El presidente de Cataluña, Quim Torra, y el de España, Pedro Sánchez, se verán el próximo 9 de julio para decirse lo que ya saben el uno del otro. 

El primero, que quiere un referéndum de autodeterminación pactado con el Estado español, requisito necesario para que sea legal. El segundo, que esto no es posible.

La última reunión entre ambos representantes se produjo en secreto, hace año y medio. Desde entonces, se ha celebrado un referéndum ilegal en Cataluña que llevó a políticos a prisión y al exilio, y que provocó la suspensión del autogobierno en esa comunidad.

Por esto, nadie espera que el encuentro acabe en nada más que en un acuerdo en el que diga “ya nos volveremos a ver”.

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La agenda oficial

El ejecutivo español ofreció un diálogo “abierto, franco, democrático” y “sin cortapisas” con el gobierno separatista de Cataluña, aseguró la vicepresidenta Carmen Calvo.

La reunión se presenta como el primer paso hacia una distensión y normalización de las relaciones entre “el Govern”, por su grafía en catalán, y el Gobierno.

En Barcelona, el presidente Quim Torra ve la oportunidad de plantearle a Pedro Sánchez, su homólogo en España, los dos puntos que más debilitan el movimiento independentista: una votación legal para decidir si crean su propio Estado y la liberación de los presos políticos.

Junto con estos, también le pedirá recuperar leyes aprobadas por el parlamento catalán y que el gobierno del PP impugnó ante el Tribunal Constitucional, como la ley de sanidad universal.

En ambas capitales, se coincide en un punto: la voluntad de volver a la política. Porque la estrategia del ejecutivo censado de Rajoy se criticó por haber dejado en manos de los tribunales la resolución del conflicto.

 

La agenda en la sombra

El PSOE accedió al poder el pasado junio gracias a una moción de censura que echó al PP de la Moncloa por corrupción. Desde entonces,  ha hecho gestos dirigidos a marcar diferencias con su antecesor.

Los asesores de Sánchez trabajan para dar una imagen de presidente, diferente a la de Rajoy. Por ejemplo, con fotos de él en el avión presidencial “a lo Kennedy o practicando running por La Moncloa”, opina Cristian Campos. Foto: Cortesía La Moncloa.

La invitación del Gobierno a Torra forma parte de este cambio de estilo. Pero críticos ven el acercamiento de Sánchez a Cataluña como una forma de dar las gracias a los independentistas que votaron en favor de la moción de censura que le llevó al poder.

El diálogo sin concesiones concretas también es una forma para el PSOE de ganar tiempo hasta que se convoquen elecciones generales en 2020.

“Todo lo que Sánchez haga en estos dos años está pensado para ser una gran campaña electoral”, afirma el periodista catalán Roger Pi de Cabanyes, de la agencia catalana de noticias, ACN.

Los catalanes, por su parte, llegan debilitados a esta negociación, con fracturas internas acerca de la estrategia para conseguir la independencia.

Los pragmáticos, que incluyen los partidos en el “Govern”, quieren conseguirlo dentro del marco constitucional. Los más radicales, apuestan por la vía unilateral, es decir, declarar la república.

“Nadie entiende que en el siglo XXI no puedas depositar una papeleta (boleta) en una urna. Como el estado no va a cambiar, tenemos que hacer una insurrección”, afirma el filósofo catalán Bernat Dedéu.

Ante esta falta de consenso, críticos apuntan a que Torra utilizará el diálogo para ganar tiempo. En este caso, hasta las municipales de 2019.

“Si los independentistas ganan por más del 51%, (Torra) lo presentará como un referéndum de independencia ganado”, afirma el periodista Cristian Campo, del digital El Español.

Este sábado la asociación civil separatista ANC ha convocado una manifestación para pedir la encarcelación de los presos políticos. Foto: Cortesía ANC.

 

El miedo de los no independentistas

La duda sobre si el nuevo gobierno catalán optará por proclamar unilateralmente la república, lo que no se consiguió luego del 1 de octubre, es lo que más preocupa a la oposición en Cataluña.

La diputada del parlamento catalán Sonia Sierra, del partido Ciudadanos, afirma que es un hecho, no sólo un temor, la falta de garantías de que “el Govern” acatará la legalidad.

Lo dice porque, este jueves, dicho parlamento aprobó una resolución en la que las tres fuerzas separatistas se comprometieron a realizar “las actuaciones necesarias” aprobadas por la cámara para “culminar democráticamente la independencia”.

Por eso, esta formación desaprueba que el presidente de España quiera dialogar con fuerzas políticas que amenazan con repetir “un golpe de estado”, afirma Sierra.

“Espero que Sánchez nos defienda a todos los catalanes que nos sentimos abandonados y que queremos cumplir la ley. Que tenga claro que Torra sólo habla en nombre de los separatistas”, afirma Sierra.

La reunión del 9 de julio será la puesta en escena de dos líderes que deben cuidar la gestión de los tiempos.

Sánchez y Torra compartirán mesa sabiendo que pueden hablar de todo, pero que esto no significa negociar y, menos, llegar a acuerdos.

Y esto es así porque, aunque ambas partes han reflexionado sobre los errores cometidos en el pasado, en el fondo, ninguno ha movido sus líneas rojas. Al menos no oficialmente.

 

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