Giorgio Armani ha cumplido 80 años y 40 en el mundo de la moda. Cuatro décadas de creatividad. Más de 28,000 looks diseñados a sus espaldas y una fortuna personal que supera los 8,000 millones de Euros. ¿El secreto? esfuerzo y sacrificio personal.

Por Patricia Erroz

Siempre impecable. Uniforme oscuro, camisa blanca, cabello plateado y un buen bronceado. Es el look más que perfecto del responsable de la «Era Armani», Giorgo Armani. A los 40 años decidió incursionar en el diseño textil y, desde entonces, ha reinado en la moda y los negocios, creando su propio emporio homónimo. Pocos empresarios logran mantener un holding empresarial como el del italiano y, además, con su propio nombre. A diferencia de otras marcas como Fendi o Gucci —hoy propiedad de multinacionales de lujo como LVMH– Armani sigue llevando las riendas. Ha sido el encargado de crear y dirigir la estética y la indumentaria de finales del siglo XXI y, por tanto, así es como conocen los expertos al «Rey Giorgio», el patriarca de la moda italiana, quien en 2013 obtuvo unos beneficios totales de 7,750 millones de euros, 350 millones más que el año anterior y en el primer semestre de 2014 la compañía subió un 6%.

Forbes lo  ha situado como la quinta persona más rica de Italia y la 174 del mundo, con una fortuna de 8,000 millones de dólares, que incluye diez casas y un yate, así como inversiones en hoteles de lujo en Dubái o Milán. «Mi dress code refleja mi disciplina y mi ética personal de trabajo. El uniforme requiere de una comprensión profunda de uno mismo y una especie de rigor interno. Significa ir más allá del concepto de tendencia para expresar un gusto personal, una intención individual. De forma más general considero que si alguien encuentra su estilo personal puede desarrollar su propia versión de ese estilo combinando colores o detalles de forma casi infinita. Además, tener un uniforme me mantiene centrado en el trabajo. Mi creatividad se dirige hacia el exterior. No se refleja en mi aspecto personal», reconocía en una entrevista exclusiva a Forbes España.

Esta leyenda viviente del mundo de la moda nació en 1934 en una familia de clase trabajadora en Piacenza, en Italia. Sufrió la crisis de la Segunda Guerra Mundial. Faltaban cinco años para que los bombardeos de los aliados destruyesen la industria local como castigo al apoyo de Mussolini al nazismo. Armani cumplió su servicio militar. Abandonó la escuela de Medicina por el escaparatismo y consiguió un trabajo como comprador y escaparatista de La Rinascente, una tienda en Milán.

Fue en 1970 cuando creó su primera prenda para Nino Cerruti. Viendo el éxito de una de sus chaquetas, Giorgio se vio con fuerzas para comenzar su carrera en solitario. «Aquellos comienzos fueron los momentos más apasionantes, cuando entendí que había logrado contribuir a liberar a hombres y mujeres de las florituras y los esquemas rígidos, ofreciéndoles prendas de ropa con una pureza y una elegancia naturales, materializando así mi visión y cumpliendo mi objetivo».

Con la ayuda de su socio empresarial y compañero sentimental, ya fallecido, el arquitecto Sergio Galeotti, Giorgio Armani
abrió su primera tienda en Milán. Para poder empezar tuvo que vender su Volkswagen Beetle. «De los inicios, lo que más recuerdo es el entusiasmo y la convicción de querer expresar algo auténtico y personal. Cuando inicié mi aventura no albergaba expectativas. Me sorprendió el éxito inmediato, convenciéndome de que la intuición que tenía era acertada. Sigo conservando ese entusiasmo. Esa es mi gran fortaleza», sostiene el rey de la moda italiana.

En 1975 creó la compañía Armani S.A. y presentó su primera colección masculina: trajes de chaqueta liberados de su rigidez original. Poco después presentaría su colección femenina en la que las chaquetas sastre también ocupaban un lugar destacado. Aportó feminidad a la sastrería. Un nuevo corte nunca visto. Una nueva visión que le concedió aún más éxito. Pero no quiso quedarse ahí y en 1976, un año después, decidió abrirse camino en Estados Unidos.

La esperanza americana

Insistió en crear su propia publicidad, ayudado  por una de sus hermanas, Rosanna. Compraron las contraportadas de L’Uomo Vogue y pusieron el nombre de Armani. Fred Pressman, propietario de la cadena de tiendas Barneys, intrigado por el diseñador, le llamó e hizo una primera gran compra. «Para mí Estados Unidos representa mucho más que un mercado sólido y fiel. El público estadounidense fue uno de los primeros que apreció mi trabajo y mi deseo de innovar, y esto es algo que nunca podré olvidar. Me gusta el entusiasmo del cliente americano. Su pragmatismo y su receptividad hacia todo lo nuevo».

