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Por Lucía Pérez Moreno

Si no puedes con tu enemigo… deja de verlo como tal. Así podría resumirse el paso que dio Grupo Santillana, la editorial española filial del holding Prisa, cuando decidió unirse a un nuevo y poderoso adversario, relacionado con la tecnología digital. “Nuestros ingresos comenzaron a caer y nos vimos obligados a cambiar de rumbo”, dice José Carlos Dosal, director de UNOi, la plataforma educativa más innovadora de la editorial líder en producción de libros de texto en América Latina.

En 2010, Santillana adquirió esta plataforma, que ya tenía afiliadas a cerca de 230 escuelas privadas de educación básica, y se propuso renovarla por completo. Contrató a un grupo de expertos de América Latina y diseñó un modelo educativo basado en las mejores prácticas pedagógicas del orbe, en los últimos descubrimientos de las neurociencias y, por supuesto, en el uso intensivo de la tecnología digital.

De este proyecto nace UNOi, que se autodefine como un modelo “disruptivo”, porque pretende cambiar por completo la dinámica en el salón de clases para que sea el propio alumno, y no el maestro, el protagonista de su aprendizaje. “En la escuela tradicional, al maestro se le paga por hablar, mientras que, en estos nuevos modelos, se le paga por callar”, dice Luis Felipe Becker, responsable de la expansión de Potencia Educativa, otro modelo de innovación en este campo, que se aplica en México.

Santillana ya tenía experiencia en modelos educativos: conquistó parte de la oferta educativa privada de Brasil con un modelo llamado Ensino (significa “enseño”, en portugués), que incluía la venta de libros, que acompañaba de videocassettes, y luego se convirtieron en portales con contenidos y acceso exclusivos, a cambio de una cuota anual con cargo directo a los alumnos.

Estos productos siguen teniendo una gran demanda en la región, pues la educación no ha evolucionado acorde con las necesidades del mundo actual, señala Rodrigo Cossío, gerente de Comunicación y Mercadotecnia de UNOi. “Sigue habiendo un gran divorcio entre la tecnología y la educación”, agrega.

Para llenar ese hueco, Santillana diseñó, primero, Compartir, que ofrece capacitación e innovación tecnológica en casi toda la región. Con UNOi su plan es ir más lejos: deconstruir el salón de clases tradicional, donde desaparecen las asignaturas y los chicos se desplazan libremente por el aula.

Ernesto Núñez (director de Contenido), José Carlos Dosal (director general) y Rodrigo Cossío (gerente de Comunicación y Mercadotecnia). Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

Santillana tenía argumentos, pues, como impresor de los resultados de PISA en español (el programa de evaluación internacional de estudiantes, por sus siglas en inglés), veía que la educación de la región no avanzaba. “Lo que más nos llamó la atención fue que casi nada de lo que los niños estudian hoy les va a servir en un futuro”, destaca Cossío.

Mientras, en la tabla de PISA, los estudiantes de Finlandia, Singapur, Estonia y Corea del Sur iban para arriba, los de México, Brasil, Argentina y de casi toda la región, caían y caían.

También detectaron que los países exitosos tenían modelos educativos dinámicos, que fomentan el design thinking y la transversalidad. “Estudiamos muchos casos, pero nos centramos en el finlandés, porque es el primero que se encarga de derribar las barreras entre asignaturas”, dice Cossío. En este esquema, los alumnos dejan de pensar en español, inglés o ciencia y tratan de conectar temas específicos con todas las asignaturas.

En cinco años, las escuelas en México, Colombia y Brasil que se afiliaron a la plataforma pasaron de 230 a poco más 1,080. También ayudó a Santillana sus relaciones con las escuelas, a las que antes vendía libros de texto, un negocio que, por cierto, lentamente deja atrás.

El Design Thinking

UNOi no es el primer modelo en México que rompe el encajonamiento de las asignaturas. El precursor se llama AMCO (Advanced Method CO), fundado en Tijuana en 1986, por Ángel Martorell, el director de una escuela privada que buscaba métodos para mejorar la enseñanza del inglés. Así, llegó a un modelo integral que comenzó a vender en México y luego en toda AL.

