Por Raciel Sosa* El salario es, por definición, un parámetro transaccional, y esto quiere decir que tú aportas algo y recibes en contraprestación. La base del salario es un trueque donde no hay ningún tipo de vínculo. Una relación laboral empieza justamente con dos cosas: mi tiempo vs. el salario; es decir, yo voy a poner mi tiempo, mis capacidades, mis habilidades y tú me vas a pagar un salario; pero esto, ciertamente, no toca ninguna fibra ligada a términos emocionales, con sentirme parte del equipo, con desafíos que me hagan crecer, con planes de desarrollo … simplemente, habla de una cuestión transaccional y los temas profesionales son efímeros. En este sentido, el gusto y la felicidad al conseguir el empleo durarán unas cuantas horas; la satisfacción que me podía dar terminó, prácticamente, en el momento que inició. No obstante, el salario entra dentro de un modelo motivacional que se llama: Factores higiénicos de la motivación, y esto revela que hay cosas que no motivan, pero si no están, desmotivan. Es decir, el salario no motiva, pero si no está en condiciones de mercado y regulado, sí desmotiva. Pero también es cierto que el “peso” que un empleado puede darle al salario puede ser diferente en base a la generación a la cual pertenece, es decir tiene que ver con cómo vivimos las diferentes generaciones el tema económico. En este sentido, existe un cambio relevante entre las generaciones tradicionales y los millennials. Las generaciones tradicionales veían el salario como un elemento fundamental para subsistir; ahora en el siglo XXI las personas buscan más cosas en un puesto de trabajo que la pura sobrevivencia, aspectos como motivadores relacionales, de desarrollo, de autorrealización y, en ocasiones, lo económico pasa a un segundo término. Lo que se valora actualmente en un puesto de trabajo Aspectos organizacionales como:
  • Desarrollo. Sentirte que estás en un proceso de autotransformación; es decir lo más importante del trabajo no es lo que logro sino en lo que yo me transformo.
  • Sentido de pertenencia. Sentir que formo parte de un equipo, que me identifico con los valores del equipo, sentirme entusiasmado con los objetivos que tenemos que lograr.
  • Balance de vida personal. Hoy sobre todo para las nuevas generaciones es más importante su vida personal que su vida profesional. Hoy el mundo está hecho y funciona como lo armamos nosotros, pero nosotros ya vamos de salida, por lo que no tenemos que pensar en qué necesitamos nosotros, sino en qué necesitan las nuevas generaciones (millennials) y una de las cosas que requieren es justamente: balance de vida personal.
Un empleado feliz Pensemos en la gente que más admiramos (empresarios, intelectuales …); todos tienen un denominador común: son felices haciendo lo que hacen, por lo que un empleado feliz normalmente se va a desempeñar mejor porque está haciendo lo que le gusta, lo que disfruta, para lo que está hecho. Un empleado feliz genera personal de alto desempeño. Contacto: Correo: [email protected] Twitter: @Raciel Sosa Facebook: Raciel Sosa MX Página web: leadex.com.mx Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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