EFE.- El modisto Giorgio Armani no piensa en la jubilación a pesar de haber llegado a los 85 años, al contrario, sigue al frente de su empresa defendiendo una estética regida por la elegancia y el minimalismo.

Sinónimo de sobriedad, refinamiento y elegancia, Giorgio Armani, a sus 85 años sigue siendo independiente, lleva el timón de su compañía, que a día de hoy navega a buen ritmo, sin atarse a ningún conglomerado del lujos.

Revolucionó la moda cuando vistió a la mujer con una chaqueta americana de corte masculino. Ahora, cuatro décadas después de que empezara su universo creativo sigue vigente.

Defiende la comodidad y las líneas sencillas. En su propuestas no existen las estridencias, los colores fuertes ni vulgares. Siempre ha trabajado para que la mujer y el hombre vistan elegantes, sin caer en el disfraz ni en la dictadura de la moda.

No le gusta hablar de tendencias, prefiere hacer referencia a prendas sofisticadas y su marca apuesta por el estilo limpio y refinado.

Foto: EFE

“Lo importante es sentirse cómodo y a gusto con lo que se lleve”, ha dicho Giorgio Armani en varias ocasiones quien, tras la retirada de Valentino en 2008 y el fallecimiento de Karl Lagerfeld el pasado febrero, se ha convertido en el decano de la moda.

Para él, el concepto de la elegancia actual es distinto al de hace 20 años. “La elegancia es un halo que desprende quien extiende en el vestir su personalidad. Hay mil maneras de ser elegante, lo más importante es vestir de acuerdo a la manera de ser de uno.

“Me gusta que la mujer no sea esclava de la moda, sino que sea selectiva y sepa lo que quiere”. Giorgio Armani (11 de julio de 1934 en Piacenza), hijo de una familia italiana acomodada, padre contable y madre ama de casa, estudio en el Liceo de su ciudad y, años más tarde, se trasladó a Milán para estudiar medicina. Tras tres cursos los abandonó para hacer el servicio militar.

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“Me fascinaba el estudio del cuerpo humano. Pero no fui un buen estudiante, me faltó concentración”. En 1957, paso a ser montador de escaparates de los exclusivos almacenes milaneses “La Rinascente”. Allí permaneció hasta 1964, cuando llegó al taller de la firma italiana Nino Cerrutti y, sin saber coser, creó una colección completa para hombre. Tuvo éxito.

Recuerda que una sus primeras ideas fue incluir una botonadura de asta de toro en una chaqueta de Cerruti. Aunque no contó con la aprobación total del equipo, el resultado fue magnífico.

Cambió la indumentaria del siglo XX

Hasta que en 1975 creo su propia empresa con el apoyo del arquitecto Sergio Galeotti, su pareja en aquel entonces, que falleció sólo 10 años después, Armani trabajo para otras firmas italianas.

Su genial idea de vestir a la mujer con la americana masculina le catapulto a los cielos de la industria textil. Se convirtió en una de las personas más representativas e influyentes de la moda. El diseñador italiano cambió la indumentaria masculina y femenina del siglo XX.

Otra de sus grandes aportaciones fue la integración de motivos y temas de la ropa deportiva en la sastrería tradicional en la moda masculina. Convirtió el traje masculino en una prenda sexy, prueba de ello fue el encargo que recibió para vestir a Richard Gere en la película “Americam Gigolo”. Desde que inició su carrera, la filosofía de Giorgio Armani se sustenta en este concepto: “Cuando pienso en la moda, pienso en algo que forma parte intrínseca de mi vida. Cuando pienso en el estilo, pienso en el único lujo real que cualquiera puede permitirse, con dinero o sin él. Cuando pienso en elegancia, pienso en cómo se alcanza silenciando las tendencias ruidosas”. Armani se define como una persona “más cerebral que instintivo”. Le divierte más hacer la ropa de mujer, aunque resulta “más complejo que la de hombre”.

“Vestir al varón es más fácil por ser más clásico y menos exigente, mientras que la mujer siente el deseo de renovarse a menudo”, dice este italiano que entre su clientela se encuentran George Clooney, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Celine Dion, Lady Gaga o Ricky Martin.

Dice que le interesa la mujer, que sólo ella es la que se anuncia a sí misma. Su cultura, su profesionalidad, la razón que posea y su risa, que puede ser más sexy que un escote inmenso. “Esa mujer que ya tiene bien vestida la mente es a la que quiero vestir el cuerpo”. Parece que por Armani no pasan los días. Siempre elegante, enfundado en camiseta y pantalón azul navy afirma: “Una chaqueta, un par de pantalones oscuros –azules o negros- un suéter, una camisa de cachemira y un par de zapatos bonitos, son suficiente para vestir a una mujer u hombre de manera impecable y elegante”. Una maleta fácil, práctica y sostenible. El menos de Armani siempre es más.

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