En 1978 decidió bajar precios y crear Le Collezioni. También nació su primer enlace con Hollywood: Diane Keaton recogía su Oscar por Annie Hall (Woody Allen, 1977) llevando un blazer del modisto. «Es innegable el hecho de que las celebrities han tenido, y siguen teniendo, un impacto muy fuerte en el gran público. Es algo que yo siempre tengo en cuenta».

La fuerza de Hollywood

Llega 1980 y la expansión del emporio cobra gran importancia. Llegan los cosméticos, responsables del mass market. El  diseñador negocia con las principales firmas pero se decanta por la francesa L’Orèal; aportaban la gran distribución internacional y también el know-how en marketing que el modisto desconocía. No obstante, el mayor impulso ese año lo obtuvo gracias al actor Richard Gere en American Gigolo (Paul Schrader, 1980). Aquí comenzó su expansión y crecimiento empresarial.

Para Hollywood, Armani era una manera de poner un pie en Europa. Tal es así que a partir de la década de 1980 sus diseños han acompañado a la estatuilla dorada y llegó a consolidarse como el preferido de los actores. «Sólo cinco años antes había lanzado mi marca con la única idea de crear ropa que combinara con la sastrería. El director Paul Schrader me llamó para que vistiera a un entonces poco conocido Richard Gere, que logró captar toda la sensualidad de mi estilo. En esos años se produjo un cambio potente y generalizado en Hollywood. Las nuevas estrellas ya no se veían a sí mismas con una imagen de glamour. Los actores querían vestirse con prendas que los realzaran, pero que no parecieran disfraces. Era una necesidad que encajaba a la perfección con el tipo de cambio que yo estaba generando en la moda. Desde entonces, Hollywood ha contribuido a difundir mi estilo», sentencia el duque de la moda italiana.

En 1981 hay nuevo logo: las siglas G y A junto a un águila. Nacen nuevas líneas de negocio, Armani Jeans, Armani Junior y Emporio Armani, submarcas para llegar a más clientes. Las distintas líneas le han aportado fortaleza a su estrategia empresarial, que ha sido copiada por grupos más grandes y muchos de sus competidores. «Siempre he prestado especial atención a la diversificación de las marcas y, por tanto, a los precios. Después de años de crisis, el cliente se fija más y realiza continuas comparaciones para escoger el mejor producto al precio adecuado. Pero no siempre tiene que ser un precio bajo, ya que los clientes saben que ciertos materiales tienen un valor elevado y no esperan conseguirlos como una ganga».

Al año siguiente, en 1982, la revista Time le reconoce como icono mundial y su rama empresarial continúa en expansión con Armani Pour Femme y nuevas líneas de baño, lencería y accesorios. Su reconocimiento en Estados Unidos no quedaría ahí, en 2014 el alcalde de Nueva York instituyó el Día de Giorgio Armani como reconocimiento a su carrera.

En 1984 crea su primera fragancia masculina y abre la primera tienda en Madison Avenue. Además, la serie Miami Vice, con los modelos que portaba Don Johnson, le catapultan aún más, si cabe. Eso sí, un año después recibiría uno de los mayores arapalos de su vida: el fallecimiento por un ataque al corazón de su pareja y socio, Sergio Galeotti, quien también estaba afectado de leucemia. Fue entonces cuando tuvo que enfrentarse por sí solo la dirección de la compañía, admitiendo en varias ocasiones que no fue fácil y que tuvo que «entender el idioma de los abogados».

Entre otras hazañas en el mundo de la moda también destaca su incursión como diseñador del uniforme de la Selección Italiana de Futbol en 1986. Además, en aquella época, Martin Scorsese dirigió el primer spot de la compañía.

Foto: Armani

La consolidación: los años 90

En 1995 sale al mercado Acqua di Gio, un punto de inflexión en su negocio de perfumería. «Se inauguró una nueva era de frescura que fue verdaderamente revolucionaria si tenemos en cuenta las fragancias de la época y el tipo de masculinidad que representaban. El lanzamiento del perfume fue un gran éxito de ventas. Ello prosigue a día de hoy y ha aportado valor a la compañía», agrega. Seguidamente, en 1997 abrió la primera tienda de Armani Jeans en Roma. En 1998, el actor Matt Damon recogió el Oscar al mejor guión por El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997) vestido de Armani. En estas fechas es cuando llegan también los primeros cosméticos y productos del hogar. «No puedo escoger. Mi intención es crear un estilo de vida. Naturalmente la moda sigue siendo el foco principal, pero todo me apasiona».

