El ex embajador de EU en México advierte que en la región cercana a la frontera de Texas, donde se centrará el desarrollo de gas y petróleo no convencional, las condiciones de seguridad serán más cuestionadas.

 

Por Pierre-Marc René

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La falta de transparen­cia en las licitaciones, los altos niveles de co­rrupción y los problemas de inseguridad en México son elementos que se agregan a la brusca caída del precio del petróleo a escala global y que podrían frustrar la promesa de desarrollo del sector energético mexicano.

“México el día de hoy, obviamen­te, presenta una situación mucho más estable en comparación con Medio Oriente o partes de África, sin embargo, el contexto político y social son dos aspectos que se van a considerar”, advierte el ex embaja­dor de Estados Unidos en México, Carlos Pascual.

La reforma energética es una medida que tiene potencial para atraer mucha inversión y crear empleos, pero es también un proceso complicado que se tiene que cuidar mucho, donde las condiciones económicas globales se han hecho todavía más complejas en los últimos meses, explica Pascual, quien ahora se presenta como investigador senior del Centro de Política Energética Global de la Universidad Columbia, en Nueva York.

Carlos Pascual es un veterano del sector energético global. Lo consultamos en un contexto de preocupación por el precio del petróleo. La mezcla mexicana de exportación cerró en 38.03 dólares el viernes 23 de enero. El lunes 26, al mediodía, el West Texas Inter­mediate estaba en 45.74 dólares y el crudo Brent en 48.72.

“Tenemos un periodo, por el próximo año o año y medio, don­de habrá más oferta que demanda y se va a mantener un menor precio, bastante bajo, entonces México va a estar entrando al mercado en ese mismo punto y la pregunta que van a tener todo los inversionistas será ¿cuál es la calidad de los recursos que se ofrecen en México?”

La parte positiva para México, dice Pascual, es que esos precios deben ser competitivos. “El reto para México será poder mostrar que tiene un recurso que sí merece la inversión internacio­nal y que puede ser competitivo y rentable a los precios que está, en su nivel más bajo desde hace unos 5 o 6 años. Hubiera sido más fácil si el precio estuviese a un nivel más alto, eso dejaría a México mostrar su competitividad entre parámetros más amplios”.

 

Otro tema importante, es el tema de  seguridad, cómo lo es el caso de  Ayotzinapa, ¿Qué impacto hay o puede  haber para esas empresas energéticas?

Las consideraciones de seguridad donde van a ser más importantes serán en el desarrollo de gas y el petróleo no convencional o esquis­to, región cercana a la frontera de Texas, que ha sido una parte del país con poca seguridad, y los inversio­nistas van a mirar de manera cerca­na cuáles son los arreglos que puede ofrecer el gobierno para mantener la seguridad en esas áreas. Es algo que se puede manejar, pero va involucrar la participación de fuerzas de segu­ridad, negocios y comunidades, y se va a tener que ver el desarrollo de estos recursos como algo que pueda traer beneficios a esa parte del país, como más empleos, de manera com­parable con lo que hemos visto con Estados Unidos. Y si es así, es algo que sí se puede realizar, todos van a mirar con mucho cuidado cuáles serán los arreglos de seguridad por esas partes del país.

De acuerdo con estudios de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), México ocupa el cuarto lugar a nivel inter­nacional con el 10% de los recursos técnicamente recuperables.

Petróleos Mexicanos (Pemex) estima las reservas de shale en 60,000 millones de barriles de petró­leo equivalente. Se identificó un área prospectiva de 43,000 km2 ubicada en cinco provincias geoló­gicas con potencial para producir hidrocarburos shale: Chihuahua, Sabinas-Burro-Picachos, Burgos, Tampico-Misantla y Veracruz.

 

¿Cree que va haber una guardia  privada que garantice la seguridad  para las empresas del sector?

Es posible, eso se ha visto en otras partes del mundo, pero eso sin la cooperación del Estado no funcio­na, siempre tiene que haber una co­nexión efectiva con el Estado para poder asegurar el bienestar de los empleados que estén en esa parte.

 

Se ha hablado mucho que Pemex ha  sido muy afectado por el crimen  organizado ya que existe robo de  combustibles por los gasoductos,  oleoductos y en todas partes. ¿Ésa  es una preocupación para las empresas  que vinieran a involucrarse en el  sector nacional?

Son asuntos de seguridad que no tienen distinción en el sentido de que de igual manera dependerá de la relación que exista entre fuerzas de seguridad del Estado con priva­das, si es que las hay.

Carlos Pascual no quiere hablar de violencia y los riesgos que repre­senta hacer negocios en México. Es un diplomático de carrera.

Se menciona en las páginas de los diarios que se fue de México luego de que los cables de Wiki­Leaks revelaron varias críticas del diplomático al gobierno de Felipe Calderón, principalmente en asun­tos de seguridad y narcotráfico. De eso no quiere hablar por el momen­to. Pero insistimos.

 

¿Por qué dejar la diplomacia?

