Si queremos un mundo mejor, tenemos que revolucionar la educación. El juego, en serio, puede conseguirlo.

 

 

Por Lourdes Zamanillo

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Los resultados del test de pensamiento creativo Torracey revelan que en las últimas tres décadas los niños se han vuelto menos expresivos, imaginativos, perceptivos y sintéticos. En una época en que la única constante es el cambio, necesitamos líderes con las fortalezas que la tecnología no tiene: emprendimiento, innovación y creatividad. Sin embargo, pareciera ser que el sistema educativo nos está dando justamente lo contrario.

Si queremos cambiar la forma en la que piensan los niños necesitamos cambiar la forma como aprenden. Varios estudios sugieren que la clave está en empezar a tomar en serio el juego.

 

¿Por qué es importante el juego?

Bruno Bettelheim explica que con el juego los niños adquieren hábitos que mantienen de por vida. Jugar nos enseña a perseverar para obtener una recompensa, a que la vida en sociedad tiene reglas que permiten que la interacción funcione, y que seguir esas reglas y controlar nuestros impulsos agresivos nos dará más y mejores recompensas que actuar compulsivamente.

“El juego debe ser entendido como una actividad organizada con roles determinados y un propósito definido que representa una forma natural de relación en el niño”, dice Guadalupe Luviano, directora de Contenidos Educativos en el ILCE.

Los beneficios educativos del juego han sido comprobados en numerosos estudios. Uno de éstos, liderado por Donovan y Burns en 2001, comparó el desempeño de dos grupos de niños: unos con enseñanza lúdica y otros con enseñanza basada en la memoria. Los científicos descubrieron que los niños del segundo grupo tenían mayor incidencia delictiva, eran menos fraternales y más propensos a experimentar problemas emocionales. Hart, Yang, Charlesworth y Burts confirmaron dichos hallazgos dos años después, encontrando que los niños de tercer grado de primaria que no tenían espacios lúdicos sufrían de más estrés que los demás niños. El estrés propicia desórdenes como hiperactividad, hostilidad y agresión; estos niños tenían un menor desempeño en tareas de vocabulario y lectura de comprensión.

Jugar nos permite experimentar y practicar los desafíos del mundo real a pequeña escala, desarrollando nuestras habilidades críticas y creativas. Dina Buchbinder, emprendedora social Ashoka, ha visto esto de primera mano a través de su programa Deport-es para Compartir, que se ha implementado en cuatro mil espacios educativos de 23 estados de la República. “Los niños que han formado parte de nuestro programa demuestran un mejor desempeño en las evaluaciones, y es que no puedes olvidar algo que vives”, comenta Dina.

Los juegos que implementa Deport-es para Compartir involucran actividad física, imaginación y preguntas de reflexión que retroalimentan al niño para que afiance el aprendizaje y pueda transformarlo en acciones concretas.

Los desafíos críticos y complejos de la actualidad exigen que los niños desarrollen creatividad, imaginación, trabajo en equipo, empatía e inspiración como elementos clave para liderar los cambios necesarios para el futuro. Por esto, Ashoka y la Fundación LEGO lanzan el desafío Reinventando el Aprendizaje: Jugar para Aprender, que busca crear una red global en que los participantes puedan compartir sus ideas y recibir apoyo y retroalimentación de expertos y emprendedores trabajando en la misma temática.

Si cuentas con un proyecto que está transformando las formas de aprendizaje de niños y jóvenes utilizando juegos, actividades lúdicas y/o técnicas de aprendizaje experiencial, participa. Los 10 modelos más innovadores recibirán 200 mil dólares estadounidenses en efectivo y apoyo en consultoría.

El mundo ya no se ordena por la eficacia industrial o la repetición, pero seguimos educando de esa manera. Si queremos un mundo mejor, tenemos que revolucionar la educación. El juego puede conseguirlo. Para más información, consulta Changemakers.

 

 

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Página web: Ashoka México y Centroamérica

 

Lourdes Zamanillo es colaboradora de Ashoka México y Centroamérica.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

 

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