La consigna del primer ministro británico Winston Churchill, con respecto a que “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”, hoy recobra su significado. La democracia es el único sistema de gobierno que permite equilibrar el bienestar colectivo y las libertades individuales.

Empero, ese equilibro es difícil de alcanzar. En una democracia, no todos los individuos estarán conformes con los resultados de la elección. Incluso, se puede señalar que el sistema democrático no es perfecto. De acuerdo con el “teorema de imposibilidad”, del premio Nobel de Economía, Kenneth Arrow, hay límites que impiden a la democracia incorporar las preferencias de los ciudadanos de manera coherente.

Sin embargo, se aceptan los resultados como legítimos, ya que la democracia aún es el sistema más idóneo para conciliar intereses plurales. Ésta es una regla de oro. Además, favorece el crecimiento económico, toda vez que brinda el andamiaje institucional y legal que protege las libertades económicas; pero no siempre es un antídoto infalible contra el voto irracional y desinformado. Este último se presenta, principalmente, por el miedo, odio o rencor que generan las campañas, por lo que se requiere de una ética política, muy ausente entre los políticos y sus partidos, no obstante que los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos el proceso electoral, las campañas y sus ingresos.

En los próximos meses, la actividad económica tendrá impactos por la incertidumbre generada por las elecciones. Incluso, se prevé que, hasta el día de la votación, se suscite una mayor volatilidad en los mercados financieros y cierta paralización de inversiones.

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Uno de los indicadores que, en mayor medida, resentirá esta volatilidad será el tipo de cambio, que en cada época electoral ha registrado una marcada volatilidad frente al dólar. En el segundo trimestre de los años electorales 2000, 2006 y 2012, el peso se depreció 6.01%, 5.96% y 9.14%, respectivamente. Este año se estima que no sea la excepción. En los siguientes meses, debido a la incertidumbre electoral el peso podría alcanzar entre 18.90 y 19.41 unidades frente al dólar en junio, según la última encuesta realizada por el Banco de México. Pero, si todo sale bien, posteriormente podría apreciarse y promediar los 18.84 pesos por dólar, nivel por debajo de los 18.91 pesos registrados en 2017.

Para el primer año del próximo gobierno, de acuerdo con una consulta a analistas del sector privado realizada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se prevé un menor crecimiento, al pasar de 2.40% a 2.33%. Pese a ello, y esto es vital, se contará con un escenario macroeconómico sin disrupciones, que permitirá consolidar el superávit primario y acotar la deuda pública.

Pero, ante un escenario de contingencia económica, México cuenta con un blindaje financiero compuesto por reservas internacionales de 173,232 millones de dólares (mdd) y una línea de crédito con el Fondo Monetario Internacional valuada en 90,000 mdd, con base en cifras del Banco de México. En el año 2000, las reservas eran de 31,000 mdd (5% del PIB); en 2006, de 79,000 mdd (8% del PIB); y, en 2012, de 157,000 mdd (13.6% del PIB). En el corto plazo, México se posiciona con fundamentos macroeconómicos sólidos, finanzas sanas y una política monetaria enfocada en limitar la inflación.

Sin embargo, nuestro país debe seguir enfrentando sus grandes retos: la pobreza, la desigualdad, el crecimiento económico, la corrupción y la inseguridad pública, que seguirán siendo temas cruciales del próximo gobierno. Por ello, la congruencia y fortaleza de las políticas económicas serán clave en el mediano y largo plazos.

Es cierto, las elecciones serán importantes, pero no se debe sobrestimar su impacto. Se cuenta con una economía robusta para enfrentar cualquier incertidumbre política. Y la democracia es un sistema de gobierno que presenta defectos, pero tiene una gran ventaja: todos los demás sistemas de gobierno tienen defectos más graves.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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