AMCO suma hoy unos 800 planteles en el país, con más de 175,000 alumnos inscritos y centros escolares adscritos a su plataforma en otros 13 países de habla hispana (incluida España). Su éxito inspiró a otros a invertir en estas propuestas pedagógicas que, por ahora, van dirigidas a la educación básica, dejando fuera al bachillerato.

Han seguido sus pasos Knotion, de la familia Ramírez, dueña de Cinépolis, y ASC, que opera en el sureste de México, así como Savia, un grupo educativo español con escuelas en toda AL.

Hay también algunas startups, como Potencia Educativa, de editorial Edilar, que, en 2018, facturó unos 1,500 millones de pesos (mdp). Hay cerca de 10 modelos integrales de intervención educativa, aunque no todos tienen alcance nacional, dice Becker, de Potencia Educativa.

Por ahora, el mercado potencial para estas empresas son las 30,000 escuelas privadas de México, con unos 2.7 millones de alumnos; de ellos, 16% (cerca de 430,000) ya están inscritos en una de estas plataformas, según UNO1.

El negocio alrededor del libro

Las plataformas, sin excepción, contratan filósofos, científicos y, desde luego, pedagogos, especialidad que se revalúa gracias al auge de estos modelos.

Su propuesta es dejar atrás la escuela tradicional, en la que aún se enseña a través de la memorización, sin atención en el desarrollo de habilidades y de la inteligencia emocional. “Los niños que hoy van a la escuela son nativos digitales y traen un chip más avanzado que el del maestro”, dice Ángel Díaz Barriga, investigador emérito del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, de la UNAM.

Los alumnos no necesitan que el maestro les enseñe, sino que los dirija, añade Díaz. Pone el ejemplo de una clase de Ciencias: En el esquema tradicional, el maestro enseña a los alumnos las fórmulas de las leyes de gravedad; en el nuevo, los manda al patio con su celular para que graben la caída de una canica e investiguen las fórmulas que definen la velocidad de movimiento. “Habría muchos más físicos en México con una enseñanza activa”, señala el investigador.

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Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

Los más aplicados

  • AMCO. El precursor de estos modelos. Es un negocio familiar que nace a finales de la década de 1980 como método de enseñanza de inglés y convertido, con el tiempo, en una plataforma innovadora que utiliza la tecnología para detonar las habilidades del alumno.
  • Compartir. Pertenece a Grupo Santillana y ya va por 900,000 alumnos en 16 países de AL, lo que la convierte en la plataforma más importante. A diferencia de otras, Compartir es una propuesta modular que le permite a cada escuela decidir hasta dónde quiere introducir los ambientes digitales.
  • UNOi. Pertenece también a Grupo Santillana y opera independientemente de Compartir; tiene su propia producción de libros y otros entregables. Cuenta con más de 430,000 alumnos en México, Brasil y Colombia.
  • Knotioon. Una recién llegada al mercado de la innovación educativa. Nace en 2016, en Morelia, y entre sus accionistas está la familia Ramírez, dueña de Cinépolis. Afirma que tiene unos 100,000 alumnos inscritos y planes de extenderse a Centroamérica, Chile y Ecuador.
  • ASC. Fundada en Cancún, Quintana Roo, ha ido ganando presencia en el sureste del país. Al igual que los otros modelos, incorpora prácticas pedagógicas de países líderes, como Finlandia y Singapur, y utiliza herramientas de las neurociencias para estimular el aprendizaje.
  • Savia. Es parte de un grupo educativo de España que llega a AL con una plataforma que busca enseñarle a los niños a pensar. Opera en España, Argentina y México. Al igual que UNOi y Comparte, desarrolla su propia producción editorial.
  • Potencia Educativa. Pequeña startup propiedad de editorial Edilar, que propone llevar tecnología y desarrollo profesional a las escuelas y opera de forma regional en el centro de México.

 

Un negocio muy rentable

El cambio de paradigma hace que el maestro se convierta en guía, y el alumno, en el arquitecto de su educación. Es lo que plataformas como UNOi aprovechan.