En 2001 abrió su primera tienda en Moscú y en 2003 Mattel lo convenció para crear la primera Barbie Armani. Es en ese año cuando  la cantante Beyoncé actuó en su desfile de Londres. En 2004 salió al mercado el perfume Armani Code. En 2005 el grupo musical Duran Duran lo escogió como su diseñador de vestuario. En 2006 creó la línea Armani Baby y despuntó dentro de la moda no sólo por su genialidad en las líneas, sino también por sus decisiones. Al morir la modelo Ana Carolina Reston por anorexia, fue pionero al prohibir que desfilasen maniquíes cuya masa corporal fuese menor a 18. El resto de diseñadores le siguió. En 2008, abrió su primera tienda online y en 2009 retransmitió por primera vez un desfile en streaming.

En 2011 sus diseños estuvieron presentes en los Grammy, gracias a Katy Perry, así como en la boda del príncipe Alberto de Mónaco. Abrió el hotel Armani en Milán, en cuyos bajos están Armani Library, Armani Flowershop y el restaurante Nobu, en sociedad con el chef Nobuyuki Matsuhisa.

En 2013 aparecieron trajes suyos gracias a Christian Bale en El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008) o Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013). Otro de sus logros empresariales recientes es Instagram, donde tiene más de un millón de seguidores y cero es el número de personas a las que sigue. «Aunque confieso que me decanto por un uso no excesivo de las nuevas tecnologías. Considero que ser diseñador y empresario hacen mi trayectoria única. Esos dos roles no están separados, sino unidos en una visión común, en la que el pragmatismo empresarial influye al diseñador y la visión del diseñador afecta a las estrategias del empresario. Es una combinación que me representa de forma muy acertada, un ragmatismo inspirado», declara.

Armani ha conseguido vestir tantas caras conocidas gracias a que sus piezas no caducan. Cualquier modelo sigue siendo llevable, aunque hayan pasado 15 años. Así, han pasado 40 años desde que fundaran las bases de su emporio y, aunque algunas de sus iniciativas fracasaron, han sido pocos los sectores que ha dejado de tocar. Tiene alta costura (Armani Privé), accesorios, moda joven, jeans, ropa deportiva, lentes de sol, ropa infantil, perfumes, maquillaje, bombones, teléfonos; trabaja el diseño de interiores, ha abierto varios restaurantes e, incluso, dos hoteles, uno en Milán y otro en Dubái, que abrió en 2010, y que está ubicado en el edificio más alto del mundo, en el Burj Khalifa, entre la planta ocho y el nivel 38.

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Empleo de permanencia

La continuidad de su empresa ya está definida en todos sus aspectos, incluso en el creativo. No obstante, a sus 80 años —81 en julio—, no se ha planteado en ningún momento su retirada. Eso sí, ha confiado importantes labores a miembros de su familia, como Roberta, su sobrina e hija de su fallecido hermano Sergio, que se encarga de las relaciones públicas de la empresa mientras que su hermana Silvana trabaja en los talleres de ropa de mujer con él. Además, hace años también fue su modelo. Asimismo, su hermana Rosana trabajó durante 20 años en la empresa como jefa de prensa, aparte de haber sido modelo, actriz, fotógrafa, directora de arte de varias revistas y fuente de inspiración para su hermano. Precisamente ella, gracias a su manía por robarle prendas a Giorgio del armario, fue quien inspiró al diseñador a la hora de sacar adelante su primera colección. El hijo de Rosanna, Andrea Camerana, es actualmente el vicepresidente de marketing y licencias de la compañía.

A finales de abril, el maestro italiano celebró sus 40 años en la moda con un auténtico front row de 600 rostros conocidos de la industria de la moda. Podía haber sonado perfectamente a una despedida, pero en su caso fue un auténtico desafío al futuro.  Una fiesta con apertura de museo incluida —Silos o «semilla» en italiano—, un edificio de 1950 dedicado a sus diseños que antiguamente fue una fábrica de Nestlé y después el Teatro Armani, cuya remodelación ha costado 50 millones de euros. ¿Sus próximos proyectos? Una biografía que saldrá a la luz en septiembre y los atuendos de la Selección Italiana de Futbol para las Olimpiadas de Río de Janeiro de 2016. Giorgio es imparable.

 

 

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