Aunque México genera casi 4% de la electricidad nacional con una sola planta de energía nuclear, las autoridades mexicanas y los presidenciables han hecho a un lado esta fuente energética ante el costo político y los retos financieros asociados.

La generación nuclear está reservada exclusivamente para el Estado, cuya responsabilidad recae en la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Actualmente, la compañía mexicana está a cargo de la central nucleoeléctrica Laguna Verde en Veracruz, que opera con dos reactores nucleares elaborados por la empresa General Electric.

El programa de instalación de centrales eléctricas 2015-2029 de la Secretaría de Energía (Sener) prevé la construcción de tres centrales nucleares al oriente de Veracruz hacia 2026, 2027 y 2028, respectivamente. Además, en el presupuesto de egresos 2018, la empresa productiva del Estado detalló que invertirá 214 millones de pesos (mdp) en un estudio que persigue implementar más centrales nucleares en dicha entidad.

“Hay espacio para dos reactores más, pero no tenemos en este momento ningún proyecto para poder construirlos en el corto plazo”, comentó en entrevista con Forbes México el director general de la CFE, Jaime Hernández.

PUBLICIDAD

El directivo mencionó que Laguna Verde ha operado por casi tres décadas, y CFE está en proceso de renovar la licencia para operarla al menos durante 30 años más.

“De tiempo en tiempo se discute en el país la posibilidad de tener nuevos proyectos de energía nuclear. Creo que es una discusión para la que la CFE está preparada para poder visitar un poco más adelante”. añadió.

Se puede afirmar que hay pocos políticos exitosos en el mundo que hayan hecho campañas a favor de la energía nuclear,  manifestó el director general de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), Juan Eibenschutz Hartman.

“La posición antinuclear tiene más seguidores, según piensan los políticos, que la posición nuclear”, expresó el titular de la entidad que vigila los estándares de seguridad nuclear de nuestro país.

El pasado 12 de junio, los candidatos a la presidencia de México descartaron usar esta fuente limpia en sus posibles gobiernos para cumplir con los compromisos medioambientales.

El primer y segundo lugar en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, lanzaron un contundente “No” durante el tercer debate. José Antonio Meade y Jaime ‘El Bronco’ Rodríguez Calderón analizarían esta opción, pero se enfocarían en solar y eólica.

El cerebro energético de AMLO, Rocío Nahle, reconoció previamente que se trata de una fuente “noble” que debe investigarse más, particularmente en el Instituto Nacional de Ingeniería Nuclear (ININ), con un enfoque hacia la medicina.

 

La lucha contra el miedo 

La gran ventaja de la energía nuclear es su intensidad energética continúa frente a energías eólicas y solares, restringidas por su intermitencia. Pero, independientemente de las estadísticas y la experiencia de años en operación de plantas, la gente tiene miedo, dijo Eibenschutz Hartman.

Los accidentes de Chernobil durante 1986 y Fukushima en 2010 han disparado todas las alarmas de las Organizaciones No Gubernamentales por las consecuencias de salud y ambientales. En México, el grupo Madres Veracruzanas y GreenPeace han encabezado las críticas.

“Contra estas cosas de percepción es muy difícil luchar”, reconoció el directivo del CNSNS.

La cadena inglesa BBC ha reportado al menos 60 interrupciones en el funcionamiento de los reactores de Laguna Verde debido a emergencias. Según sus fuentes, dentro de la planta incluso se han generado sismos de 4 grados en la escala de Ritcher.

Eibenschutz Hartman admite que los residuos son peligrosos porque la radiación no se siente, pero es fácil de detectar.

“Lo ideal sería que el combustible irradiado sea reprocesado, separar lo que todavía es útil de los materiales radioactivos”.

 

Financiamiento, el otro obstáculo

México tiene capacidad para construir una segunda planta nuclear, según el director de la agencia nuclear par ala Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), pero el mayor obstáculo será el financiamiento asociado.

Investigdores de la UNAM y el Tec de Monterrey han comentado anteriormente a Forbes que el valor de una central oscilaría entre 4,000 y 10,000 millones de dólares, margen que alcanzaría para una nueva refinería. Eibenschutz coincide en este promedio, pero matiza con el tamaño y características del complejo.

“Hay una serie de oportunidades para el futuro que son prometedoras y México no se puede bajar del carro nuclear”, concluyó el director general del CNSNS.

 

 

Siguientes artículos

5 puntos para innovar en el sector bancario
Por

Si bien la innovación y los modelos de negocio disruptivos gozan de una gran popularidad y reciben mucha atención en div...