Llegan cambios en la vida y ciertos retos profesionales. Para mí ha sido un placer estar en la universidad, con la vitalidad que uno encuentra ahí, y al mismo tiempo poder hacer proyectos con compañías en el sec­tor privado, que tengan un impacto concreto y positivo. He agradecido las oportunidades que he tenido para tener una carrera diplomática, y el día de hoy es un placer y tam­bién un tipo de reto nuevo y dinámi­co dentro del mundo energético, que sea al mismo tiempo académico.

 

Completa sorpresa

Carlos Pascual considera que la reforma energética ha sido una gran sorpresa para él, para los expertos del sector y para el gobierno estadou­nidense.

“Ha sido una sorpresa para el mercado internacional que tanto se pudo hacer en tan poco tiempo y todavía viene un proceso que va a ser complicado para convertir los cam­bios que se han hecho en la ley, en la Constitución y en los reglamentos, a un sistema de inversión que pueda cristalizar el desarrollo de recursos que le hacen falta a México para aumentar su producción y traer las inversiones y los ingresos que se necesitan para el Estado”, señala.

Esta transformación histórica, anticipa el académico, se reflejará en los próximos años en la creación de miles de empleos, en mayor bienestar para la población, en más recursos para el Estado y en mayor crecimiento económico para el país.

Sin embargo, reitera que las condiciones económicas globales podrían complicar la apertura del sector energético mexicano, pues la debilidad de la economía mundial y la caída del precio del petróleo en los últimos meses perfilan como grandes desafíos para la industria petrolera internacional y nacional.

Este efecto se está sufriendo en todas las empresas energéticas, así como los bancos y entidades finan­cieras que inyectan dinero en los proyectos de producción de petró­leo. De acuerdo con el experto, están evaluando los niveles de inversión que amerita el sector y las iniciativas que serán más competitivas.

 

Transparencia

Además, existe otro reto importante en México y es institucional, pues la transformación del sector energético necesita grandes cambios que impli­can varias instituciones para determi­nar las reglas y los controles que deberán de someterse las empresas que participarán en la industria.

“México está haciendo algo que es enorme. En un periodo de cinco a seis meses van a empezar lici­taciones por 169 campos en cinco fases diferentes de aguas someras y de campos maduros; de petróleo pesado, de no convencional y de aguas profundas”, indica Pascual.

Durante el proceso de licitación, detalla, se van a precalificar a los inversionistas y sus propuestas, se negociarán lo contratos, pero se tendrán que hacer con un alto grado de transparencia para tener la confianza del mercado.

Para ello, se pondrá una atención particular en el sistema político, pues varias dependencias, es decir, las Secretarías de Energía y de Hacien­da, así como la Comisión Nacional de Hidrocarburos, tendrán cada una un papel específico en el proceso de licitación que iniciará en enero.

Y el tema de la corrupción y de la transparencia es lo que preocupa a las empresas, pues Pascual re­cuerda que el pasado 17 de noviem­bre se realizó una conferencia en la Universidad de Columbia, en la que participaron representantes de la Comisión Nacional de Hidrocarbu­ros y de las Secretarías de Energía y de Hacienda, y este asunto fue uno de los que más énfasis se hizo.

A pesar de estos problemas, Pascual asegura que México se verá beneficiado por la reforma energética.

“En cuanto a petróleo, el bene­ficio dependerá de la capacidad de explotación para mantener los recursos que beneficien al país y el presupuesto. El precio del petróleo es bajo actualmente y se mantendrá así por un tiempo, sin embargo, no siempre seguirá así. Es un mercado cíclico y tenemos que esperar que ese mercado traiga beneficios para los mexicanos”, expresa.

Por otro lado, la transformación del sector energético mexicano puede crear, según Pascual, una oportunidad importante para Norteamérica de desarrollar una plataforma conjunta de seguridad energética entre México, Estados Unidos y Canadá.

El desarrollo de una fuerza ener­gética norteamericana permitiría apoyar el ritmo de crecimiento de los países asiáticos, ya que al tener diferentes opciones para obtener los recursos suficientes no dependerán solamente de Rusia o Medio Oriente, lo que generará mayor certidumbre económica y reduciría las tensiones políticas en toda esa región.

 

Ya que no está en la diplomacia, ¿cómo  está viendo lo que ha hecho o ha  dejado de hacer México en cuanto a  materia de seguridad, pues usted  impulsó, por ejemplo, la iniciativa  Mérida, como ve el trabajo realizado?

La seguridad es un asunto en el que no estoy trabajando el día de hoy y prefiero no comentar al respecto.

 

En general, ¿cómo estás viendo los  cambios que hay en México en materia  del sector energético?

Ambiciosos, concretos, reflejan mucha visión, se han hecho muy rápido, han sido una sorpresa para el mercado internacional (…) Lo que hemos visto es buena señal del compromiso y la capacidad de llevarlo a cabo, y en ese sentido hay una visión muy positiva del lado del mundo energético, no sólo en Esta­dos Unidos, sino en muchos países, pero todavía no se ha terminado el proceso y hay mucho que hacer.

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