Tapas, música, vino, arte, fiesta, ruido, gente… esto es Barcelona, que presume una arquitectura espectacular, en gran parte gracias a la genialidad de Antoni Gaudí.

 

 

Sin duda, aterrizar en Barcelona es una experiencia distinta. En esta época del año es posible ver los montes Tibidabo y Montjuïc cubiertos de nieve, listos para recibir a los visitantes.

Es redundante decir que Barcelona presume una arquitectura espectacular, en gran parte resultado de la genialidad del arquitecto Antoni Gaudí, artista que logró llevar al concreto lo que sus sueños le dictaban y que pasó a la historia por ser único e imposible de imitar.

La capital catalana tiene el resultado perfecto de mezclar culturas para finalmente aderezarla con un toque mediterráneo. Es una ciudad universal, y aunque para muchos podría parecer pequeña (tiene menos de 3 millones de habitantes), en sus calles es posible admirar una fusión de culturas que en otro lugar sería impensable.

Las Ramblas

Las Ramblas

Caminar por Las Ramblas y visitar sus puestos callejeros de revistas y recuerdos, ver la majestuosidad de la Plaza Cataluña, pasear por la Barceloneta y atreverse a entrar a restaurantes emblemáticos como La Champagnería y probar su tradicional montadito de solomillo con fua, o simplemente encontrar una terraza en cualquier calle, sentarse a beber una copa de vino de la casa y dedicarse a ver pasar a la gente es toda una experiencia.

Casa Milá

Casa Milá

Moverse en transporte público en Barcelona es muy sencillo, y aunque las distancias son grandes, no se necesita más de media hora en Metro para estar de punta a punta. En una visita rápida es indispensable ir a La Pedrera o a Casa Milá, edificio construido por Gaudí a principios del siglo XX ubicado en Paseo de Gracia y que actualmente funciona como un museo y galería de arte.

Dentro de este mismo circuito hay que darse un tiempo para admirar la fachada de Casa Batlló, construcción también obra de Gaudí y que fue realizada como un encargo hecho por el industrial textil Joseph Batlló. Este recinto, además de exponer obras de arte, funciona como sede de importantes eventos sociales.

Siguiendo con la huella de Gaudí en la ciudad, otra visita indispensable es Parque Güell, lugar que originalmente estaba pensado para funcionar como un complejo residencial, pero que finalmente se convirtió en un parque público. Además de poder admirar en cada rincón su estructura modernista, al llegar a la cúspide podemos disfrutar una de las vistas más bonitas de Barcelona, pues la ciudad entera se despliega para contrastar con el impresionante Mediterráneo al fondo. Por cierto, esta entrada era gratuita, pero ahora el acceso tiene un precio de aproximadamente 6 euros para poder visitarlo.

Sin embargo, no hay nada más grande en esta ciudad que pararse frente a la fachada del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia para ver la obra inconclusa de nuestro Gaudí… la entrada al interior cuesta 17 euros y honestamente aseguro que no vale la pena tanto como estar desde la acera de enfrente contemplando su majestuosidad.

Aunque las grúas ensucian su visión, esta construcción, que ha sobrevivido a la muerte de su creador, a la Guerra Civil española y a las constantes crisis económicas, en 2005 fue considerada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y se espera que en el 2020 (ya falta menos) podamos verla terminada.

Tapas, música, vino, arte, fiesta, ruido, gente… esto es Barcelona, una ciudad que merece más de una visita, y puedo asegurarles que después de visitarla entrará directamente en su ranking personal de sus lugares favoritos en el mundo.

Sagrada Familia

Sagrada Familia

 

 

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