En términos de desempeño y emprendimiento, el quarterback de los Carolina Panthers y sus resultados en el Super Bowl 50 nos deja enseñanzas que nunca hay que olvidar.

 

Todo contribuyó, no tengo duda. Los encabezados de los periódicos, las opiniones de los expertos, los hechos, las estadísticas, en fin, todo estaba a su favor, tanto así que el pulso que marcaban las casas de apuestas en Las Vegas revelaban un margen a su favor que fluctuó entre los 3.5 y 4.5 puntos. Para aumentar el volumen, la gran actuación de Cam Newton y los Carolina Panthers en la final de la Conferencia Nacional se decidió con un abrumador triunfo sobre Arizona Cardinals por 49-15, lo que colaboró a que el fiel del favoritismo se balanceara al lado del chico estrella, que sólo había perdido un partido en la temporada regular. ¿Qué pasó?

Además, el rival no las traía todas consigo. El choque de Peyton Manning contra Cam Newton supuso algunos contrapuntos: experiencia contra juventud, el eterno número 18 de los Denver Broncos a sus 39 años no percibía un sueldo muy diferente que el del quarterback de Carolina, una joven estrella que ha logrado brillar en muy poco tiempo; Manning se maneja con cautela y Newton con desplantes que lo hacen lucir como una figura que lo mismo lanza pases, que corre y tiene resultados astronómicos, o así lo calificaron quienes conocen del tema. No se trató únicamente de pareceres, también hubo cifras duras que acompañaron semejantes opiniones. Los números daban cuenta de una estrella en pleno uso de sus facultades, y otra que parecía vivir el ocaso de su carrera. Entonces, lo evidente era pensar que Newton le daría una paliza a Manning, pero no fue así. ¿Por?

A nivel deportivo hay un sinfín de puntos de vista; sin embargo, en términos de desempeño y emprendimiento, el caso Cam Newton y los resultados obtenidos en el Super Bowl 50 nos pueden dejar algunas enseñanzas, pues…

  • No son pocos los casos en que un estudiante maravilla, que ha obtenidos calificaciones espectaculares, tiene un desempeño laboral mediocre.
  • Tampoco es raro que un proyecto que ha sido calculado con cuidado y planeado con esmero alcanza resultados baladís.
  • Es frecuente enterarnos de planes que tienen grandes posibilidades de éxito porque el timonel del barco ha logrado maravillas en el pasado, pero al momento de la verdad es aniquilado en forma abrupta.

Hay una razón significativa que puede explicar estos resultados: el exceso de confianza.

En el momento de arrancar un proyecto, la confianza es esa característica que da valor para tomar un riesgo. Se puede definir como la esperanza firme que se tiene en las habilidades propias, o la seguridad que tiene en sí mismo, pero en muchos casos se desarrolla un sentido exagerado de las propias capacidades, una ilusión en la que se posee control sobre eventos incontrolables y la sensación de ser invulnerables al riesgo. Esta situación puede influir de manera dramática en las decisiones, generando errores. Una persona que tiene confianza en sí misma sabe caminar sobre el filo de una navaja. El que se excede, se corta.

Los primeros síntomas del exceso de confianza son arrogancia, falta de prudencia y un privilegio de la improvisación por encima de la estrategia contra improvisación.

Es verdad que hay momentos en los que hay que lanzarse en forma abrupta para aprovechar una ventana de oportunidad que se abre; sin embargo, hacer de eso un sistema de actuación eleva los riesgos en forma innecesaria, ya que se desestiman las alarmas que nos alertan de las posibles dificultades en el camino. También, en esta condición, se subvaloran las capacidades de la competencia, se minimizan las cualidades del rival y se exageran las posibilidades propias.

En general, somos terriblemente malos estimando nuestro valor personal. Lo curioso es cómo el péndulo del exceso de confianza recorre el camino que va de valorarse ridículamente poco hasta lo absurdamente demasiado. En estos tramos, los parámetros se desdibujan y llevan a hacer evaluaciones equivocadas. En vez de valorar algo auténtico, que pueda llamarse de manera fidedigna autoconfianza, simplemente estamos conjurando un embelesamiento.

La vanidad nos crea ese ego que es inestable y etéreo, y, por ende, dolorosamente frágil, defensivo, jactancioso y sensible a los artificios. La sobreconfianza es un concepto engañoso que puede apoyarse en datos comprobables que llevan a tomar decisiones equivocadas. Los números de Newton perdieron brillo ante un Peyton Manning que se vio concentrado, consultando sus estadísticas y sus tablas de jugadas posibles, mientras el quarterback de Carolina hacía berrinches y se tiraba al emparrillado. Era evidente que no entendía lo que estaba sucediendo en el terreno de juego y que no tenía un plan de corrección que lo pudiera llevar al triunfo.

Las enseñanzas del caso Cam Newton nos pueden dar luz de los riesgos innecesarios que se corren por el exceso de confianza:

  1. Se pierden grandes oportunidades.
  2. Se echa a perder trabajo valioso.
  3. Se pierde un ímpetu de transformación y crecimiento.
  4. Se causan situaciones de riesgo innecesario y se compromete el futuro del plan.
  5. Se puede entrar en un círculo vicioso que lleva al bajo desempeño.

Emprendedores, ejecutivos, estrellas deportivas… todos deberíamos recordar la enseñanza de la fábula de Esopo de la Liebre y la Tortuga:

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque todos decían que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida. Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde: la tortuga había ganado la carrera.

La moraleja es que el exceso de confianza puede alejarnos de nuestros objetivos y nublarnos el camino que nos lleva a la meta.

Sin duda, es muy bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Las cualidades nunca estorban. No obstante, hay que estar dispuestos a reconocer que siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

En esa condición, podemos prepararnos cada vez mejor para desafiar los retos y corregir las desviaciones cuando aún son controlables. Para ello hay que ser observador y entender que las cifras pueden ser un reflejo que nos puede encandilar y marear, pergeñando consecuencias desastrosas. La prudencia por encima del exceso de confianza es una fórmula que generalmente trae buenos resultados.

 

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