Por Enrique Anarte

DW.- A pocos kilómetros de la localidad de Ebebiyín, en la esquina nororiental por la que Guinea Ecuatorial comparte frontera con Gabón y Camerún, un pequeño trozo de Venezuela se abre paso en medio de un gran afloramiento de granito. La Cueva Caracas, descubierta por el espeleólogo austríaco Hellmuth Straka Bull en 1967 y bautizada así en honor al cuatricentenario de la capital venezolana, se erige como símbolo de una amistad que parece estar más fuerte que nunca.

Hace unos días, cuando las grandes potencias del mundo se encararon en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a raíz de la crisis política desatada en el país caribeño, la diplomacia ecuatoguineana quiso dejar clara su lealtad al jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro, y su rechazo a las críticas que llegaban desde Estados Unidos, Europa y numerosas latitudes latinoamericanas.

Teodoro Obiang, que encabeza la dictadura más longeva del continente africano, se ponía así del lado de países como Rusia, China o Cuba, en defensa de la buena sintonía transatlántica que mantienen Caracas y Malabo.

‘Estoy pidiendo la visa para ir a Nueva York’, a la ONU, dice Maduro

Nada nuevo, hasta aquí. De sobra es conocida la buena relación entre Venezuela y Guinea Ecuatorial. Un lazo que, de hecho, se remonta a la época anterior a Hugo Chávez. “Sería un error afirmar que la Venezuela chavista es la única que ha fortalecido estos vínculos”, dice a DW el diplomático y periodista mexicano Diego Gómez Pickering.

Para él, parte de esta conexión se debe a la positiva actitud que ha mantenido históricamente Caracas a la hora de reconocer el elemento de la “negritud” o la “africanidad” del espacio iberoamericano, una asignatura que considera pendiente en otros muchos países. “Hay una desidia, una falta de empatía, respecto al reconocimiento de África en general y de las raíces ecuatoguineanas en particular”.

Gómez Pickering, que ha trabajado las relaciones entre la nación africana y Latinoamérica, apunta sin embargo otro factor: Guinea Ecuatorial es -también- un país rico en hidrocarburos. Y en eso sí hay una “similitud de visiones” que ha acercado a ambos gobiernos.

UNA “PROFUNDA AMISTAD” ENTRE GOBIERNOS

En los últimos años, las conexiones entre las dos naciones se han hecho más fructíferas. La asistencia de Obiang al funeral de Chávez en 2013 fue seguida con gran atención al otro lado del océano. Cuando el viceministro venezolano para África visitó este país en noviembre de 2018, insistió en “la profunda amistad que existe entre nuestros pueblos y entre nuestros gobiernos, desde la época del Comandante Hugo Chávez y actualmente con el presidente Maduro”.

“Ambos son petroregímenes”, subraya Alejandro Dorado Nájera, analista internacional especializado en África, en entrevista con DW. “No pueden compararse”, aclara este internacionalista. “Pero dime con quién andas y te diré quién eres. Lógicamente, Obiang intenta arrimarse a alguien con quien tiene muchos paralelismos”.

¿Qué gana Maduro con el respaldo de las autoridades del séptimo país más autoritario del mundo, según el ranking de The Economist Intelligent Unit? “Pienso que es contraproducente”, opina Dorado Nájera. “Lo mete en un campo de líderes autoritarios y antidemocráticos”, explica el africanista, quien agrega sin embargo que “tampoco creo que tenga muchos otros apoyos”.

Maduro intenta sumar voces en la comunidad internacional que respalden su legitimidad frente a Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional venezolana y autoproclamado presidente interino. En el juego de legitimidades, la Unión Europea se ha puesto del lado de Guaidó y ha pedido elecciones que hagan posible una transición democrática.

DEFENDER LA DEMOCRACIA, TAMBIÉN EN GUINEA ECUATORIAL

Esto contrasta, sin embargo, con el poco interés que despiertan el estado de la democracia y los derechos humanos en Guinea Ecuatorial, especialmente en España, antigua potencia colonial que ha liderado las críticas diplomáticas al régimen de Maduro. Mientras que la cuestión venezolana está más que presente en el debate público español, apenas se oye hablar de Obiang.

Dorado Nájera critica, por un lado, la complicidad de los medios de comunicación españoles, que tan a menudo se suman a este silencio. Pero el africanista cree además que Madrid debería implicarse más: “España tiene la responsabilidad histórica de contribuir a formar una sociedad civil que exija una transición hacia la democracia en Guinea Ecuatorial”.

Quizás entonces tendría lugar alguna votación en el seno de la ONU sobre una dictadura que se antoja sempiterna. Y entonces Maduro, si es que consigue perpetuarse al frente del Estado venezolano, tendrá que decidir si está del lado de la democracia. En Guinea Ecuatorial.

Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes ver esa nota haciendo click en el logo:

 

Siguientes artículos

Bolton se reunió con ejecutivos de la filial de Petróleos de Venezuela
Por

El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca quiere evitar que los recursos del país caribeño “no sean hurtados” al...