El Iguala case study permitirá que empresarios y funcionarios aprendan lo que no se debe hacer ante una crisis.

 

Es prematuro asumir que el 26 de septiembre de 2014 será recordado como el parteaguas que definió el legado del sexenio de Enrique Peña Nieto. Todavía faltan cuatro años de su gobierno. Pero lo que sí podemos afirmar es que ese día inició una profunda crisis en México, que el gobierno federal trató de resolver, pero que, en el intento, demostró no sólo una gran debilidad para reaccionar, sino la fragilidad de la democracia mexicana.

Podemos decir que el comportamiento de Peña Nieto y su equipo podría considerarse como un case study (caso de estudio), como los que usan los profesores en la Facultad de Negocios de Harvard para subrayar mejores y peores prácticas de las empresas y gobiernos. El Iguala case study permitirá que empresarios y funcionarios aprendan lo que no se debe hacer ante una crisis.

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La realidad es que el presidente y su equipo estaban destinados a tener extraordinarias dificultades para enfrentar una crisis, como Iguala 2014, debido a la coyuntura que se vive en el país; más aún, cuando la capacidad de liderazgo de la Presidencia ya había sido sometida a duras pruebas y cuestionamientos.

Sin embargo, al arranque de este sexenio, y a pesar de algunas crisis (huracanes, los paramilitares en Michoacán y el estallido en el edificio de Pemex), Peña Nieto y su equipo crecieron como gobierno y marcaron las pautas de lo que se percibía como un equipo coordinado, eficiente y, sobre todo, con capacidad de reaccionar y operar.

¿Qué le pasó al presidente y equipo el 26 de septiembre? La realidad los alcanzó.

Para mitigar el efecto de la crisis, primero se deben definir bien las amenazas.

Desde la campaña, el presidente y su equipo decidieron que el tema de seguridad no sería una prioridad en el discurso ni en las decisiones de políticas públicas. Esta decisión significó ceder los intereses de seguridad por otros con mayor prioridad. Podemos especular que la falta de una intervención más contundente por parte de la Federación en Guerrero, antes e inmediatamente después del 26 de septiembre, tenía que ver con no crear fricción entre la Presidencia y el PRD.

También, el no etiquetar como prioridad una posible amenaza, puede resultar en falta de inversión para asegurar suficiente información veraz y creíble para que la Presidencia pudiera tomar mejores decisiones.

¿Dónde han estado las corporaciones de inteligencia y seguridad?

Uno de los factores clave para que un gobierno pueda mitigar el impacto de una crisis es tener una extraordinaria estrategia de comunicación. Pero el presidente y su equipo, aun antes del 26 de septiembre, ya tenían problemas en este rubro. Y su capacidad se fue deteriorando sistemáticamente, porque no había un mando ni responsabilidad clara de quién debía informar.

Ante una crisis, alguien llenará los vacíos de comunicación. Y mientras más confusión hay en la estrategia de comunicación, la credibilidad de la información y del gobernante se deterioran (desde el 26 de septiembre, la Presidencia también enfrenta una crisis en su vida personal –léase la Casa Blanca–, algo que también su equipo manejó muy mal).

Crisis de seguridad y crisis personal.

El presidente tiene dos frentes abiertos que están carcomiendo su capacidad de gobernar. Aun así, su equipo no ha podido desarrollar una estrategia para llenar los vacíos de comunicación ante los problemas que la Presidencia enfrenta, lo que debilita su capacidad para gobernar.

Todos los manuales de manejo de crisis reconocen las dificultades de tomar una decisión con la información que se tiene. Por ello es fundamental que el gobernante esté rodeado de un gran equipo de asesores para enfrentar extraordinarias situaciones.

Sorprende cómo la situación de violencia en Guerrero continúa sorprendiendo al gobierno federal, que sigue sin ejercer control territorial sobre la entidad. La crisis que se enfrenta en esta zona del país demuestra que el equipo de Peña Nieto podría no estar a la altura necesaria para el manejo de verdaderos retos de gobernabilidad en los siguientes años.

Una recomendación de los expertos en crisis es que hay que tomar posiciones que demuestren que habrá un cambio de comportamiento y del statu quo.

¿Gabinetazo en puerta?

 

 

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