Con el programa QE es como han logrado mantener a flote la maltrecha economía estadounidense. No hay recuperación real.

 

En las últimas semanas de 2013, los principales medios financieros estuvieron cargados de dos cosas: notas positivas respecto a la “buena forma” en que se encontraba ya la economía estadounidense, y de noticias negativas sobre el pésimo año que tuvo el oro: “el peor en más de tres décadas”, sentenciaban.

Sin embargo, con la llegada de 2014 incluso esos mismos medios informativos, han comenzado a cargar su atención en si los índices bursátiles –con los de Estados Unidos a la cabeza, se encuentran o no en una fase de burbuja especulativa.

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Ambos enfoques, el de la “recuperación” y el de la burbuja bursátil, están muy relacionados entre sí, tanto, que gran parte del público los asume como sinónimos: si avanza una, crece la otra. No obstante, nada está más alejado de la realidad.

De hecho es todo lo contrario.

La subida hacia nuevos máximos históricos que recientemente han observado índices como el S&P500, está relacionada nada más que con la continua impresión monetaria de la Reserva Federal (Fed, banco central de EE.UU.).

Sí. Pese a haber reducido sus estímulos (QE) el mes pasado a 75 mil millones de dólares (mdd) mensuales desde 85 mil mdd en que se encontraba, lo cierto es que el monto de estímulos continúa siendo muy alto, y en vez de ceder más y más este año como es el consenso, podría prolongarse e incluso ampliarse, ahora, con la Fed bajo la dirección de Janet Yellen.

Su impresión monetaria no está creando inflación, pero sí incrementando la propensión de los inversores a acumular activos. Por ahora solo los más avezados persiguen nada más que los activos reales –tangibles y no financieros, pero llegará el momento en que todos huyan hacia ellos, pues la vorágine deflacionaria, será brutal.

De este modo, con el programa QE es como han logrado mantener a flote la maltrecha economía estadounidense. No hay recuperación real.

Una simple pero contundente prueba de esta mala percepción es que el mes pasado, al anunciar y justificar su recorte de estímulos, la Fed dijo en su comunicado oficial que veía “la mejoría en la actividad económica y las condiciones del mercado laboral como consistentes con la creciente fortaleza subyacente de la economía en general. A la luz del progreso acumulado hacia el máximo empleo y la mejora de las perspectivas de las condiciones del mercado de trabajo, el Comité decidió reducir modestamente el ritmo de sus compras de activos.”

Para desgracia de la Fed, hoy sabemos que de nuevo, sus percepciones fueron erróneas.

En diciembre, aunque la tasa de desempleo bajó de 7.0 a 6.7 por ciento, la realidad es que esa caída no se debió a una pujante generación de puestos de trabajo, sino a un desplome en la tasa de participación laboral a 62.8 desde 63.0 por ciento en que se encontraba. Más gente se dio por vencida.

Según datos publicados por Zerohedge, esto significa que de 155.3 millones de personas que participaban en la fuerza laboral, en diciembre hubo solo 154.9 millones, mientras que las excluidas de ella ascendieron a un récord de 91.8 millones.

Por si fuera poco, de las decepcionantes 74 mil plazas laborales creadas en Estados Unidos ese mismo mes, el 55 por ciento fueron temporales.

Vaya, si a eso le llama la Fed una “mejora en las perspectivas” de trabajo, entonces tal vez sepa algo que nosotros no, o de plano no tiene idea del rumbo que ha tomado la economía real. En este espacio apostamos todo a esta última posibilidad.

Así que ahora podemos entender por qué esos mismos “analistas” y “expertos” de corto plazo, que se habían convertido en defensores de la “recuperación”, ahora digan que están muy preocupados por la valuación de las bolsas, sobre todo, tras las caídas observadas en este inicio de año.

El oro –verdadero refugio financiero por excelencia, se ha visto beneficiado de momento por este pesimismo parcial, pues a mayor temor de una burbuja reventada, los inversores corren hacia él.

Pese a ello, debe tenerse precaución. Ya sabemos que la economía está prendida de alfileres, pero también que la Fed con Yellen a la cabeza, seguirá muy preocupada por maquillar la fachada, elevando todavía más esos mismos índices bursátiles.

El teatro buscarán sostenerlo el mayor tiempo posible, pues estos indicadores son seguidos muy de cerca por el público inversionista en aquel país, que tiene interés en no verlos descender.

De manera que la burbuja de las bolsas, como suele ocurrir con la mayoría de ellas, podría seguir inflándose más de lo que hoy se cree posible en la primera mitad de 2014. Más allá de este año, se antoja muy difícil.

Por eso no se preocupe. El próximo mes o el siguiente, los datos lucirán “mejor” de nueva cuenta como por arte de magia, y ya nadie se acordará de las malas nuevas de hoy. Seguirá la fiesta.

Lo malo para quien se lo crea, será que una vez pinchadas por la causa que sea, el reventar de esas burbujas bursátiles tomará a muchos desprevenidos.

Para cuando eso suceda, los reflectores estarán acaparados por los metales preciosos monetarios, que como hemos anticipado en esta columna, concluirían este año su periodo de corrección (baja) para retomar el camino al cielo.

Ojalá que los lectores de este espacio, no formen parte de los que no estarán preparados. Los demás, están avisados.

 

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