicas), por eso no extraña que la relación amorosa de Wolff con otra contadora, Dana Cummings (Anna Kendrick), tenga un aire similar a la de Conspiracy Theory de Richard Donner.

Sin embargo, el guion (lleno de tramas y personajes poco explorados) es culpable de que El contador no alcance todo su ridículo potencial. La premisa es tonta y alocada, justo como debería de ser en este tipo de películas, no obstante la falta de claridad termina por entorpecer todo (¿cómo llegó un Pollock original a su tráiler?). Además de restarle fuerza a los villanos, más cercanos al malo de un videojuego (debes derrotarlo para seguir avanzando) que a una amenaza real.

Es una pena, porque el embrollo deja a El contador sin tópicos interesantes a tratar, aun cuando cada cinco minutos abre una nueva vereda temática. El asunto puede resultar entretenido, sobre todo porque el director Gavin O’Connor ya había demostrado buena mano para las escenas de acción con premisas ridículas en Warrior (2014) y aquí confirma dicha habilidad.

El palomazo de fin de semana está garantizado.

El contador: 28.03 mdp y 475 mil espectadores en su fin de semana de estreno (Fuente: Canacine)

 

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