Las escuelas, públicas o privadas, no podrían hacer la migración sin asesoría, y es aquí donde está el gran negocio, pues quienes pagan no son los planteles, sino los padres de familia, ansiosos de que sus hijos estén mejor preparados para los tiempos actuales. A cambio de una anualidad, los estudiantes reciben libros, claves de acceso a portales educativos y materiales didácticos, en tanto que sus maestros obtienen capacitación en línea y presencial.

El rol del maestro cambia significativamente, por lo que es clave tener guías con habilidades pedagógicas, pero también tecnológicas. “Nuestra producción editorial incluye impresos y digitales que vendemos directamente a los padres de familia”, dice Cossío.

De acuerdo con Dosal, UNOi ya es el negocio más rentable de Santillana México: le aporta 28% de sus ingresos y 41% de las ganancias antes de intereses (Ebitda). El año pasado, UNOi facturó casi 535 mdp y, este año, busca sumar otros 40 millones. “Nuestra meta es crecer a una tasa de 20% anual”, dice Dosal.

Otro valor de estas plataformas son las alianzas que hacen en el camino con todo tipo de empresas, incluyendo algunas de tecnología, pues, además de vender sus contenidos y entregables, son también intermediarias de gigantes como Dell, Apple y Microsoft, e incluso Google.

Por ahora, estos sistemas no tienen supervisión de la autoridad educativa, lo que les da cierto margen para elegir sus contenidos. Pero suelen seguir los programas oficiales, bajo un concepto que llaman “glocalización”, es decir, educación global con contenido local. UNOi, por ejemplo, proporciona a los maestros un planeador digital con referencias en los libros de texto de la SEP.

Los modelos de evolución educativa no tratan de cambiar los planes curriculares, sino de movilizar el conocimiento de forma diferente, señala Cimenna Chao Rebolledo, coordinadora del doctorado en Educación, de la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. “Buscan trascender los planes de estudio”, agrega.

UNOi pretende cambiar por completo la dinámica en el salón de clases para que sea el alumno, y no el maestro, el protagonista de su aprendizaje. Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

Negocio con riesgos

Su éxito también se basa en su capacidad para renovar sus herramientas tecnológicas. Si bien la tecnología está llamada a transformar la educación, pasarán muchos años de experimentación, afirma Barriga, de la UNAM. “Hoy, la tecnología es todavía muy inestable y disruptiva”, dice.

Esto obligó a UNOi a hacer un alto en el camino hace dos años, al darse cuenta de que estaba desactualizada. Cambió sus programas para incorporar un nuevo lenguaje llamado Do (hacer, en inglés) y conectar el conocimiento con temas integradores, pero eso tuvo un costo. “Hemos perdido escuelas, pero también hemos ganado”, dice, y reconoce que, debido a los “atorones” de la curva de aprendizaje, no han podido llegar en México a los 1,000 planteles. “Si todo fuera fácil, hoy tendríamos el doble de escuelas”, afirma.

La empresa ha invertido una cifra superior a los 200 mdp en actualizar su tecnología y contenidos, y una parte ha sido gracias a préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que reconoce el valor de estos nuevos modelos.

Está lejos el momento en que estos modelos lleguen a la escuela pública e, incluso, a todas las privadas. Las escuelas de élite diseñan sus propios modelos de innovación, dice Becker, de Potencia Educativa, y las del extremo más abajo difícilmente pueden hacer que sus alumnos realicen un pago extra por estos servicios.

UNOi estima que el mercado potencial se limita a 40% de las escuelas privadas en México, unos 9,000 planteles; hasta hoy, ya hay poco más de 1,400.

Fundación Azteca, ¿el puente a la escuela pública?

En tanto, UNOi tiene el mérito de ser la primera en cruzar el umbral de la escuela pública, que educa en México a más de 22 millones de alumnos. Varias lo han intentado antes, vía licitaciones públicas de tecnología, pero sólo UNOi lo ha logrado, gracias a sus buenas relaciones con Fundación Azteca, cuyo director es el hoy secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán.

