Eso sí, hay que llegar temprano para disfrutar de las primeras luces del amanecer antes de subir al cielo para apreciar las pirámides viajando entre nubes.

 

A veces necesitamos ver las cosas desde otro ángulo para volver a sorprendernos; eso me pasó con Teotihuacan al viajar entre nubes sobre sus pirámides. Siempre era la misma rutina de llevar a los tíos y conocidos extranjeros a este sitio para subir y bajar las edificaciones del Sol y la Luna quién sabe cuántas veces. Ahora la experiencia fue distinta, desde la lejanía.

Por lo menos durante treinta minutos trazamos la geometría del lugar desde el aire, adivinando dónde estaba la Calzada de los Muertos, el Templo de Quetzalcóatl y el Palacio de los Jaguares, además de ver campos llenos de nopales y tunas carnosas, tejados y uno que otro perro persiguiéndose a las ocho de la mañana, porque, eso sí, hay que llegar temprano para disfrutar de las primeras luces del amanecer antes de subir al cielo.

Después de un aterrizaje suave, el ritual nos llevó a beber un espumoso. Esto se acostumbra porque Jean-François Pilâtre de Roziers y el marqués d´Arlandes hicieron el primer viaje en globo en 1873 y a su descenso abrieron una botella de champagne para celebrarlo. Este sorpresivo desayuno se complementó en Pirámides con quesadillas de maíz azul de la localidad, además de champurrado con chocolate y nuez, nata fresca y pan dulce. Lo necesario para tomar energía y caminar en la zona arqueológica.

Bajo la guía de Ricardo Cervantes León, conocido como Tonatiuh, y su padre, Tlahuizcalpentecutli (Gorila), supimos que las pirámides se bajan de siete en siete en diagonal, que la obsidiana es perfecta para observar al sol sin riesgo alguno, que en la arquitectura del lugar encontramos una lectura de la naturaleza de los tiempos agrícolas y ciclos astrológicos, además de la captura de nuestra voz y su eco, y que para entrar a ese sitio se pide permiso a los cuatro elementos dioses mientras se enciende copal y se ofrecen semillas para la siguiente siembra.

 

El descenso

Después de este recorrido y ofrendar junto a nuestros guías intenciones y deseos enfrente de la Pirámide del Sol, descendimos a La Gruta, un restaurante histórico al que en sus inicios acudieran Porfirio Díaz, Emiliano Zapata, Frida Kahlo, Diego Rivera, Jorge Luis Borges y la reina Isabel II, entre otros personajes. Este recinto gastronómico, perteneciente a la familia Cedillo, renovó cocina, servicio y diseño. La evolución de su carta estuvo apoyada por el chef Gerardo Vázquez Lugo y Culinaria Mexicana, pero al final, con la dirección de los chefs de casa Carlos Cedillo y Daniel González, los uniformes fueron creados bajo la idea de una colección de moda en que se juega con la iconografía e ideología de la zona.

La Gruta

La Gruta

A fin de aminorar el calor está la margarita de xoconostle, para después sentarse en el subterráneo a degustar tacos de jícama, queso Cotija y chile negro, seguidos de una gordita de maíz azul rellena de tambache de nopal con salsa de chile puya. Otra delicia del sitio es la crema de milpa con frijol y flor de calabaza, de textura cremosa y perfumada con hoja santa.

Foto LA GRUTA__Carlos y Daniel montan varios platillos ante los ojos del comensal: trucha arco iris envuelta en hoja de maíz, conejo en pulque con frijoles muy tiernos llamados amanahuas (dentro de una olla de barro sellada), con maíz acompañado de gualumbos, y de postre: pirámide de chocolate con harina de amaranto y tamal dulce con conserva de xoconostle, mientras al frente se presenta un venado que busca ser rescatado de un cazador yaqui, para después ser interrumpidos por otra danza regional veracruzana y tapatía. Con el último bocado de dulce empieza un aterrizaje envidiado hasta por los dioses.

Más información
Sky Balloons
La Gruta
Gorila’s Tours

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Twitter: @Raquel_Pastel

Blog: GastronAutas

 

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