Por Ivan Pérez

La primera oca­sión que Federi­co Bruno corrió un maratón fue hace algunas semanas en Hamburgo. Sufrió. En las fotos se notan sus labios hinchados, y aunque cubría su mirada con unas gafas oscuras, se veía que fruncía el ceño casi como si quisiera llorar. Llegó a la meta después de 2 horas y 15 minutos. Nada espectacular para la prueba, es el tiempo 344 del año.

Sólo que las manecillas del reloj son relativas, y ese tiempo fue suficiente para que calificara a los Juegos Olímpicos de Río de Janei­ro 2016, su primera experiencia de este tipo. Bruno empezó su carrera en 2009 y hace siete años que la mente de este argentino tiene entre sus objetivos la justa depor­tiva más importante del planeta.

Pero lo que es un sueño para algunos, es una pesadilla para otros. María Peña, quien vive desde 1997 en el barrio de Vila Autódro­mo, asegura que las autoridades le dieron por 99 años el terreno que habita y que por ningún motivo está dispuesta a dejar su hogar.

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Está a un lado del Parque Olím­pico, el sitio donde se construyen las instalaciones deportivas y lujosos departamentos. En julio de 2014, un video casero muestra a María recargada en la pared tomándose el rostro, sangran­do. Los policías le quebraron la nariz después de un conflicto con residentes del lugar. “La felicidad no tiene precio”, afirma. Una frase espectacular para un comercial que retrata la frustración de mirar cómo la construcción que promete impulsar a Brasil como una nación de primer mundo puede terminar con su propia vida.

El corredor de maratón que consigue una marca que lo coloca en Río y la construcción que le qui­ta la posibilidad de un hogar a una mujer de edad son las dos caras del Brasil anfitrión de los mejores atletas del orbe. Son esas estampas lo bueno y lo malo, los ganadores y los perdedores de los Juegos Olím­picos. Una dualidad que se repite cada cuatro años, y esta vez es en Sudamérica. Es la primera ocasión en la historia que esta región del mundo recibe al evento deportivo con mayor impacto en el planeta.

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10,000 historias y más

Llegar a unos Juegos Olímpicos no es cualquier cosa. Al menos tienen que pasar cuatro años de trabajo para conseguirlo. Más de 10,000 historias que contar, el mismo número de deportistas que estarán en la segunda ciudad más grande de Brasil y la 26 del mundo este verano para buscar el triunfo más épico de sus carreras.

¿Qué tienen que decir los juegos de la vida? Todo. Los olímpicos nos obsequia­ron ver al hombre más rápido de todos los tiempos (Usain Bolt), a la perfección en toda la extensión de la palabra (Nadia Comaneci) o el sacrificio más grande que se haya podido observar (Gabriela Ander­sen)… También los JO nos adelantaron lo que viviría Grecia años después, su peor crisis económica por el gasto excesivo para albergar la justa en 2004 o los altos costos por tener la sede (15,000 mdd, Beijing 2008).

Casi todos recuerdan lo que ocurre en los estadios, las arenas, las pistas, la pis­cina, ¿pero cuántas María Peña han existido desde que se hizo la industria de los Juegos Olímpicos? Los perdedores los encabezan los desalojados. Para ellos, el men­saje de esperanza y de progreso por albergarlos no existe.

Según el documento Juegos Olímpicos: vencedores y perdedores, de Matías Wagner y Fernando Mascarenhas, el proceso de Río 2016 dejará a casi 13,000 personas sin hogar por la construcción de las instalaciones (se tienen que ir a la buena… o tal vez a la mala).

Raquel Rolnik, representante de la Organización de las Naciones Unidas en Brasil, señala: “Pin­taban (las autoridades) las casas con un número como lo hacían los fascistas en la Segunda Guerra Mundial (para tomar posesión de ellas y derrumbarlas).” Savio Reader, en Juegos y ciudades, reflexiona: “La retirada de familias es la fase más cruel del urbanis­mo olímpico.”

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En la otra acera están las promesas de vivien­da: la creación de 24,000 nuevos departamentos que ayudarán a mejorar la calidad de vida de las personas de Río de Janeiro, según las autoridades. Además, las perspectivas de ‘casa nueva’ vienen acompañadas con las expectativas de empleo. El informe de la Fundación del Insti­tuto de Administración brasileña detalla que los puestos de trabajo entre 2017 y 2027 llegarán hasta las 131,000 vacantes anuales como consecuencia de los JO.

El puerto de Río, explica el estudio Juegos Olímpicos: vence­dores y perdedores, tendrá mayor actividad económica y su pobla­ción pasará de 20,000 a 100,000 personas… “la vivienda es para clase media-alta”.

En 2009, el año en que ganó la sede de los juegos, la prefectura de Río de Janeiro aprobó una ley que prohíbe a los indigentes que estén en un radio de dos kilómetros de la zona de la villa olímpica, el parque olímpico y las instalaciones del Comité Olímpico Internacional (COI).

“Nosotros apestamos, por eso nos quieren echar de aquí”, dijo Luis Claudio da Silva, habitante de Vila Autódromo, en un reportaje emitido por Hispano Post. En total son 100 familias que luchan por permanecer allí ante la presión de las autoridades por desalojarlos.

