Si hay un nuevo perfil de alumnos, ávidos consumidores de tecnología, entonces deben existir formatos que faciliten el desarrollo de estas habilidades. Aquí 5 recomendaciones.

 

Internet puede ser un verdadero dolor de cabeza para cualquier profesor, si no se tienen las consideraciones adecuadas. Y es que la red de redes puede potenciar cualquier cosa que se haga en ella, tanto las positivas como las negativas. Además, ponerse al día en cuestiones tecnológicas a veces resulta un tanto complicado por la velocidad con la que avanzan las actualizaciones.

No obstante la resistencia que presentan algunos profesores respecto del uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC), el Pew Research Center presentó un estudio que reveló que internet es visto en países avanzados y emergentes por igual como una influencia positiva en cuestión de estudios, debido a la forma en que se socializa el conocimiento, se generan formas colectivas de trabajo y la forma en la que se puede acceder al conocimiento, aunque la misma encuesta revela que internet puede influir de forma negativa en la moral.

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Es común enfrentar aulas donde la mitad de los alumnos ponen más atención a sus dispositivos que a su clase, mientras el profesor se empeña en explicar algún tema que cada vez más les resulta ajeno a los estudiantes y se encuentra fuera de su realidad inmediata. Vamos, son las peripecias de nuestro sistema educativo que se dio cuenta que estaba en los últimos lugares de aprovechamiento y que, en lugar de corregir las fallas estructurales, decidió esconder los errores a través de evitar que los alumnos reprueben y hacer que los profesores llenen formatos de planeación interminables.

Las TIC rebasan a los profes, las aulas y los alumnos. Si hay un nuevo perfil de alumnos, ávidos consumidores de tecnología, entonces deben existir formatos que faciliten el desarrollo de estas habilidades, de las posibilidades de trabajo y de estudio. Es necesario actualizar las formas de enseñar y trabajar en las aulas.

Los profesores tenemos la responsabilidad de actualizarnos y observar que la tecnología no sólo puede ser un aliado, sino debe ser parte de nuestra planeación y complementación al dar clase. Utilizar los recursos tecnológicos disponibles puede ayudarnos a dinamizar el proceso de enseñanza-aprendizaje de una manera mucho más efectiva y cercana con nuestros alumnos.

El perfil de los alumnos contemporáneos es complicado, pero no imposible. Buscan la satisfacción inmediata, pero también retos que los provoquen. Por ello, quizá sea una buena idea empezar con la gamificación de ciertas actividades como una manera de crear interés en las aulas.

Por ello dejo aquí 5 recomendaciones básicas para aprovechar la tecnología en favor de la educación.

  1. Incentivar la creatividad a través de la construcción de nuevas formas de exponer. Y es que la red tiene muchas plataformas que los estudiantes pueden utilizar para exponer los resultados de una investigación o un tema que les es asignado. Videos, infografías, blogs y demás pueden ser nuevos desafíos que motiven a los alumnos a buscar cómo explicar ese tema complicado desde un punto de vista novedoso.
  2. Fomentar el trabajo colaborativo. Por lo general, cuando se hacía un trabajo en equipo, sólo un par de personas lo hacían, y el resultado quedaba incompleto porque o no había coordinación o había impedimentos de tiempo, geográficos o cualquier otro pretexto. En la actualidad existen aplicaciones que fomentan el trabajo colaborativo como Prezi, Popplet o Emaze, que son auxiliares en la realización de este tipo de trabajos.
  3. Crear sistemas de referencias y repositorios digitales. La web está llena de datos e información de todos colores. Y por ello sabemos que no toda la información es adecuada. Una labor importante del profesor es que empecemos a crear nuestros propios repositorios digitales con materiales digitales que previamente revisemos (DropBox, Drive o Box pueden servir bien; también es importante que busquemos fuentes confiables de información como Redalyc o incluso tableros en Pinterest ayudan a recabar la información necesaria para una clase).
  4. Establecer un sistema que permita comunicación y unión. Se pueden poner miles de pretextos respecto del por qué un trabajo o investigación no se terminó, menos que no hubo comunicación. Hacer grupos de trabajo en Facebook o WhatsApp o utilizar un administrador de proyectos como Trello son buenas opciones.
  5. Fomentar la ética y el reconocimiento del trabajo de los demás. No dar crédito a las fuentes cuando se realiza un trabajo es cosa de todos los días. Sin embargo, como profesores debemos inculcar que el reconocimiento de las fuentes no sólo es necesario desde el punto de vista ético, sino para enriquecer y sustentar cualquier trabajo o investigación escolar. Ya antes había escrito una entrada para evitar plagios en internet.

Hace 16 años empecé mi labor como profesor, y espero sinceramente que no concluyan pronto, porque es una de las actividades más enriquecedoras que puedan existir; además, la web puede resultar una gran aliada en la educación de las generaciones venideras. ¡Felicidades a mis colegas!

 

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