Estados Unidos pidió otra vez a instituciones de comercio una investigación por la entrada de azúcar mexicana a “precio de dumping”, un capítulo más de una pelea que inició hace 20 años.

 

 

 

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Hace unos días, con motivo del anuncio de la quiebra de Mexicana de Aviación, el gobierno de México tuvo que salir al paso y echarle la culpa a la administración del ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012).

Ésa fue la primera vez que el gobierno de Enrique Peña Nieto salió a culpar a su antecesor por los cientos de casos que dejó pendientes, sin embargo, esta no puede ser la última y las culpas se pueden repartir todavía a sexenios que van más atrás de Calderón.

Hace unos días, la American Sugar Alliance presentó ante el Departamento de Comercio de Estados Unidos y ante la Comisión de Comercio Internacional una solicitud para que empezara una investigación en contra de las exportaciones mexicanas del endulzante, bajo un supuesto esquema de dumping y subvenciones.

El Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, que entró en vigor en 1994, generó una integración en el mercado norteamericano de edulcorantes, en donde México exporta azúcar a Estados Unidos, a la vez que importa fructosa procedente de ese país.

Sin embargo, el intercambio comercial en este sector siempre ha sido controversial, primero por la entrada del jarabe de maíz de alta fructosa de EU, que significó un duro golpe para la industria azucarera nacional, ya que al resultar más barato y al no producirse en territorio nacional, industrias como la refresquera empezaron a usar este insumo, lo que provocó que el país tuviera altos inventarios de azúcar que abarataron su precio.

En 2005 se había llegado a un acuerdo no trajo ninguna ventaja para los productores mexicanos, pues, por un lado, no resolvió el problema del endulzante que pudiera quedar en inventario y, por otro, permitió la entrada de más jarabe de maíz de alta fructosa.

Muchos culpan a la entrada del jarabe de alta fructosa de ser el responsable de que México no supere su déficit que tiene en producción de maíz amarrillo, lo que lo hace depender de las importaciones de Estados Unidos.

Las acciones tomadas por la industria azucarera estadounidense tienen el potencial de afectar a un número significativo de familias en México que trabajan en esta actividad, además de dañar a sectores productivos estadounidenses que dependen del azúcar mexicana como insumo para la producción, tales como el de la confitería y pastelería.

La Sagarpa ha dicho que acompañará a la industria nacional en la defensa de sus derechos y agotará todas las instancias legales para que dicha investigación no proceda.

Sin embargo, quizá, para hacerlo, habría que firmar un nuevo Tratado de Libre Comercio en el que de verdad existan ventajas para la producción nacional.

Si de repartir culpas se trata, tendríamos que remontarnos a muchos años atrás, a aquellos en los que se negoció el TLC, a aquellos personajes que para algunos políticos mexicanos son “innombrables”.

El eterno problema del azúcar se impone como otro más de los pendientes del pasadom que ahora le tocará a la administración Peña darle una solución “mediática” o, al menos, ponerle otra vez un parche.

 

 

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