El ferrocarril fue un invento que revolucionó la economía en el siglo XIX. Hoy ha causado revuelo una ley aprobada por diputados y senadores para provocar una mayor competencia en el sector. ¿El ferrocarril revolucionará también el siglo XXI?

 

 

 

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Por Érick Díaz, Escritor de Economía en Paradigmas

 

 

El ferrocarril fue un invento que revolucionó la economía en el siglo XIX pues permitió trasladar mercancías de los lugares de producción, el campo, al lugar de manufactura, en las ciudades. El invento aceleró el crecimiento económico del mundo pues impulsó el comercio y favoreció la reducción de costes en la producción. En México no fue la excepción, se introdujo en el siglo XIX y en su momento fue un revulsivo para la economía mexicana. Hoy, en el siglo XXI, ha causado revuelo una ley aprobada por diputados y senadores para provocar una mayor competencia y que, ellos argumentan, nos llevará a construir y nuevas vías férreas.

La primera vía férrea construida en el país conectaba a la Cd. De México con Veracruz. Fue durante el gobierno de Porfirio Díaz cuando se introdujo a mayor escala el medio de transporte, se construyeron vías férreas sobre el Istmo de Tehuantepec, el Bajío, el occidente, la península de Yucatán, hacia el norte del país para llegar a la frontera con Texas en Nuevo Laredo y Ciudad Juárez. Así, para finales del gobierno de Díaz se contaba ya con una red ferroviaria de casi 12,000KM de longitud. Las vías, hechas por concesiones a privados tanto nacionales como extranjeros, pasaron a manos mexicanas terminando la revolución. A pesar de la gran importancia que cobró el medio de transporte, tuvieron que pasar 80 años para que la red doblara su longitud vía. En ese  momento, el gobierno de Ernesto Zedillo decidió por la privatización de las vías férreas del país, dejando en manos de particulares el derecho de vía.

Hoy en día, el sistema ferroviario mexicano está en manos tres grandes empresas, Ferromex, Kansas City Southern de México y Ferrosur, y de otras concesionarias regionales. El sistema de pasajeros es nulo, pues solo sobreviven dos rutas y son en general rutas escénicas dedicadas al turismo, la Che-Pe, operada por Ferrosur, y la ruta del Tequila.

Es evidente el argumento que una mayor infraestructura traerá consigo un mayor desarrollo. El aumento en la capacidad de transporte de mercancías generará un abaratamiento en costos y por ende ventajas competitivas que aumentarán la producción. Pero, ¿en realidad existe gran diferencia con las otras economías?. Con datos del Banco Mundial se realizó la siguiente gráfica, en la cual se muestra la posición de México ante el mundo en kilómetros de vías férreas y como éstas se relacionan con el PIB de cada uno de los países.

trenes

Según estos datos, México es el 9º país en capacidad instalada de ferrocarriles. Segundo en Latinoamérica, solo por detrás de Brasil. También lo superan Francia, Alemania, Canadá, India, China, Rusia y Estados Unidos.

Otra de las cuestiones de la industria ferroviaria, es la competencia con otros sectores. Sin datos en la mano, se dice que el ferrocarril es el medio de transporte más eficiente en términos de consumo de energía. Mucho mayor que el avión, mucho mayor que el autotransporte. Esta máxima se da tanto en el transporte de pasajeros como en de carga. Sin embargo, aun y cuando operativamente resulte ser mucho más rentable, al tomar en cuenta las altas inversiones y mantenimiento que se requiere en vías férreas, el medio de transporte se hace poco atractivo financieramente. La industria de transporte en México se ha decantado más hacia el transporte vía camión, pues es el que, por el momento, es rentable a corto y mediano plazo. Ante una industria como la que se describe, el aumentar la competencia no necesariamente contribuiría a un mejor servicio ni a mayores inversiones. Hay que reconocer el carácter de monopolio natural de la industria y tratar de regularlo bajo ese argumento.

La escasez del desarrollo de la industria ferrocarrilera tal es evidente. Con vías antiguas y equipo antiguo es urgente una renovación. Y en efecto, con una infraestructura de transporte decadente, es claro que existirá rezago en el desarrollo económico del país, sin embargo, existen opciones más rentables y que implicarían menos riesgos a los que hay que apostarles. Como bien se dijo al inicio del artículo, el ferrocarril fue el invento que revolucionó el siglo XIX, no el que revolucionará el siglo XXI.

 

 

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