Por Tereso Medina Ramírez*

La industria acerera mundial tiene los ojos puestos en la decisión de Donald Trump de imponer una cuota “compensatoria” de aranceles a la importación de acero hacia Estados Unidos, inclusive las que se llevan a cabo en pleno cumplimiento del marco legal de tratados comerciales y las reglas de la Organización Mundial de Comercio.

La medida se antoja contraproducente: no sólo ha levantado protestas entre otros socios comerciales como Alemania; también entre organismos internacionales, incluyendo el Banco Internacional de Pagos, que llamó la atención sobre el impacto que tendría una medida de esta naturaleza en la salarios, empleos e incluso la sustitución de trabajadores por robots para afrontar un incremento de precios.

Sin duda, el mundo está cambiando, aunque no tanto y no lo suficiente para considerar que desconocer e incumplir las reglas del comercio internacional es la mejor opción para crear valor añadido o apoyar el crecimiento de la industria.

Justamente, las medidas acordadas entre pares comerciales permitió fortalecer cadenas de valor entre los países que signaron los acuerdos. Es el caso de México con la región de América del Norte.

Nuestra nación se encuentra entre los cinco principales exportadores de acero hacia Estados Unidos, es decir cerca de 79% de éstas proviene de México, convirtiendo al mercado norteamericano en su principal cliente.

La industria siderúrgica nacional crea más de 672,000 empleos, que participan en la producción anual de 18.8 millones de toneladas de acero crudo; es un pilar fundamental para la economía tanto mexicana como en distintas cadenas de valor internacional, por lo que las limitaciones -unilaterales- al comercio representan un duro golpe para la confianza regional, además de abrir un frente a una guerra comercial.

México no le tiene miedo a la competencia. En nuestras filas se encuentran miles de trabajadores valiosos, capaces de transformar la industria y hacerla más competitiva, con el apoyo de modelos sindicales que estén alerta a la defensa de su fuerza laboral.

Más allá de la decisión que adopte la administración de Estados Unidos, México también deberá replantear las medidas que deberá tomar ante el inevitable crecimiento de prácticas deselales.

Una de las opciones que tenemos es considerar aranceles permanentes de entre 2 y 7% a la importación de aquellos países que no cumplen con las reglas de libre comercio, como China, Rusia o Vietnam, para equilibrar las distorsiones del mercado.

Además, urge establecer una política industrial integradora que dé prioridad a que al menos 60% de los insumos manufactureros se produzcan en México, lo que fortalecería la producción interna del sector y permitirá mejores prácticas laborales que eviten la pérdida de aproximadamente 24,000 empleos por la competencia desleal.

Lo cierto es que no podemos dejar que el futuro de la industria siderúrgica mexicana sea decidida por un solo hombre, quien está tomando a la ligera el daño -quizás irreversible- al que podría someter a este sector industrial, dentro y fuera de sus fronteras.

*Tereso Medina Ramírez es Senador de la República y Secretario General de la CTM en Coahuila

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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