El tema no es menor. Involucra nuestra privacidad, que podría caer en manos equivocadas. Pero aún no hay consenso en si la información de los usuarios debería seguir comercializándose o si debería cobrarse un pago fijo o suscripción por cada servicio y app.

 

Televisión conectada a internet. Refrigerador solicitando datos para programar la congelación. Lavadora controlada desde el teléfono. Impresora operada desde kilómetros a distancia. ¿Parece ciencia ficción? No totalmente. El internet de las cosas, como fue bautizado en 1999 por el Auto-ID Center, con sede en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), tiene el objetivo de que la red de objetos que usamos en nuestra vida cotidiana esté interconectada.

¿Esto significa que vamos a firmar contratos, como lo hacemos hoy con los teléfonos móviles, para conseguir hardware casi gratuito y pagaremos por los servicios? ¿O vamos a seguir obteniendo descuentos o servicios y apps libres mediante la entrega de nuestros datos personales, como lo hacemos con Google y Facebook?

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El tema no es menor. Involucra nuestra privacidad, que podría caer en manos equivocadas. Esto genera discusiones en las oficinas de innovación de muchas empresas en el mundo, y no sólo en las tecnológicas, pues no hay consenso en si los datos de los usuarios deberían seguir comercializándose o, por el contrario, debería cobrarse un pago fijo o suscripción por cada servicio y app para que las compañías usen los datos como moneda de cambio.

“Lo que veremos en el futuro es una gran empresa… que viene a su puerta diciéndole que puede darle todos sus productos de línea blanca (el televisor, el teléfono, la tableta, instalación de seguridad para su casa) y sólo pagará una suscripción por su uso”, prevé Stephen Pattison, vicepresidente de la empresa de chips ARM, al hablar en junio en la conferencia “Internet de las cosas” en la Cumbre Tecnológica en Londres.

¿Por qué el optimismo de que no seguirán comercializándose los datos personales? La respuesta la dio Darren Thomson, vicepresidente de la empresa de seguridad digital Symantec. “La gente está empezando a mentir a este tipo de servicios. Comienza a dar información falsa para acceder a servicios, manteniendo su información personal segura.” Y esto podría tener una severa implicación en las mejoras y actualizaciones en el internet de las cosas, pues las principales innovaciones y mejoras se realizan basadas en el análisis de datos que entregan los usuarios. Es decir, éstos mentirán y cada vez más las actualizaciones podrían tener más errores al carecer de información real que les ayuden a generar planes y estrategias.

 

¿Pago adelantado o suscripción?

La gratuidad está saliendo cara. Y ya hay empresas que buscan instalar un código de ética para el uso de la información personal de sus usuarios. ¿Están preocupados por sus clientes? Quizá, pero la principal razón es de negocio. Saben que de no frenar cuanto antes la comercialización de sus bases de datos, la información falsa les pegará en la calidad y, por ende, en su credibilidad.

“En lugar de entregar los datos, tal vez deberíamos empezar a pagar por adelantado hardware y servicios”, dijo hace poco Tim Cook, CEO de Apple, quien agregó que su firma cree que es preferible cobrar al usuario que vender los datos personales de los clientes a los anunciantes, algo que muchas de las empresas de tecnología hacen para conseguir recursos.

“Si no conseguimos llevar al pago de estos servicios, no vamos a conseguir que los datos manejen el mundo inteligente que todos estamos tratando de crear”, dijo el vicepresidente de los chips ARM, Stephen Pattison.


Memoria RAM: En las redes sociales está la audiencia. Eso no es nuevo, pero llevar allí el contenido antes que en el portal propio, no deja de sorprender. En esta ocasión fue la NASA, que prefirió subir la primera imagen de Plutón en Instagram, para sus 3.5 millones de usuarios, antes que en su portal web. El poder de las redes sociales parece que no tiene límite.


 

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