Durante una buena parte del año no han dejado de manifestarse voces en contra del retraso del Servicio de Administración Tributaria (SAT) en la devolución del IVA y del ISR a miles de contribuyentes que acreditan saldos a favor. ¿Por qué lo hace?

 

México vive momentos de grandes e históricos cambios que, sin duda, son una oportunidad como pocas para poder catapultar el crecimiento económico del país. No obstante, las oportunidades son puntos de inflexión que implican también un riesgo: si no se aprovecha su potencial para bien, entonces el simple hecho de no avanzar ya es en sí un retroceso. Por eso, hoy que las reformas se han puesto en marcha, el gobierno federal debe tener mucho cuidado para que la suma de buenas decisiones nos lleve a buen puerto, no al revés.

Así las cosas, durante una buena parte del año no han dejado de manifestarse voces en contra del retraso del Servicio de Administración Tributaria (SAT) en la devolución tanto del Impuesto al Valor Agregado (IVA) como del Impuesto Sobre la Renta (ISR), a miles de contribuyentes que acreditan saldos a favor. Esto, a pesar de las campañas en las que la dependencia ha presumido celeridad en el trámite y el aumento en los montos devueltos.

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Fuentes de este periodista en diversas empresas –algunas de las más importantes del país, así como de prestigiados despachos de contabilidad e incluso personas físicas– han revelado una constante: el fisco se sigue resistiendo a devolver los saldos a favor lo más que puede y siempre que encuentra alguna excusa para hacerlo. De manera que la autoridad fiscal está aplicando la misma política a grandes, medianos y pequeños. Existe también un común denominador en todos ellos: tienen temor de alzar la voz en público ante las posibles represalias que podrían darse por parte de Hacienda.

Pese a eso, sí nos han informado que funcionarios del SAT les están argumentando una supuesta “caída en la recaudación” como pretexto para iniciar auditorías y compulsas a diversas empresas, y claro, para no pagar lo que es su obligación de acuerdo a la ley. Una manera burocrática de ganar tiempo. Sin embargo, según el mismo SAT en su Informe Tributario y de Gestión con resultados al segundo trimestre de 2014, los ingresos tributarios tuvieron un aumento real anual de 7.4%, y de 12.6%, una vez que se ajusta por el efecto del programa “Ponte al Corriente”.

En este sentido, los ingresos del ISR, entre enero y junio de 2014, tuvieron un crecimiento de 7.6% real respecto a lo recaudado en el mismo periodo del año pasado; los del IVA, uno todavía mayor, de 19.2%. La explicación de la “caída” en lo recaudado queda exhibida como una mentira. Algo no cuadra.

No es por ser malpensado pero, ¿será que pretenden maquillar los datos del IVA y por eso los retrasos?

Como sea, ese incremento recaudatorio ocurrió en un marco en el que el padrón de contribuyentes subió 10.8%, lo que significa que hay cada vez más causantes y, por tanto, también más víctimas potenciales de la ineptitud del SAT.

Y es que, para decirlo claro: si a pesar de las nuevas tecnologías, la dependencia a cargo de Aristóteles Núñez no es capaz de reconocer con prontitud cuáles operaciones son legales, derivadas de transacciones reales y separarlas de las que no, entonces estamos ante una seria vulnerabilidad del sistema recaudatorio mexicano. No está siendo capaz siquiera de saber si el IVA fue pagado por el contribuyente que tiene la obligación de enterarlo. Eso sólo puede ser provocado por el mal diseño propio del sistema o por incompetencia de los funcionarios responsables.

Cualquiera que sea el caso, es grave porque a pesar del incremento en los ingresos fiscales, por un lado, pueden estarse presentando fugas multimillonarias que dañan la Hacienda pública, y por el otro, se está obligando a llenar ese hueco a contribuyentes cumplidos. Pagan así justos por pecadores. Es el caso de una cadena nacional de mueblerías –a la que se le deben cientos de millones de pesos de IVA a favor–, y de una de las mineras más importantes –a la que se le adeudan, asimismo, varios miles de millones de pesos más–­, por citar dos ejemplos de los que tenemos conocimiento.

El SAT quiere que las empresas presionen a sus proveedores y, además, que demuestren que aquellos pagaron el impuesto que se reclama. En otras palabras, se les está poniendo de modo arbitrario en un papel de “auditoras” que no les corresponde. Castigar de este modo a los creadores de riqueza, empleo y crecimiento económico es una pésima señal para los inversores y empresarios en un momento en que ansiamos que traigan sus capitales en México.

Si alguien quebranta la ley, Hacienda debe perseguirlo con base en sus atribuciones. Pero si en cambio, quien paga los platos rotos no es el defraudador sino quien ni la debe ni la teme, entonces la ineficiencia del SAT nos está saliendo más que cara. Seguiremos indagando al respecto.

La autoridad debe devolver los saldos a favor puntualmente a los contribuyentes. Privar así a las empresas del capital que les corresponde y necesitan debería ser razón suficiente para que “rodaran” las cabezas de funcionarios que no pueden con el paquete. Ojalá así lo entienda el secretario Luis Videgaray. En todo lo que afecta la imagen de México ante inversores nacionales y extranjeros y, por tanto, al crecimiento económico, no hay tiempo que perder.

 

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