Este funcionario, durante su paso por la fundación, contrató a UNOi para adaptar todas las aulas de su sistema educativo. Aunque se desconoce si está en sus planes llevar estas innovaciones al aula pública, sus primeras declaraciones a los medios dan a entender que dejará ese tema para los próximos años.

Vender plataformas privadas al sistema de educación pública es controversial en un país donde aún hay escuelas sin servicios (como agua, drenaje y conectividad) para adaptarse a los nuevos métodos. “[Pero] podríamos empezar por las que tienen infraestructura”, señala Díaz.

México lleva tres sexenios tratando de llevar tecnologías digitales al aula, con un impacto muy limitado. Primero fue Enciclomedia, que se lanzó en 2004, en el gobierno de Vicente Fox, a fin de equipar a los alumnos de primaria con una computadora integrada a una enciclopedia, con un presupuesto gigantesco, pero que terminó en el olvido y señalado por irregularidades, por la Auditoría Superior de la Federación.

Siguió Habilidades Digitales para Todos, lanzado en 2010, que proponía utilizar las computadoras de Enciclomedia y construir aulas telemáticas conectadas a redes de educación de vanguardia. Tampoco dio resultados, en parte, porque las computadoras de Enciclomedia estaban obsoletas. El último programa, MiComuMX, iniciado en 2012, terminó entregando tabletas digitales a planteles que no tenían internet. Al día de hoy, no hay una evaluación puntual del impacto de estos programas que, de acuerdo con Díaz, fueron exterminados por la corrupción.

El enemigo a vencer

Hace unos años, UNOi detectó que las tendencias a futuro son la Inteligencia Artificial, la robótica y la bioingeniería. “Los niños de hoy van a vivir en un mundo de altos niveles de cambio e incertidumbre”, dice Cossío, al recalcar que la escuela tradicional no está preparada para formar a los ciudadanos del siglo XXI. “Hay un divorcio creciente entre la tecnología y la educación”, agrega.

Las pruebas de PISA muestran que, en América Latina, los estudiantes de educación básica no saben relacionar conceptos científicos multidisciplinarios, ni hacer predicciones, o valorar diseños alternativos de experimentación o hacer simulaciones. Son el tipo de habilidades que ya están desarrollando los modelos de UNOi, AMCO, Knotion, etcétera.

La educación migra de la convergencia (en la que el maestro reparte conocimiento) a la divergencia (donde se convierte en un guía que construye ambientes para que los alumnos aprendan por sí mismos), dice Díaz, quien pone este cambio en otra dimensión: “Es el más importante desde la invención de la imprenta”.

Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

La escuela UNOi

Los padres que mandan a sus hijos a la escuela Robert Schuman, al sur de la Ciudad de México, pagan un extra, que va de 4,000 pesos en preescolar, a 5,500 pesos en secundaria, para que sus hijos reciban una educación basada en el design thinking y la transversalidad.

Todos los alumnos usan tabletas digitales para aprender a codificar, entre otras habilidades. Utilizan también los videojuegos, no para jugar, sino para aprender matemáticas “Es mejor no pelear con la tecnología, porque prohibirla sale peor”, dice Claudia Rojo, la directora del plantel.

Si bien las aulas aún conservan el pizarrón, están dotadas de videoproyectores que el maestro maneja desde su tableta.

Los profesores no sólo deben tener habilidades pedagógicas, sino también tecnológicas. “Ésta es la parte más difícil para nosotros, pues no hay muchos maestros que cubran el perfil, por lo que hay que capacitarlos”, dice Rojo.

La Robert Schuman no habría podido dar el salto tecnológico por sí misma, porque tan sólo para adaptar los salones de clases y capacitar a los maestros, habría invertido una buena cantidad de dinero.

Es así como se ha unido a una gran red de escuelas UNOi, que se reúnen cada año para compartir experiencias de aprendizaje. “Le aportamos un músculo importante para hacer el cambio”, dice Rodrigo Cossío, director de Marketing de UNOi.

 

 

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