Usar hipérboles es poco recomendable porque, por lo general, corresponden a juicios de valor muy personales. A pesar de eso, decir que Enrique Metinides es el fotógrafo mexicano de nota roja más reconocido del país, quizá no sea tan exagerado. La obra de Metinides saltó de los periódicos para recorrer algunas de las galerías de arte con mayor reconocimiento del mundo, sobre todo en Europa y Estados Unidos. Incluso ha sido homenajeado en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.

Las retinas de Metinides lo han visto todo y, muy probablemente, más de lo necesario, como lo da a entender el título del documental El hombre que vio demasiado, que se presenta en la undécima edición de Ambulante: Gira de Documentales.

Firmado por la realizadora de origen británico Trisha Ziff (La maleta mexicana), la película propone una revisión de las diversas aristas que conforman la vida del fotógrafo. Su inicio ―casi por accidente― en la profesión, su reticencia a ser nombrado periodista ―o fotógrafo profesional, para el caso―, la plástica dentro de sus imágenes, los riesgos de su trabajo, la admiración de sus colegas, la relación entre la vida y la muerte en la cultura mexicana, etcétera, son temas que se van sugiriendo a los espectadores, mientras son expuestos a las fotografías tomadas por Metinides.

La intención es crear un contraste, recrear el choque de un ojo extranjero sobre la fascinación muy mexicana por la sangre. Ante la cámara, Dan Gilroy, director de Primicia mortal (Nightcrawler, 2014), lo explica muy bien: el pueblo norteamericano tiene una larga tradición de violencia, intrínseca a su deseo de portar armas; no obstante, es atípico verla representada en medios de comunicación. Podrán ser ruidosos y amarillistas, no así violentos. Para él es mera hipocresía.

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La cámara de Ziff se hace la misma pregunta sobre Metinides. ¿Cómo este hombre de frágil apariencia e incapaz de subirse a un avión, entró al mundo de la nota roja, lo conquistó, y ahora es considerado un artista? La respuesta parece, en el fondo, muy sencilla: fue la curiosidad la que dio vida al fotógrafo, no al revés. Está lejos de ser una celebración de la violencia. La vida de Metinides está marcada por esa necesidad de ver, de encontrar imágenes y poder conservarlas (aun cuando no estuvo ahí, gracias a álbumes de fotografías temáticos de obsesiva composición).

Si algo debilita el resultado final de El hombre que vio demasiado es, precisamente, su intención de querer abarcarlo todo, no sumergirse en una alberca. Los temas se amontonan entre las anécdotas (esa colección eterna de juguetes) y los primeros quedan sin explorar, mientras las segundas se vuelven repetitivas. (De manera similar a como sucedía en Alarma! [2007], el documental producido por Vice, y El diablo y la nota roja [2008], sobre la nota roja en el sur del país.)

Y a pesar de eso, el increíble ojo de Metinides se impone, deseoso de seguir viendo.

 

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