Brasil gastó 10,600 mdd para or­ganizar el evento, según el último informe de la Autoridad Pública Olímpica (APO), y datos del gobierno indican que tener la justa le permitirá un impulso de la econo­mía nacional que va de los 11,000 mdd entre 2009 y 2016 y de más de 13,500 mdd entre 2017 y 2027.

Hablamos de que en 18 años los be­neficios ascenderán a 24,500 mdd. Pero esta cifra siempre dependerá del espejo con que se mire. Son proyecciones. El estudio Financing, ethics and the brazilian olympics describe que en promedio los beneficios financieros en esta ‘fiesta deportiva’ no superan los 10,000 mdd y que en muchas ocasiones las perspectivas para el futuro pueden estar “infladas hasta en 90%”.

¿A quién creer? ¿Es bueno o no tener unos JO? ¿Quién gana y quién pierde? El especialista en economía de megaeventos Ben­jamin McGuirk, de Providence College, expone que los “costos finales están supeditados a la efi­ciencia de la preparación y el éxito que tengan los juegos”. Lo cierto, concluye, es que “serán pagados a largo plazo a través de nuevos incremento de los impuestos”.

En una derrota hay una victoria, o viceversa. Después de pagar más de 10,000 mdd por tener los JO, las promesas de ingresos y ganancias “no precisamente van a las arcas públicas; en ocasiones es para los inversores privados. El fondo público es sacrificado por reci­bir los megaeventos”, relata el documento Financing, ethics and the brazilian olympics.

“Río pasó mucho tiempo apare­ciendo en las páginas de los diarios del mundo con noticias de violencia y pobreza.” Así se refirió Lula da Silva después de que regresó de Copenhague con la sede de los JO en el bolsillo. Pero tener la justa le obligó a ofrecer garantías, dinero que proviene de los ciudadanos. El Comité Olímpico Internacional le exige cubrir cualquier necesidad financiera del comité organizador, cubrir cualquier necesidad del COI, tener un fondo para cualquier eventualidad; por ejemplo, el reembolso a terceros en caso de una contingencia como la cancelación parcial o total de los juegos.

El día en que la guardia nacional le partió la nariz a María Peña ni si­quiera lloraba; se limpiaba la sangre y le gritaba con furia a la policía. Dice que está dispuesta a defender su hogar.

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El carril del dinero

El Comité Olímpico Internacional es una empresa que en el proceso de Londres 2012 facturó casi 1,000 mdd. El dinero no viene del país donde se organiza la justa, sino de los socios comerciales que firman contratos de largo plazo y por can­tidades importantes. Ahora tiene a 11 patrocinadores que le permiten subsistir con comodidad (Coca-Cola, Atos, Bridgestone, Dow, Gene­ral Electric, McDonald’s, Omega, Panasonic, P&G, Samsung y Visa). Y para los JO de Brasil se sumaron algunos sponsors oficiales (muchos de ellos locales) como Bradesco, Correios, Embratel, Claro y Nissan.

Los beneficios son para las gran­des multinacionales (las ganado­ras). Por ejemplo, hace cuatro años, para los JO de Londres, P&G realizó una campaña específica que le be­nefició en la imagen, regaló más de 60,000 boletos y de paso obtuvo 20 mdd en ingresos en Reino Unido atribuidos a la justa. Ge­neral Electric aprovechó que es una de las marcas olímpicas más fuertes para acompañar al COI a Beijing y lograr contratos en China valuados en 750 mdd.

Brasil y su imagen es otra de las posibles victorias de Juegos Olímpicos. Sobre China, el estudio Megaeventos deportivos mundiales como herramienta para mejorar la imagen marca-país, de la Universidad de Chile, señala que tras los juegos de Beijing 2008, el país fue capaz “de mos­trarse como una gran economía, capaz de crear un evento magnífico y dejar de lado el criticado com­ponente político”.

Pero “si bien en muchos países que han organizado megaeventos hay un aumento con­siderable del turismo, ocupación hotelera, venta de pasajes, es im­portante que los gobiernos trabajen con ese éxito y no lo dejen, porque se puede ir”.

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Para los miembros del gobierno federal brasileño, la realización de los juegos permitirá un legado de sustentabilidad en seguridad, infraestructura, rehabilitación del puerto, educación y deporte, y para los sponsors, la posibilidad de beneficiarse de la exposición de su marca con los 4,800 millo­nes de televidentes que puede tener el evento, además de aprovechar para hacer negocios y entrar al mercado latinoameri­cano con mayor fuerza.

Los habitantes de Vila Autó­dromo han montado una barri­cada en la entrada de su barrio para vigilar en caso de que se intente hacer un desalojo. Allí, las construcciones son viejas, a medio terminar, con escombros de las viviendas que han sido seducidas por el ‘espíritu olímpico’ y fueron derribadas para construir obras de cara a Río 2016. Ellos no tendrán la capacidad de comprar alguna de las nuevas casas, y por eso defien­den su hogar. En cada victoria hay una derrota.

 

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