Por Edgar Fonseca, corresponsal Costa Rica

San José.– “Lo estoy viendo bastante difícil, la verdad”. Simple y directa, Christiana Figueres Olsen, quien depuso el lunes 12 de setiembre su aspiración a la Secretaría General de la ONU admitía desde semanas atrás la empinada campaña en la que competía junto a otros 10 candidatos para relevar a Ban Ki-moon.

Su candidatura, reconoció, empezó muy tarde. Fue propuesta 14 días antes de la primera votación en el Consejo de Seguridad, cuando otros candidatos llevaban uno o dos años de campaña.

“Es muy nueva, pero esa decisión la tomamos en conjunto el gobierno de Costa Rica y yo, que no la íbamos a lanzar sino hasta después de que hubiera terminado mi responsabilidad en la Convención de Cambio Climático”, confesó en una distendida conversación, vía Skype, desde Bonn, donde reside.

Con una vasta carrera pública y diplomática de 34 años,  fue postulada, el 7 de julio,  por el Gobierno de Costa Rica a la Secretaría General de la ONU.

Junto a la canciller argentina Susana Malcorra, ex jefe de gabinete de Ki-moon, Figueres Olsen, nacida en San José un 7 de agosto de 1956, era una de las dos latinoamericanas aspirantes.

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Esta hija del tres veces ex presidente de Costa Rica, José Figueres Ferrer, una optimista  “empedernida”, dio, finalmente, un paso al costado al consolidarse como favorita, en votaciones secretas del Consejo de Seguridad, la aspiración del diplomático portugués Antonio Guterres, ex Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

Tras haber liderado en París 2015 un histórico acuerdo de 195 naciones sobre el cambio climático, Figueres Olsen enarboló su frustrada pretensión al máximo puesto diplomático de la ONU como reflejo de “un arco” característico de la identidad costarricense de sostenibilidad, seguridad y paz.

“Costa Rica es uno de los países más emblemáticos en esos tres temas”, por su inversión en ese modelo de desarrollo. “A nivel global ese movimiento hacia la sostenibilidad, que trae más seguridad a nivel global y a nivel nacional, y que nutra y fertilice el terreno para la paz entre los países, ese nexo de esos tres temas es lo que está en el puro centro de esta candidatura. El país es un buen ejemplo de eso”, dijo.

Figueres Olsen, quien tiene en sus padres como modelos de vida por su preocupación por los más vulnerables, no vio su campaña como “una batalla”, cuando se le planteó en tal término.

La describió, más bien, como “una contribución”, desde una nación como Costa Rica, a la cooperación global a partir del acuerdo de París.

¿Cómo hacemos para traer un contexto más constructivo, más positivo a todos estos retos que está enfrentando el mundo y, por supuesto, Naciones Unidas?, se preguntaba.

La cumbre de París, a su juicio, fue una gran oportunidad de llevar a los países de un enfrentamiento desde hacía seis años a un acuerdo que se caracterizó por colaboración, solidaridad y cooperación. “¿Hay oportunidad de  hacer eso en otros temas?, se preguntaba y se respondía: “Tenemos temas muy urgentes, la paz, la seguridad, el crecimiento del terrorismo, por supuesto que la degradación ambiental, los atropellos los derechos humanos. Tenemos una gama de retos  que traspasan los límites geográficos de cada país. Son retos a nivel global”, puntualizó.

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¡Refreshment a la ONU!

Figueres Olsen cree prioritario poner orden en el manejo administrativo de la institución global. Cree también en un uso más estricto y disciplinado de sus recursos financieros y humanos. Hay áreas con duplicidad innecesaria donde se pueden lograr sinergias, piensa.

Desde su visión política, la ONU no debe ser un campo de batalla ni de competencia entre las naciones sino, conforme a su espíritu fundacional,  de impulso el trabajo conjunto y a la colaboración dada las repercusiones globales de los desafíos.

“Es la única institución que tiene membresía universal y en un Siglo XXI, donde la gran mayoría de temas ya están teniendo consecuencias globales, es precisamente las Naciones Unidas la que tiene que hacer frente a eso. Si no existiera una organización como Naciones Unidas, la tendríamos que inventar. Dichosamente está ahí, pero sí definitivamente necesita un refrescamiento”.

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El 14 de julio al defender su candidatura en la Asamblea General de la ONU, Figueres Olsen sentenció que un Secretario General debe ser independiente, imparcial, pero no ser indiferente.

“La única autoridad que tiene una Secretaria General, es su imparcialidad, porque no impone su criterio, no toma decisiones por los países, sino que la autoridad que tiene la Secretaria General, y lo mismo me tocó al frente de Cambio Climático es, precisamente, su imparcialidad”, dijo.

Pero no debe ser indiferente a los resultados. “Porque lo que nos tiene que guiar, por supuesto, es el constante mejoramiento de la humanidad.

Asegurarnos que no estemos dejando atrás a los más vulnerables, a los que han sufrido más, a los que tienen menos oportunidades. No ser indiferente al dolor de los que más están sufriendo es igualmente importante a la imparcialidad”, sentenció semanas antes de deponer su candidatura, consciente de lo empinado de la campaña.

 

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